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Llevado al reduccionismo de la realpolitik, la estrategia conjunta que desarrollaron La Habana y Moscú para echar abajo el capitalismo se basó en la influencia que podían ejercer en los movimientos anti Occidentales del Tercer Mundo, equipándoles y adiestrándoles para inaugurar la revolución. Y en esto, la Cuba de Castro desempeñaría el papel fundamental. En el Tercer Mundo, Moscú y La Habana incitan el ascenso al poder de los movimientos de liberación; al hacerles dependientes de ellos; pensaba en un futuro ir privando a Occidente de recursos y posiciones vitales. Los acuerdos de Helsinki, la difusión de su cohetería y flota transoceánica, el control del sudeste asiático, la adquisición de Afganistán y de puntos fuertes en África, así como su evidente esfera de influencia en la cuenca del Caribe, tanto en Cuba como en Nicaragua, fueron las señales que evidenciaron un cambio de rumbo en la maquinaria soviética que buscaba la rendición de Europa y la neutralización de la periferia subdesarrollada. Consecuentes con este designio, Castro y los soviéticos realizaron un cuantioso esfuerzo en el orden militar y en la transferencia tecnológica, al igual que en la penetración de organizaciones políticas y sociales de Occidente, y los llamados movimientos de liberación del Tercer Mundo; sobre todo después de la precipitada retirada norteamericana de la Península de Indochina, del realineamiento en todo el sudeste asiático, y del surgimiento de la rivalidad chino-soviética por el Asia. A partir de la década del setenta la conducta soviética y cubana respecto al África, Medio Oriente y América Latina ensayó un vuelco. En esté asalto, los "bolcheviques" derrocharon armamentos y demás recursos materiales por la colosal suma de $20,000 millones de dólares. La inversión cubana sería en recursos humanos: cientos de miles de soldados y personal civil en una misión de control. El canje de la URSS y de Cuba en favor de una presencia más directa, utilizando personal militar, técnicos y tropas, sobre todo en África, Medio Oriente y Asia, se debió al fracaso de lograr incursionar por medios políticos en la esfera de influencia de países como Argelia, Egipto, Ghana y Guinea. Tanto en Vietnam como en el antagonismo indo-paquistaní de 1971, la URSS apuntala a una de las partes -la India-, sin considerar las consecuencias regionales de su parcialidad1. Ya entre 1969 y 1973 había amenazado a Israel con el envió de divisiones aerotransportadas. En 1974, durante la intrusión turca en Chipre, se mostró su determinación por hacer acto de presencia directa. Entre 1975 y 1976, la URSS prueba con Cuba un artificio rápido en Angola; luego en Etiopía, en 1978, dirige sobre el terreno las operaciones militares con tropas cubanas y sudyemenitas que barren a Somalia; y finalmente, en Afganistán, desataría una invasión blindada relámpago2. El Kremlin desafiaba a la Casa Blanca. Tanto Castro como Brezhnev mostrarían un intenso interés en los conflictos interestatales, por ocupar el vació de poder que en sus posesiones de ultramar había dejado Portugal; por afianzar al libio Khadafi para sus propios intereses de expansión sajarianos, y finalmente por los acontecimientos en el cono sudafricano. Luego de establecerse en Angola y Mozambique, el eje La Habana-Moscú se lanzó a la búsqueda del control definitivo de movimientos como la SWAPO de Namibia, el ANC sudafricano, el sandinismo nicaragüense, y la Nueva Joya de Granada. Los soviéticos y los cubanos ganan posiciones en Guinea, Guinea Bissau, Malí, Ghana, Somalia y Etiopía. De ostentar una categoría marginal en el área, se transfiguraron en el fundamento político terminante en todo el sur arábigo, el Cuerno de África y el Cono Sur, saturando el vacío causado por la retirada inglesa al Este de Suez, por los titubeos de la OTAN y por los aprietos del ejecutivo norteamericano. Sin duda, la política africana de La Habana‑Moscú sentó las bases y formó parte de una mancomunidad global con zonas precisas como el Cono Sur, el Mar Rojo y la América Central que pudieran debilitar a largo plazo las bases estratégicas y el poderío aéreo y naval de Estados Unidos y de Europa Occidental. Es tal diseño el que lleva a que Moscú y La Habana precipiten los conflictos angoleño, etíope, afgano y salvadoreño. A medida que tanto el Golfo Persa, como el Mar Rojo y el cono sudafricano fueron cobrando mayor trascendencia como planos sensibles, las superpotencias fueron proyectando sus sombras en las mismas. En este sentido, y acaso con mayor visión, la URSS se abalanzó por alcanzar la delantera. La baja prioridad estratégico‑militar que África y la América Latina tenían tradicionalmente para los Estados Unidos influyó en que este país no respondiera en toda su dimensión a los problemas que le planteaba Cuba. La incapacidad de Occidente para una respuesta de acción rápida en el área convencional pesó tanto como la pérdida de terreno ante Pequín, la guerra del petróleo, el ascenso político internacional de los estados africanos y la escasa importancia que Washington prestó a tal fenómeno. Todos estos factores se dejaron sentir cuando la URSS y Cuba llevaron a cabo la campaña angolano‑etíope, la afgana, la salvadoreña, la de Namibia y la de Yemen del Sur. Con Yemen del Sur y Etiopía, Castro logra custodiar la entrada del Mar Rojo, arteria petrolera europea. La presencia soviética‑cubana en Angola y Etiopía era de atributo estratégico para el Occidente. Ambos países están instalados en las proximidades de rutas navales vitales y de vastas reservas minerales. Con Angola, los soviéticos, por mediación de los cubanos, lograron una base segura en el extremo oriental del Atlántico y el pivote para desmoronar todo el sur africano. En Angola, la URSS emplaza alrededor de Mosamedes, Lubanga y Matala cuatro bases coheteriles de radares, y en toda la periferia sur cañones de grueso milimetraje, carros anfibios, y demás. Cerca de Namibia erige sistemas de radares que rastrean todo el perímetro del cercano Atlántico. La URSS y Cuba hacen alarde de la potencia aérea emplazada en Angola y del patrullaje naval soviético en la región. En las cercanías de Mosamedes los soviéticos construirán un aeródromo con capacidad para futuros abordajes contra África del Sur. La URSS y Cuba, en suma, contaran en la zona con los medios logísticos, dispositivos navales y fuerzas aerotransportadas capaces de emprender una eventual campaña militar sobre Namibia o un enfrentamiento contra el potente ejército sudafricano. Con Libia, el Kremlin dispuso de una posibilidad de expansión hacia el sur sajariano; y con el Frente Popular de Liberación del Sahara Español y Rio Muni (FPOLISARIO), La Habana trató de labrarles a los soviéticos la entrada atlántica del Mediterráneo. Por ello fue vital la propulsión de partidos marxistas-leninistas en Angola, Yemen del Sur, Etiopía y, dentro de lo posible, en Mozambique y Zimbabwe, con el propósito de hacer irreversible el proceso socialista mediante una maquinaria de poder autónoma a los vaivenes de los líderes carismáticos. El bloque soviético esperaba además una evolución favorable en Zaire sobre todo a partir del período pos‑Mobuto. Mientras tanto, se inició la erosión de África del Sur que idóneamente se pensaba realizar a partir de una Namibia "cubanizada". A través de Etiopía, de Yemen del Sur y de Angola el Pacto de Varsovia esperaba desestabilizar el este y el sur africano3. El Occidente industrializado, especialmente Europa, dependía notablemente de este cono geográfico para abastecerse de los materiales cruciales usados en la defensa y la alta tecnología. Cualquier crisis donde se viese complicado el bloque comunista iba a limitar el acceso a tales fuentes mineras al congestionarse, como resultado, las líneas internacionales de transporte. El emplazamiento en Europa de los cohetes norteamericanos Pershing y Crucero desató la reacción del bloque soviético a través de una ola terrorista contra las instalaciones de la OTAN, al igual que mediante campañas de desinformación, y de la manipulación de foros internacionales en contra del "Occidente guerrerista". La URSS fue estableciendo una serie de puntos navales y aéreos que le diera la posibilidad de contrarrestar el poderío marítimo norteamericano, especialmente de submarinos Trident. Desde Kamchatka, la bahía de Cam-Ram-Bay, Adén, Luanda, Sâo Tome, Cuba, Granada y Nicaragua, la Unión Soviética sólo necesitaba ocupar el espacio en la zona sur del Atlántico y del Pacífico. Nicaragua le concedió la flexibilidad de atravesar el continente americano y obtener acceso a los dos océanos. La participación cubano-soviética en los conflictos locales africanos distorsiona el contenido no alineado de muchos países, al introducir a sus respectivas dinámicas la dimensión foránea Este-Oeste. Las potencias occidentales, atrapadas en el dilema de sus conveniencias estratégicas y materiales, y conscientes además de la fragilidad de la estructura política del apartheid, retroceden visiblemente a partir de 1976. El peligro no sólo radicaba en la pérdida de posiciones y medios vitales, sino en el hecho de que los estados tercermundistas se tornaban más tolerantes con respecto a la URSS. No se puede considerar la acción cubano‑soviética como resultante de una crisis coyuntural, sino más bien como el encaje entre las aspiraciones de expansión geográfica militar que en su momento presentaron grupos en la burocracia soviética y las posiciones de Castro. Moscú, sin embargo, no poseía el caudal financiero para importar los minerales que exigían tanto su diseño industrial-mineral, como la expansión exterior y el sostenimiento de sus estados clientes. Al final, esta tensión y la carrera armamentista con los Estados Unidos derrumbaron el sistema. Los países del extinto bloque oriental comunista resultaron substanciales para la URSS, no sólo en el plano económico sino fungiendo como especie de escudo-tapón dentro de una coalición defensiva del Ejército Rojo frente a Occidente. Durante los decenios del setenta y del ochenta se estableció una alianza formidable entre Cuba, la URSS y Alemania Oriental, con miras al Tercer Mundo, en la que la URSS proporcionaría el arsenal bélico de multitud de ejércitos, Alemania Oriental estructuraría los órganos de seguridad, y Cuba vendría a foguear y a armar a innumerables movimientos guerrilleros. El cono surafricano se verá trastornado por el expansionismo soviético, la presencia militar cubana y la crisis del apartheid. A ello se unirá la importancia de sus recursos minerales, los intereses económicos occidentales y el complejo conjunto de protagonistas, con intereses diversos y en conflicto, incapaces de una solución de unanimidad. La URSS, con extrema cautela, construirá a lo largo de los años setenta y una fuerza convencional en el Cono Sur, capaz de hacerle frente a una contienda local mediante la capacidad combinada de unidades del bloque soviético estacionadas en los estados de la línea del frente y en Etiopía. Los planes soviéticos para el África del Sur fueron a largo plazo y estuvieron conectados con un sistemático escalamiento de ayuda político‑militar a la SWAPO de Namibia y al ANC. La URSS apoyará el terrorismo en estos parajes bajo el pretexto de ayuda a la lucha por la liberación nacional. Para ello fue forzoso que las dos organizaciones aceptadas internacionalmente como las únicas representaciones legítimas de los pueblos en Namibia y África del Sur. Castro aspiraba a ser el instrumento que liquidase el apartheid y en contubernio con la URSS trató de polarizar la región, incluida la situación interna de Sudáfrica, a la vez que su compromiso irreductible fue el de propulsar la conformación de estados socialistas al estilo Angola y Etiopía. La subvención a movimientos de liberación en Namibia y África del Sur ofrecía prometedoras perspectivas. La ventaja de tal concepción radicó en el hecho de que Occidente tendría que asumir forzosamente la alianza estratégica con África del Sur, dejándole paso a Cuba y a la URSS como aliados y defensores de la causa justa del anti‑apartheid. Al poder proyectarse de esta forma, Cuba y la URSS esperaban mejorar visiblemente su imagen en África y Castro consolidarse en su papel tercermundista. Los soviéticos y los cubanos trabajarían intensamente en el campo político para desvirtuar el carácter militar que se puso de manifiesto en la década anterior y orientaban el blanco hacia la conexión Washington-Pretoria. El objetivo de los virulentos ataques de la prensa cubana a la presencia de la base militar en Simonstown y la de comunicaciones en Silvermine, en África del Sur, no era otro que el de desacreditar la existencia de estructuras cardinales de la OTAN en el Atlántico Sur. Así, las misiones soviéticas en Mozambique, Zambia y Zimbabwe resultaban poderosos centros de la KGB, cuyo fin era aprovecharse de la vulnerabilidad de Pretoria y agudizar la confrontación racial violenta, para suscitar el éxodo masivo de la población blanca. La URSS y Cuba velaban por que la polarización entre África del Sur y los estados de la Línea del Frente, así como el vació económico‑militar de Occidente, inclinara a su favor a esos estados. Convencidos de que a Estados Unidos le resultaría difícil volver a poner en práctica una iniciativa estratégica internacional la URSS incrementó el terrorismo en mayor proporción que en los decenios anteriores. Ubicada con mayor solidez en el Cono Sur, la URSS podía, en caso de una conflagración global, interrumpir las líneas traseras de abastecimiento estratégico de Occidente. La concepción soviética descansaba sagazmente en la alianza ANC-Partido Comunista.
CASTRO: EL AFRICANO Con las victorias de Angola y Etiopía, desde el promontorio que dominaba al movimiento de países No-alineados, Castro decide hacerse sentir como una potencia política y física en el continente africano. Se moverá con celeridad en la República Centroafricana al lado de la URSS y de Libia, donde instructores militares de los tres países preparan el pequeño ejército del "emperador" Bokassa. Las embajadas de la Unión Soviética, Libia y Cuba llegarán a ser las más numerosas en Bangui y los soviéticos tratarán de beneficiarse con la tutela Libia de las estratégicas bases militares de Bouar y Ndele, construidas por los franceses. Esto los acercará notablemente a Gabón y Níger, fuentes del uranio para la energía nuclear francesa. Desde mediados de la década de los setenta Castro trata de dilatar su esfera y presencia en Uganda, en contubernio con la URSS, con Libia y con Tanzania, aunque ello no lo librará de verse enredado en el apasionado y contradictorio inventario del área. De 1973 a 1978 la URSS compone la maquinaria militar de Amín Dada, sobre todo tras la expulsión en 1972 de los militares británicos de Entebbe y las indecisiones francesas por servir las necesidades militares del presidente ugandés. Una representación de oficiales ugandeses conducida por el coronel Francis Nyangweso visitará la URSS y Cuba en julio de 1972. Posteriormente arribará el primer escuadrón de MiGs soviéticos con pilotos cubanos. Cuando la atención pública de Occidente se centra en Angola, grandes despachos de armamento soviético están recalando en Uganda4, y junto a ellos oficiales cubanos que entrenarán a los ugandeses en las bases de Magamaga y Jinja5. Así, se prepara militarmente a Uganda, fortaleciéndola ante Tanzania y Zaire, con los cuales viene sosteniendo fuertes altercados limítrofes que amenazan con estallar tarde o temprano6. A fines de enero de 1977 una extensa misión militar cubana, encabezada por el general Francisco Cabrera, sostendrá negociaciones con el presidente Amín Dada para precisar los detalles de la participación cubana en el ensamblaje y manejo del armamento que los soviéticos están enviando a raudales. Ya en marzo existe una inmensa consternación en África por la creciente presencia de instructores militares cubanos en Kampala. El régimen de Nairobi muestra su ansiedad ante la entrada de los gurkhas antillanos, sobre todo después de la reunión entre Castro y Khadafi en Trípoli donde se abordó la asistencia de defensa y financiera a Uganda. Sin embargo, durante la invasión tanzana de Uganda en octubre de 1978, dotaciones militares cubanas destacadas en Dar-Es-Salaam participarán en la confección de los planes guerreros del presidente Nyerere, y asesorarán el avance tanzano hasta las mismas fronteras con Uganda. Tras la independencia de Argelia se formará el coro central del FRELIMO en Mozambique para obtener la independencia. En el FRELIMO predominaban inicialmente estudiantes universitarios de tendencia marxistas de origen portugués, mestizos, indios de Goa y un puñado de negros. El movimiento era controlado por Marcelino Dos Santos, Aquino de Braganza, Joaquim Chissano, Pascoal Mucumbí, Sergio Vieira, Oscar Monteiro y Jorge Rebelo, y tendría robustos lazos con el partido comunista portugués de Cunhal y con los comunistas franceses7. Es FRELIMO quien inaugura las relaciones con los órganos de la inteligencia cubana para obtener adiestramiento, recursos materiales, y becas. Al pasar la oficina principal del FRELIMO a Tanzania en 1962, la inteligencia cubana a través del embajador Pablo Rivalta establece contactos con el FRELIMO ofreciéndoles adiestramiento militar, recursos materiales y becas. La ayuda no es más efectiva y voluminosa debido a la furiosa lucha intestina del FRELIMO que se desata entre el invocado "grupo de Argelia" penetrado por los marxistas, y los nacionalistas negros tutelados por Mondlane y Uría Simango8. El "grupo de Argelia" le impone a Mondlane el mantenimiento y fortalecimiento de la estrecha relación con Cuba. Mondlane se oponía al entrenamiento de los miembros del FRELIMO en Cuba y por este motivo entra en pugna frontal con Mucumbí, a pesar de lo cual, serán tan tenaces las presiones sobre él y la amenaza de verse separado de su cargo como presidente de la organización, que se ve precisado a ceder realizando incluso un viaje a La Habana9. Los primeros agregados guerrilleros del FRELIMO que actúan dentro de Mozambique serían aprestados por los cubanos en campos militares argelinos. Con posterioridad, los cuadros de mando de las guerrillas reciben cursos especiales10. Las conexiones entre el FRELIMO y La Habana se consolidan aún más luego del asesinato de Mondlane en febrero de 1969, crimen que se atribuye al "grupo de Argelia". En 1970 Machel, que había sido entrenado por los cubanos, fue nombrado para sustituir al difunto Mondlane en la dirección del movimiento. Tras la independencia de Mozambique donde el FRELIMO asume el poder, Cuba comenzó su patrocinio enviando mentores militares y de seguridad, implementando programas técnicos y de educación, así como asesoría en la contienda contra la oposición armada del RENAMO. En Mozambique Cuba organiza una base para el entrenamiento de las guerrillas rhodesianas de Joshua Nkomo, a quienes concede la logística necesaria11. Al igual que el MPLA, el FRELIMO enviaba anualmente contingentes de cuadros para ser entrenados en labores de seguridad y espionaje en el Instituto Andropov de Moscú. Por su parte, la SSD de Alemania Oriental también se hallaba muy activa en Mozambique. En septiembre de 1978, una comitiva del ejército mozambiqueño mandada por Armando Guebuza sostuvo un amplio intercambio con el generalato castrista, entre ellos Senén Casas, Rigoberto García, el almirante Santamaría, jefe de la marina de guerra, y otros brigadieres y oficiales. Dentro de África y del movimiento de los No-alineados, Mozambique resultará por largo tiempo un fiel aliado de las posiciones de Castro; allí mantendrá 2,000 soldados. Mediante los acuerdos de Nkomati en 1984 entre África del Sur y Mozambique, Machel clausura los santuarios del ANC de Sudáfrica, provocando la crítica pública de Cuba y de la URSS, que se ven desequilibrados en la región. El 12 de octubre de 1986 los llamados estados de la "Línea del Frente" se solidarizan con Machel, responsabilizando a Malawi de aupar la ocupación de las zonas fronterizas. El 13 de octubre el presidente de Zambia, Kenneth Kaunda, deja entrever que se podrán tomar acciones contra Malawi por su sostenido apoyo a la resistencia12. Mozambique, Zimbabwe y Zambia comienzan a complotar para cortar las rutas de acceso al mar de Malawi, y luego derrocar al gobierno de Hasting Banda con el fin de privar a RENAMO de sus principales santuarios. Machel había informado de este plan a los militares soviéticos y cubanos13. La muerte de Machel el 19 de octubre de 1986 pone un freno a tal acción. Por su parte, África del Sur reiteró que si el nuevo presidente Chissano invitaba a las tropas cubanas a permanecer, cosa que se rumoraba insistentemente, consideraría esta acción una amenaza a su territorio y respondería con la fuerza.
EL APARTHEID A partir de 1956, el Consejo Nacional Africano comienza a coincidir, cada vez más, con la posición de la política exterior soviética14. En 1961, a instancias de una facción encabezada por Mandela, Walter Sisulu y Joe Slovo15, (asesorados por el partido comunista) se establece una nueva línea: la lucha armada a través de una organización, el Umkhonto We Sizwe, cuyo comandante era Mandela. La alianza del ANC con el partido comunista adopta la teoría guevarista del foco guerrillero, con espectaculares acciones violentas y campañas de sabotaje en la preparación de la guerra popular. Mandela instruye a los militantes con el libro del Che Guevara: Guerra de Guerrillas, un Método16. En mayo de 1962, Mandela entra en contacto en Ghana con miembros de los servicios secretos de Cuba, solicitando ayuda para dar vía libre a la lucha armada en África del Sur. En año y medio se desata una campaña de sabotajes en pequeña escala contra objetivos gubernamentales. Mandela establece su centro nervioso en Rivonia, cerca de Johannesburg, donde instruye en las artes del sabotaje clandestino urbano a sus seguidores. La cúpula del ANC fue capturada en sus cuarteles de mando clandestinos y Mandela es detenido en agosto de 1962, en Natal. Tras la captura de Mandela y Sisulu, la dirección del ANC pasó a manos de Tambo, secundado por un grupo de marxistas donde destacan Slovo, Youssef Dadoo, Alfred Nzo, Dan Tloome, Moses Mabhida y Josiah Jele. Tambo comenzará sus diligentes viajes al bloque soviético, especialmente la URSS y Cuba, en procura de todo lo necesario para mantener a flote y proyectar internacionalmente al ANC, con recursos materiales y una extensa cruzada publicitaria. La propaganda hacia el Occidente, montada por Cuba y la URSS, en colaboración con los liberales británicos comunistas, no sólo difunde el movimiento mundial anti‑apartheid sino que presenta al ANC como la organización motora tras cualquier levantamiento oposicionista en África del Sur. Así, el ANC fue señalado como el único y auténtico representante de los sudafricanos17, en una conferencia construida por los soviéticos en Jartum, en 1967. En 1967 se crea una escisión en el ANC, debido a la hegemonía que habían logrado los comunistas dentro de la organización, provocando la salida de los nacionalistas encabezados por Ambrose Makiwane en 1975, quien se queja de la ausencia de democracia y consulta de decisiones dentro de la organización, cuya política e ideología se ve amenazada, debido a que la URSS, a través de Cuba, establece una alianza militar entre el ANC y el ZAPU de Nkomo, con vistas a desatar la hostilidad guerrillera en Zimbabwe. Tras asistir a la Tricontinental en La Habana, Tambo anuncia en 1967, que los cuadros del ANC se unirán al ZAPU de Zimbabwe, para abrir un conducto directo hacia África del Sur y comenzar la infiltración18. Después del ascenso al poder del MPLA en Angola, el brazo militar del ANC, el Umkhonto We Sizwe se entrenará en los cuarteles de Nova Catenge, con instructores militares cubanos. Esta agrupación armada se vigoriza en lo adelante y llama la atención la visita que efectúan los comunistas sudafricanos Slovo y J.B. Marks a Moscú19, para acordar mayor transferencia de armas, municiones y dinero. Estocolmo era la ciudad europea escogida por la KGB para realizar sus contactos con los miembros del ANC de Mandela, los cuales gozaban de gran apoyo en Suecia. El oficial de la KGB, Oleg Gordievsky, estaba encargado personalmente en Londres de entregar los fondos monetarios al ANC a través del comunista sudafricano Yusef Dadoo. Tras de la muerte de Dadoo en 1983, se utilizó a la embajada soviética en Zambia para continuar la transferencia de la ayuda monetaria al ANC20. Alrededor de 8,000 a 10,000 jóvenes del ANC21, serán adiestrados en la URSS, bajo instructores de la OLP, Cuba, Alemania Oriental, Angola y Tanzania. La maquinaria soviético‑cubana comenzó a trabajar en África con vistas a caldear la atmósfera política en el Cono Sur; valiéndose de los países limítrofes de África del Sur, Moscú y La Habana logran que la OUA otorgue su reconocimiento al ANC como la única organización representativa del pueblo de África del Sur. Hasta ese momento, la OUA le concedía también ese derecho al Congreso Panafricano. En ese año de 1976, el grupo pro soviético en el ejecutivo del ANC lleva a cabo una profunda purga de sus cuadros centrales y medios, separando a los elementos considerados moderados y aquellos que protestaban por la estrecha unión con el bloque soviético, especialmente Cuba y la URSS, y con el Partido Comunista. En 1977, Tambo, en una alocución en Angola, aclara que la revolución africana sólo podía defenderse con las armas provenientes "de nuestros verdaderos y más probados aliados, la Unión Soviética y Cuba22”. En 1985 Cuba y la URSS precipitan una actividad masiva en conferencias internacionales sobre Sudáfrica en Europa y especialmente en los Estados Unidos, utilizando la agrupación congresional negra, para conformar así una opinión mundial favorable al ANC, que pudiera entonces apelar a un tipo de participación negociada del poder en África del Sur. Antes de lanzar el ANC su ofensiva de Soweto, en marzo, Tambo sostuvo en Cuba varios mítines con figuras cumbres del ejército y con el vicecanciller vietnamita, Vo Dong Giang. Un día después, Castro pidió la creación de una agencia de noticias para los países No-alineados, que fuese capaz de hacerle frente al monopolio de las transnacionales noticiosas, concediendo prioridad a los despachos provenientes de la palestina WAFA, los servicios de información de la SWAPO de Namibia y del ANC de África del Sur, así como de la agencia SALPRESS de los rebeldes salvadoreños. La combinación de la crisis económica en Sudáfrica, la victoria del MPLA en Angola y del FRELIMO en Mozambique, la presencia militar soviética y cubana en el área y la existencia de una maquinaria clandestina en África del Sur, son los coeficientes que van conformando el clima de violencia en el Cono Sur.
EL DESIGNIO RHODESIANO Ya desde la abortada operación de Shaba, provincia de Zaire, eran evidentes los designios del mundo soviético en África, muy similares a los de Portugal, Gran Bretaña y Alemania en el siglo pasado: enlazar en un bloque políticamente afín el Indico con el Atlántico, pasando por Angola, Zimbabwe y Mozambique. Angola y Mozambique servirían de santuario para presionar en Zimbabwe, para quien, a su vez, se tenía reservado un desempeño similar contra África del Sur. Con la independencia de Zimbabwe se esperaba precipitar la de Namibia utilizando a la SWAPO. Hacia fines de la década del setenta, la Unión Soviética, Cuba y algunos estados africanos aseguraban que el triunfo del pro‑soviético Nkomo era inminente en Zimbabwe. Es más, el espionaje militar de la URSS (GRU) concederá sustancial sostén logístico a este diseño de lucha nacionalista. Así se inician los enlaces regulares entre encumbrados funcionarios castristas con Sam Nujoma del SWAPO, Nkomo del ZAPU y Robert Mugabe del ZANU23 “el ejército soviética-cubano entrena y financia más de 10,000 guerrilleros del ZAPU, miles de guerrilleros de la SWAPO así como el brazo armado del ANC, el Umkhonto We Sizwe”. A partir de 1978, Castro reeditará la concepción de unificar las disímiles facciones que pululan contra los poderes establecidos, tanto en América Latina como en África. Se reiniciarán los entrenamientos a bandos guerrilleros (ZAPU, ANC, SWAPO), junto al suministro de recursos materiales y humanos. Después de la imposición del MPLA en Angola y del FRELIMO en Mozambique, los cubanos aceleran la asistencia, desde ambos puntos, al ZAPU del rhodesiano Nkomo, para sostener la contienda bélica contra el régimen de Ian Smith. En 1978, alrededor de setenta y cinco instructores antillanos inauguraron el alistamiento en Zambia de los hombres de Nkomo. La DGI cubana le brindaba información de inteligencia al ZAPU de Nkomo. Asimismo, el general Petrov, artífice junto con el general Ochoa, de la campaña etíope, se trasladaría a Mozambique para supervisar la contienda en Zimbabwe, a la vez que iban entrando voluminosas cuantías de pertrechos de la URSS utilizándose como punto de recalaje a Maputo. Todo ello coincide con la visita a esta ciudad del canciller cubano Isidoro Malmierca, quien abriga el ánimo de concluir el pacto para que los guerreros de Nkomo precipitaran, a fines del año, una ofensiva de grandes dimensiones. Castro se jugaba simultáneamente dos cartas guerrilleras en dos continentes diferentes: la de Nicaragua con los sandinistas y la del ZAPU en Zimbabwe. Pero en Zimbabwe existía otro actor peligroso, de inclinación igualmente de izquierda, y protegido de la China y del FRELIMO mozambiqueño: Mugabe. La ficha de Nkomo que recreaban Moscú y La Habana era dudosa, pero no se disponía de otra alternativa inmediata en caso de que Mugabe lograra, como lo hizo, que su organización (el ZANU) conquistara el trofeo. El triunfo de Mugabe desequilibraría el esquema tan cuidadosamente diseñado por Castro y Brezhnev. La Habana no había entendido bien la situación en Zimbabwe. Un poco embriagado por los triunfos de Angola y Etiopía, Castro estimaría erróneamente que un gobierno guiado por Mugabe no era idóneo para llevar a cabo todos los planes en la zona. Es por eso que Cuba trató entonces de eliminar la opción de Abel Muzorewa, de anular a Mugabe, para así cristalizar la hegemonía de Nkomo. Como paso intermedio, el angoleño Neto y el etíope Mengistu sirvieron de intermediarios en una alianza militar ofertada por Cuba entre Mugabe y Nkomo. En la mente de Castro se incubaba el deseo de alcanzar para las guerrillas un pequeño territorio libre reconocido internacionalmente, colindante con Mozambique, al cual, países del bloque comunista y del Tercer Mundo -Angola, Etiopía, y la propia Cuba-, pudiesen remitir especialistas, soldados y vituallas con el fin de instalar como autoridad dominante a Nkomo. La corriente propicia a una detente en Occidente y a un evolucionismo político‑económico dentro de la aún poderosa Unión Soviética, se antepuso a la acción armada que el Ejército Rojo preparaba con Castro en Zimbabwe. Se temía un contraataque sudafricano de vastas proporciones que englobaría a toda la zona y que podría incluso desvanecer las posiciones ya ganadas en Angola y Mozambique. Brezhnev se vio obligado a no precipitar el colapso de Rhodesia vía invasión cubana, y puso las bridas a los tanques de Castro; Etiopía se retiró de inmediato del proyecto. En el aborto de lo que hubiera sido la tercera invasión armada soviética‑cubana en África24, pesaron las infructuosas gestiones que llevaron a cabo la Unión Soviética y Alemania Oriental para que Mugabe aceptase la jefatura de Nkomo y rompiese su alianza con China25. El otro factor cardinal fue el rechazo de Nkomo a los términos soviéticos de una alianza con Mugabe y una conciliación con el gobierno provisional del Obispo Muzorewa. Los estrategas soviéticos y cubanos no consideraron en toda su dimensión el factor tribal en Zimbabwe; los cubanos, confiados en que ambos movimientos desestimarían cualquier solución negociada26 concedieron escasas posibilidades al ZANU de Mugabe en una confrontación electoral, pese a estar sostenido por la tribu mayoritaria del país, la Shona. La Habana y Moscú subestimaron la influencia que aún disponía Inglaterra sobre el cuadro político de sus ex colonias y sobre los dos partidos en disputa: el ZANU de Mugabe y el ZAPU de Nkomo. Además fueron tomados por sorpresa ante las maniobras de Pretoria y Maputo en favor de las conversaciones de Londres por la independencia de Rhodesia en 1979, donde se favorecía, en última instancia, a Mugabe. Efectivamente, las negociaciones de Londres, aprobadas por todas las partes en litigio, propiciarían la independencia en Zimbabwe y con ello el respaldo a Mugabe dentro de un frente patriótico que bloqueaba al ZAPU de Nkomo controlado por Cuba y la URSS. Lo inesperado de la victoria de Mugabe fue digerido con lentitud por Cuba y la URSS. Luego de un cauteloso acercamiento que sopesaba en una balanza el entrar en relación con el cuasi marxista Mugabe o seguir apoyando al fiel y leal Nkomo, La Habana y Moscú optarían por abandonar a este último y en 1982 se pronunciaron a favor de Mugabe. Se pensaba que a la larga Mugabe podría resultar el Nkomo esperado; se trataba sólo de preparar las condiciones que permitiese presionar con superior energía al Transvaal sudafricano, mediante el ANC. El esquema conocido se repitió: comenzó la arribazón de numerosos instructores del bloque comunista, esta vez hasta de Corea del Norte, y se cimentó un poderoso centro operacional de la KGB.
EL ATLANTICO SUR La SWAPO de Namibia se fundó en Ciudad del Cabo, África del Sur, en 1957. Originalmente la organización se caracterizaba por realizar campañas políticas entre los tribeños Ovambo, y luego desarrollaría sus actividades bélicas tras la invasión cubana en Angola. Nujoma, quien a la larga aparecería como el líder fundamental, adoptó en 1962 la lucha armada, apelando al concurso exterior; de inmediato todo el bloque comunista, China y algunos estados africanos, como Argelia, Ghana y Tanzania, le pertrecharon. En 1965, la SWAPO inicio algunas escaramuzas en Namibia, bajo la asesoría del Che Guevara. Pero fue a partir de la Tricontinental que comenzó de manera definitiva el foco armado, y que empezaría a recibir, metódicamente, entrenamiento de parte de tutores castristas que a la sazón se hallaban emplazados en el Congo Brazzaville. La independencia de Namibia era el conflicto más difícil del África, al hallarse entramada en el dilema del apartheid sudafricano. Todo varió, sin embargo, con el colapso de las colonias ultramarinas lusitanas y la aparición de los tanques de Castro en pleno Cono Sur. Los antillanos habían culpado aviesamente a los sudafricanos de haber desatado la contienda civil en Angola. El temor de la oligarquía sudafricana era que la URSS lograse en la zona un equilibrio de fuerzas a su favor, escalando la lucha armada de la SWAPO, de instructores y abundantes pertrechos bélicos del mundo comunista. En Pretoria se sospechaba además, que una vez en Namibia, la SWAPO cortaría los santuarios de su enemiga, la UNITA de Savimbi, despeñándose una crisis de formidables proporciones para África del Sur al evaporarse su cordón sanitario regional. Moscú y La Habana consolidarán su hegemonía militar dentro de la SWAPO, sobre todo al decidir éstos acelerar un desenlace bélico del problema namibio adiestrando a esta organización a ese objeto. La SWAPO recibirá del bloque comunista el 90 % de sus medios militares y el 60 % de toda su ayuda. La afluencia logística se transformará en el cordón umbilical con La Habana y Moscú. Pero, la SWAPO no era aun una organización totalmente marxista; muchos de sus cuadros políticos se resistían a este encadenamiento a Cuba y la URSS. Se produce así un cisma, con el arresto político en Tanzania del dirigente Andrea Shipanga, ordenado por el entonces presidente Nyerere, quien a petición de Cuba se inclinaba por favorecer a Nujoma. Así, se concede al bloque soviético y al PC de Sudáfrica la posibilidad de manipular más a fondo la cúpula directriz de la SWAPO. Pero, con la prisión de Shipanga no se ataja la crisis. En marzo de 1976, el resto del círculo de Shipanga le declara la guerra sin cuartel a Nujoma, al conocerse los recientes acuerdos suscritos con la URSS, Cuba y Angola; asimismo, se denuncia en Zambia esta iniciativa unilateral de Nujoma, solicitándose la reorganización de toda la dirigencia de la SWAPO. En diciembre de 1977, Nujoma y Nkomo, de Zimbabwe, se entrevistan en Luanda con Castro y altos bastones de los ejércitos cubano y angoleño, y también con los soviéticos Podgorny, y con Víctor Samodurov de la KGB. En dicha reunión se planifica lo que será una visión global y se sientan bases para el suministro de la ayuda necesaria. A mediados de 1980, ante el flamante rearme de la SWAPO y el recrudecimiento de sus golpes desde Angola, el gobierno de los sudafricanos se ve presionado a llevar a cabo misiones de contrainsurgencia contra los campamentos de la SWAPO. El liderazgo militar castrista aconseja a Nujoma la desconcentración de sus focos de operaciones dentro de Angola, buscando evitar lo acaecido en 1976 y en 1978, cuando fue desbancado todo su potencial bélico de una sola embestida sudafricana. A pocos meses, en 1981, arriban contingentes cubanos a Lobito y Mosamedes, con el deseo de desatar una batida concluyente contra Savimbi. Unidades de la SWAPO, integradas a las huestes angolanas, lucharán contra UNITA; la segunda fase del plan consiste en precipitar una cruzada guerrillera de la SWAPO en Namibia. Por esa época comenzaban a circular rumores y amagos internacionales, así como las presiones alrededor del MPLA para que desmantelara las tropas cubanas y buscara una independencia negociada en Namibia. En lo adelante los soviéticos y los cubanos utilizarán a la SWAPO en sus expediciones contra UNITA, aunque no podrán montar ataques serios dentro de Namibia. El plan cubano‑soviético favorecía la guerra civil en Namibia, con la destrucción masiva de propiedades y el consecuente arrinconamiento internacional de los "Bóer". La pérdida de Namibia, la liquidación de Savimbi, el control sobre Zimbabwe y la subversión guerrillera en el sur estaban concebidas, además, para provocar la fisura del aparato gobernante sudafricano. Este esbozo por desestabilizar a Pretoria estaba conectado con una escalada sistemática del socorro a la SWAPO de Namibia y al ANC de África del Sur. En esta última organización, los elementos que buscaban un mayor cometido con Moscú y La Habana sobrepujaron a los nacionalistas, obligando a los militantes del ANC a recibir entrenamiento en Angola, Mozambique, la URSS, Alemania Oriental y Cuba.
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