¡A mi nadie me manda nada!

Por: Frank Hernandez-Trujillo

                                                                            Director Ejecutivo – Grupo de Apoyo a la Democracia


   

Sin Patria Pero Sin Amo

Corriendo el peligro de ser criticados por algunos, hemos decidido tocar un tema el cual creemos es sumamente importante si es que deseamos mantener una relación transparente entre los hermanos y hermanas que residen en Cuba y nosotros, que desde la diáspora, tratamos de hacer lo mejor posible por ayudarlos a sobrevivir los momentos difíciles que sabemos tienen que sufrir.

Sabemos el impacto que han tenido los cuarenta y tantos años de feudalismo que han tenido que vivir  nuestros hermanos en la isla sobre su personalidad y actitudes para con la vida, al punto que muchos han adquirido una serie de hábitos que pueden ser tremendamente perjudiciales para el desarrollo de sus relaciones con otros.

Como pensamos que los cambios en Cuba no deben de ser solamente políticos, y que deben abarcar aquellos aspectos sociales y humanos que pueden servir para mejorarnos tanto como individuos que como pueblo y nación, aceptamos el reto y reiteramos que, a pesar de abrirnos a las críticas de los muchos mal intencionados que andan por ahí, vamos a señalar las cosas y llamarlas como son, con la esperanza de que estas pueden ser resueltas sin que hagan mas daño del que ya puedan haber causado.

Estamos hablando específicamente en este caso en la tristeza que nos causa cuando oímos a algunos de nuestros hermanos hablar por las emisoras locales desde Cuba, y proclamar a los cuatro vientos la ya repetida frase de “A mi nadie me manda nada”, cuando sabemos, y tenemos pruebas, de que a veces nosotros en el GAD u otros hermanos del exilio les han enviado ayuda y esta ayuda ha sido entregada a esas mismas personas que después lo niegan.

Las razones pueden ser variadas y quisiéramos enumerarlas, y quizás ustedes que leen esto puedan sumarles algunas más, pero a saber, estas parecen ser las más  comunes:

  1. La persona quiere protegerse aduciendo el no recibir ayuda para que no le apliquen la Ley 88, lo cual es totalmente comprensible de nuestra parte, a no ser que estas mismas personas después aparezcan dándole crédito a algunos por los envíos que han realizado otros.
  2. Pensar que, al negar el recibo de la ayuda, otros les van a enviar más.

Comprendemos que la necesidad es muy mala consejera, pero le pedimos a nuestros compatriotas que caen en ese error el considerar los siguientes factores antes de lanzar al aire la tristemente celebre frase ya mencionada:

  1. El negar el recibo de ayuda le ofrece municiones a nuestros adversarios, tanto de aquí como de allá, para que levanten sus voces clamando por la suspensión de toda ayuda en base a que esta no llega de todas maneras y de alguna forma es desviada por las organizaciones a cargo de esta labor.
  2. Pone en descrédito la imagen de los que reciben la ayuda y que sin embargo lo niegan, ya que puede interpretarse demasiado fácilmente como una falta de ética o de honestidad por parte de esas personas.

Consideramos que la solución es bien fácil. Para aquellos que quieren protegerse de ser posiblemente enjuiciados por violar las leyes draconianas que existen en Cuba, con cesar de hablar por radio seria suficiente, y de hacerlo, el expresar claramente que no quieren discutir ese punto por temor a la represión existente. Por otro lado, a los que piensan que mintiendo van a sacar algún provecho de la situación, quizás sea así por un corto tiempo, pero las organizaciones que trabajamos de forma metódica y profesional brindando el merecido  apoyo a nuestros hermanos, ciertamente vamos a eliminar de nuestras listas a los que podemos considerar como faltos de honestidad, tanto por el negar recibir la ayuda, como por utilizarla de forma incorrecta. Por suerte, son muchos más los hermanos y hermanas sacrificados y honestos, que son en verdad los merecedores de nuestro apoyo y sacrificio.

Lo hemos dicho en repetidas ocasiones: no esperamos agradecimiento ni tratamos de manipular a nuestros hermanos en base a lo poco o lo mucho que les enviamos, pero tampoco podemos aceptar que unos cuantos equivocados   traigan el descrédito para la causa por la que han muerto, cumplen y han cumplido condenas miles de nuestros compatriotas.

La nueva república debe de estar basada en el principio de la honestidad, de la que desdichadamente han carecido la gran mayoría, si no todos, los gobernantes cubanos, sin exceptuar desde luego a los presentes, que bajo el disfraz del socialismo, han sido más corruptos que todos los demás puestos juntos.

Miami, Florida. Diciembre 2003.