Sabemos el impacto que han tenido
los cuarenta y tantos años de feudalismo que han tenido que vivir nuestros
hermanos en la isla sobre su personalidad y actitudes para con la vida, al
punto que muchos han adquirido una serie de hábitos que pueden ser
tremendamente perjudiciales para el desarrollo de sus relaciones con otros.
Como pensamos que los cambios en
Cuba no deben de ser solamente políticos, y que deben abarcar aquellos
aspectos sociales y humanos que pueden servir para mejorarnos tanto como
individuos que como pueblo y nación, aceptamos el reto y reiteramos que, a
pesar de abrirnos a las críticas de los muchos mal intencionados que andan
por ahí, vamos a señalar las cosas y llamarlas como son, con la esperanza de
que estas pueden ser resueltas sin que hagan mas daño del que ya puedan
haber causado.
Estamos hablando específicamente
en este caso en la tristeza que nos causa cuando oímos a algunos de nuestros
hermanos hablar por las emisoras locales desde Cuba, y proclamar a los
cuatro vientos la ya repetida frase de “A mi nadie me manda nada”, cuando
sabemos, y tenemos pruebas, de que a veces nosotros en el GAD u otros
hermanos del exilio les han enviado ayuda y esta ayuda ha sido entregada a
esas mismas personas que después lo niegan.
Las razones pueden ser variadas y
quisiéramos enumerarlas, y quizás ustedes que leen esto puedan sumarles
algunas más, pero a saber, estas parecen ser las más comunes:
- La persona
quiere protegerse aduciendo el no recibir ayuda para que no le apliquen la
Ley 88, lo cual es totalmente comprensible de nuestra parte, a no ser que
estas mismas personas después aparezcan dándole crédito a algunos por los
envíos que han realizado otros.
- Pensar que,
al negar el recibo de la ayuda, otros les van a enviar más.
Comprendemos que la necesidad es
muy mala consejera, pero le pedimos a nuestros compatriotas que caen en ese
error el considerar los siguientes factores antes de lanzar al aire la
tristemente celebre frase ya mencionada:
- El negar el
recibo de ayuda le ofrece municiones a nuestros adversarios, tanto de aquí
como de allá, para que levanten sus voces clamando por la suspensión de
toda ayuda en base a que esta no llega de todas maneras y de alguna forma
es desviada por las organizaciones a cargo de esta labor.
- Pone en
descrédito la imagen de los que reciben la ayuda y que sin embargo lo
niegan, ya que puede interpretarse demasiado fácilmente como una falta de
ética o de honestidad por parte de esas personas.
Consideramos que la solución es
bien fácil. Para aquellos que quieren protegerse de ser posiblemente
enjuiciados por violar las leyes draconianas que existen en Cuba, con cesar
de hablar por radio seria suficiente, y de hacerlo, el expresar claramente
que no quieren discutir ese punto por temor a la represión existente. Por
otro lado, a los que piensan que mintiendo van a sacar algún provecho de la
situación, quizás sea así por un corto tiempo, pero las organizaciones que
trabajamos de forma metódica y profesional brindando el merecido apoyo a
nuestros hermanos, ciertamente vamos a eliminar de nuestras listas a los que
podemos considerar como faltos de honestidad, tanto por el negar recibir la
ayuda, como por utilizarla de forma incorrecta. Por suerte, son muchos más
los hermanos y hermanas sacrificados y honestos, que son en verdad los
merecedores de nuestro apoyo y sacrificio.
Lo
hemos dicho en repetidas ocasiones: no esperamos agradecimiento ni tratamos
de manipular a nuestros hermanos en base a lo poco o lo mucho que les
enviamos, pero tampoco podemos aceptar que unos cuantos equivocados
traigan el descrédito para la causa por la que han muerto, cumplen y han
cumplido condenas miles de nuestros compatriotas.
La
nueva república debe de estar basada en el principio de la honestidad, de la
que desdichadamente han carecido la gran mayoría, si no todos, los
gobernantes cubanos, sin exceptuar desde luego a los presentes, que bajo el
disfraz del socialismo, han sido más corruptos que todos los demás puestos
juntos.
Miami,
Florida. Diciembre 2003.