CAPÍTULO 10 
EL VORTICE TERCERMUNDISTA

  Tanto el llamado período romántico independiente que concluye en algún momento entre la muerte del Che Guevara en 1967 y la entrada de los blindados soviéticos en Praga en 1968, como el posterior desempeño cubano como lanza soviética en el Tercer Mundo, responden al libre juego de Castro con las capillas de poder que existían en el Kremlin.

   Alexander Dubcek, un viejo agente de la KGB, que había suplantado a Antonín Novotny como primer secretario del partido comunista checo, abanderó la reforma del socialismo. Tras el arresto por parte de la  seguridad checa (STB) y la KGB de los reformistas y su internado en los montes Cárpatos, la KGB impuso a Gustáv Husák en Praga, que fue apoyado de inmediato por Castro. Además, la crisis en Praga posibilitó que el grupo de apoyo soviético a Castro emergiese como el poder real dentro del Kremlin: Brezhnev, Kosygin, Podgorny, Suslov y Shelest.

   Como resultado de la "primavera de Praga", el Kremlin decidió abandonar la regla de no desarrollar el espionaje en los países miembros del bloque soviético. En lo adelante, todos los servicios secretos del bloque soviético, incluyendo el cubano, abrirían sus archivos a la KGB. Esta movida soviética se debió al fallo de la KGB en detectar la profundidad de la oposición en Checoslovaquia1.

   Una serie de fracasos insurgentes, unido a la potente presión económica que ejerce Moscú para reducir los movimientos guerrilleros en favor del apoyo a los partidos comunistas tradicionales, provocaron ciertas modificaciones en la caprichosa selección estratégica habanera a fines de la década del sesenta.

   Desde 1967, las unidades navales soviéticas comienzan a merodear el Levante en ocasión de la guerra de los Seis Días. Entre 1968 y 1972, la marina soviética realiza maniobras regulares en los litorales atlánticos e índicos del África. La URSS hace acto de presencia en el Océano Indico a la vez que Cuba disloca efectivos militares entre Yemen del Sur y Somalia, apuntalando los puertos de Adén y de Berbera, mientras Alemania Oriental estructurará las operaciones de intelige­ncia. De esta forma, Estados Unidos verá contrapesar su flotilla de submarinos Polaris y su base naval del archipiélago de Chagos en el Indico.

   Esto coincidirá con la progresión de conflictos interesta­tales de baja intensidad en los pueblos afro-árabes, con el vacío de poder portugués en sus ex‑colonias africanas, y con el síndrome de Vietnam en los Estados Unidos. Cuba concurrió al inmenso bazar de los No-alineados celebrada en Zambia en 1970. Allí la delegación castrista, personificada en su canciller Raúl Roa, hizo sentir la ascendencia política que ya gozaba en el arco tercermundista. El ministro cubano defendió la tesis de una alianza estratégica de los No‑alineados con el bloque soviético; aunque sus esfuerzos por que se aceptase a la URSS como un aliado le trajo no pocos problemas.

   Las relaciones entre la URSS y Cuba se hacen cada vez más estrechas. En abril de 1970, Raúl Castro, segundo hombre fuerte de Cuba, realiza una larga gira por la URSS para estudiar cómo llevar a cabo la modernización del ejército cubano, y para ajustarlo a las necesidades del Pacto de Varsovia2. "Las necesidades de la estrategia soviética establecieron un rol más importante y directo para las fuerzas militares cubanas, especialmente en África. Hacia este fin, los soviéticos comenzaron una reconstrucción masiva de las fuerzas armadas cubanas"

   Para esta empresa se cuenta con un conglomerado de generales cubanos, recién graduados en las academias militares soviéticas de Frunze y Voroshilov; entre los que se hallaba el general Ochoa. La presencia soviética en el ejército cubano se totaliza, y llegará a niveles de batallón. En 1971 de regreso a Cuba, el general Ochoa asume la jefatura del ejército de La Habana; casi de inmediato se desplaza con un puñado de militares cubanos en calidad de asesores, al estado mayor del general vietnamita Nguyen Von-Giap, artífice de Dien-Bien-Phu y del asalto final a Saigón. En posterior visita a Cuba, Giap se refirió con elogios al asesoramiento militar cubano durante la guerra de Vietnam.

   Como apunta con acierto Brian Crozier3 la URSS, por intermedio de la KGB, decide poner en práctica un programa defensivo o cordón de protección militar alrededor de Cuba, levantando mecanismos preventivos en El Caribe y en América Central por vía de nuevas revoluciones y redes de agentes exilados. Luego de la expulsión en masa de los agentes soviéticos en Londres, en septiembre de 1971, la DGI cubana asumió el espionaje del bloque soviético en Inglaterra4.

   A medida que avanza la década del setenta, la significación del castrismo alcanza particular importancia en la política exterior soviética. Castro, en la cumbre de la jerarquía del bloque comunista, se mostrará más selectivo en África: ha de escoger tramas neurálgicas y vulnerables en nuevos rincones del continente, promoverá organizaci­ones políticas de prestigio, y ha de relacionarse más íntimamente con gobiernos de probada estabilidad como los de Tanzania, Guinea y Argelia. A tales efectos, el rodillo bélico edificado en Cuba y los cuerpos de seguridad germanoriental están a punto. Se hace sentir el incremento del efecto ideológico de figuras carismáticas como el caribeño Castro y el cirenaico Khadafi.

   La creciente demanda de armamentos y el aumento de los ejércitos se aprovecha en detrimento de los intereses de China y de la perfecta indiferencia de los Estados Unidos. La URSS y Cuba esperan que este entorno obligue a una alineación de aquellos estados independientes más débiles. La URSS decide centrar el empujón final para rematar la ciudadela sudafric­ana, punto geoestratégico cardinal de la zona. Se diseña una escalada gigantesca para todo el sur continental.

   La pérdida soviética de la mayoría mecánica en el Oriente Medio, a manos de la detente fabricada por el canciller del Potomac, Henry Kissinger, no se compensa con el apuntalamiento castris­ta en Yemen del Sur y Somalia5. En una reunión del CAME celebrada en 1973, en Checoslovaquia, el bolchevique Leonid Brezhnev bosquejó en un discurso su concepción filosófica expansion­ista6 "confíen en nosotros, camaradas. Para 1985, como consecuencia de lo que estamos logrando ahora con la detente, habremos conseguido la mayoría de nuestros objetivos en Europa Occidental. Habremos consolidado nuestra posición; habremos mejorado nuestra economía. Y un cambio decisivo en la correlación de fuerzas tendrá lugar, al punto que para 1985, estaremos en posición de implantar nuestra política allí donde lo necesitemos".

 


 

EL TECNO-TERRORISMO

 El mundo moderno con sus magnas concentraciones urbanas e inmerso en la revolución de las comunicaciones, resultaría vulnerable en extremo al fanatismo religioso, al terror institucionalizado, y a las acciones del tecno-terrorismo. Las operaciones de alta intensidad consumadas con fría lógica por un núcleo de profesionales de la violencia han sido capaces de desequilibrar el sistema global de la aviación civil. "El desarrollo en la metalurgia, balística, química y electrónica ha significado que las armas de fuego sean más portátiles, duraderas y simples de operar y mantener, y más letales7”.

   Además, la posibilidad de emplear explosivos espantosamente demoledores y armas de gran poder de fuego, sumado a los avances en la letal tecnología microelectrónica, multiplicó la potencia destructiva en manos de individuos o escuadrones rigurosamente fogueados. Así, las acometidas terroristas a embajadas e instalaciones militares se han realizado con la colaboración de los servicios de inteligencia promotores de este tipo de acción mortal, como fueron los de la antigua Unión Soviética, y como siguen siendo los de Cuba, y los de los estados despóticos afroasiáticos a lo Corea del Norte, Irán o Libia.  

   Uno de los primeros indicios de que Castro apoyaría el asesinato político fue el recibimiento que hizo en La Habana en 1960 a Ramón Mercader, el asesino de Trotsky, puesto en libertad luego de haber cumplido prisión en Méjico. Nahum Aleksandrovich Eitingon, el famoso "general Kotov" de la guerra civil española, alto jefe de la KGB y uno de los artífices de las pugnas estalinistas, fue amante en Barcelona de la comunista Caridad Mercader del Río, y reclutó a su hijo Ramón, de padre cubano, para los servicios secretos soviéticos. Eitingon planificó el asesinato de León Trotsky. Mercader fue defendido en el juicio por asesinato por Ofelia Domínguez Navarro, una abogada cubana miembro del partido comunista, que viajó expresamente de La Habana para esa misión. Luego de cumplir sentencia Castro brindó residencia a Mercader quien vivió en Cuba bajo la protección de los servicios secretos cubanos, hasta su posterior partida para Moscú.

     El general cubano Rafael del Pino, que escapó audazmente de la isla, ha documentado en su libro Proa a la Libertad8 la existencia de la turbulenta "Quinta Dirección" de la Seguridad del Estado. Este brazo depredador fue modelado en 1967 con personal entrenado en la URSS con el designio de eliminar físicamente, dentro o fuera del país, a aquellas personas que Castro estimase conveniente.

   El Instituto Hisperión en París, dirigido por un cuerpo de terroristas franceses al mando de Henry Curiel, había fundado una especie de francmasonería revolucionaria, la organización Solidaridad que clandestinamente transfería la logística de Cuba y de la URSS a bandos terroristas en África, América Latina, elementos del mundo eurásico, angloparlantes y ultratlánticos.

   Curiel, hijo de un banquero judío cairota y educado por los jesuitas, había sido encarcelado por el rey egipcio Faruk I, y exilado por el sucesor de éste, el patriarca Nasser. Curiel fue eje en la reconstrucción del partido comunista egipcio conjuntamente con el núcleo judío de Raymond Aghion, Lidia Allony y Raymond Stambouli. Luego ayudó a moldear, con Abdulá Jalloud Mahjoub del partido comunista sudanés. Curiel mostraba una inagotable devoción por todo lo que fuese soviético y era un furibundo estalinista. Este moralista rígido se relacionó tempranamente con los nuevos conquistadores indianos, los cubanos.  Su sumisión a los servicios secretos soviéticos comenzó en Egipto en 1943, a través del agente de la KGB Abdulrahmán Sultanov.

   La sagaz diligencia de Curiel lo lleva a establecer tratos con el líder argelino Ben Bella y organiza clandestinamente en Francia dentro de los abundantes braceros argelinos exilados una red para nutrir con armas y finanzas al Frente de Liberación Nacional, en su lucha anticolonial.

   El movimiento Solidaridad de Curiel funcionaba como una pequeña sociedad sustentadora de la Tricontinental en Europa, para liquidar a los herejes del socialismo en el planeta. Estaría bajo la mano oculta de los argelinos hasta el derrocamiento de Ben Bella; también bajo el cacicazgo de los soviéticos y los cubanos, con una escuela de lucha clandestina para los cuadros insurgentes de las neo colonizadas poblaciones tercermundistas. Solidaridad celebró su primer congreso el 2 de diciembre de 1962 en París; asistieron varias delegaciones comunistas de Europa y una delegación de cubanos.

   Durante la época de Ben Bella, la organización de Curiel abrió en Argel un buró que procesaba las necesidades de los inmigrados de ultramar y de los militantes que debían recibir entrenamiento en los campos militares asesorados por cubanos en Argelia. La misión diplomática habanera en Argel aparecería como el eje entre Solidaridad, el argelino Ben Bella, el marxista marroquí Ben Barka, el Che Guevara y Castro. Las figuras preponderantes de Solidaridad, Curiel, Didar Rossano y Jean Tabet, analizarán los problemas tocantes a la conexión con La Habana y Argel con el embajador cubano Jorge Serguera y luego con el Che Guevara en sus visitas a ese país. A este grupo se unirán en ciertas circunstancias Budiá, por aquel entonces editor del Alger CeSoir y componente del buró político del FLN, y Bachir Boumaza.

   Curiel se entrevistó en múltiples oportunidades con los cubanos y con Issam Sartaoui, íntimo del palestino Yasser Arafat, para tratar de que La Habana truncara sus vínculos con Israel.  Después de la caída de Ben Bella, Solidaridad evacuará hacia Europa a los benbellistas más notorios; este empeño coordinado con Budiá y Boumazá, se llevaron a cabo con ayuda de Cuba.

   Michele Firk, una despampanante cineasta que servía con fervor místico a Curiel, había demostrado fina pericia en la introducción de armas en Francia para los argelinos; ello no pasó inadvertido para el partido comunista francés que de inmediato la reclutó. Según la versión que de ella ofrecieron los cubanos, Michele se unió al comunismo en 1958 y, en su trajinar a nombre del movimiento de liberación argelino, trabó contacto con los cubanos.

   Michele se transformó en una eufórica benbellista,  y Curiel, necesitado de un contacto de alto nivel con Cuba, decidió enviarla a La Habana en 1963 recomendándola a los servicios secretos de Castro. Los cambios de fidelidad de Michele eran notorios, desde el PC francés, el régimen de Ben Bella, Curiel y ahora los servicios de Castro. De inmediato los cubanos utilizarían a Michele en sus tejemanejes terroristas en América Latina. El último para la seductora francesita, fue el escandaloso atentado contra el embajador norteamericano en Guatemala, en 1968, que se llevaría a cabo con la cooperación de terroristas guatemaltecos9.

   Los cubanos en su empeño en favor de la Tricontinental, habían acudido a la ayuda del marroquí Ben Barka y del egipcio Curiel ambos de Solidaridad. Un alsaciano de elegante perfil, Jehan de Wangen, ejecutivo de Curiel, fue el enlace entre Ben Barka y los cubanos. Se urdió celebrar una Tricontinental del mundo revolucionario en Cuba, a finales de 1965.

   La situación marroquí y el empinadísimo prestigio que de inmediato consiguió Ben Barka bajo el manto de Castro y de Ben Bella, obligaron a París a negociar con este opositor de Rabat, ahora en extremo estimado en todo el mundo. El presidente francés DeGaulle invitó a una conversación íntima para el 30 de octubre de 1965 a Ben Barka, designado como principal figura de la Tricontinental. A su llegada el día previo a la señalada reunión, Ben Barka se vería ante el misterioso absurdo de no disponer de los guardaespaldas prometidos por Curiel y Solidaridad.

   La historia del secuestro y asesinato de Ben Barka en las callejuelas de París acaparó los cintillos de la prensa mundial. La Tricontinental se tuvo que aplazar y los celosos servicios cubanos levantaron sus primeras sospechas sobre Curiel a pesar de que el ministro del Interior marroquí, Oufkir, aparentaba ser el presunto asesino. Habían existido sostenes y ataduras estrechas entre Solidaridad y los servicios secretos cubanos referente a las diligencias de Curiel en América Latina. La inteligencia castrista buscaría apropiarse de la dirección de sus operaciones, e incluso de toda su estructura. Pero Curiel no quería entregar su fundo revolucionario. Para obstruccionar las intenciones de Piñeiro respecto al control de Solidaridad, Curiel trataría de engañar a los cubanos y entregaría a La Habana una falsa lista de los miembros secretos de Solidaridad.

   Los cubanos se percataron de este doble juego, y al desconocer sus causas, decidieron distanciarse de Solidaridad y observar atentamente, aunque de lejos, a Curiel, quien con retadora ostentación, ayudaría entonces a aquellos grupos que La Habana tenía como herejes. Esto tendría efectos catárticos suscitando aún más la aprensión de los cubanos, que calculaban que los soviéticos, a través de Curiel, buscaban un esquema propio, no afinado con ellos, hacia el Tercer Mundo.

   En un trance defensivo, Curiel trató de restablecer los lazos con los letales servicios cubanos, para así también recibir ayuda material. Recurrió nuevamente a su treta favorita; enviar a una hermosa y aparentemente inofensiva militante para ablandar la guardia de los cubanos. A fines de 1967, arribó a La Habana, como su representante personal al Congreso Cultural de La Habana una bella muchacha, de tez bronceada y de ojos abrumadores. Esta delegada era realmente un correo portador de un mensaje para los servicios secretos cubanos10.

   Desde el "affaire Ben Barka", los cubanos mantenían sus recelos con Curiel, lo que se iría profundizando dada la forma en que militantes claves del Tercer Mundo en contacto con Solidaridad caían fácilmente prisioneros al llegar a su destino. Para La Habana, mientras Curiel estuviese atareado en la América Latina y África, su quehacer interferiría constantemente con la labor de sus servicios de inteligencia de Cuba. Estos no sólo no coordinaban ya con Solidaridad sus operaciones sino que la mantenían bajo intensa vigilancia. De aliado, Curiel pasaría a ser un adversario irreconciliable.

   Además agraviaría aún más la relación de La Habana con Solidaridad la misteriosa forma en que el guerrillero camerunés Ernest Ouandié había sido capturado por el régimen de Ahmadou Ahidjo. Se sabía que Curiel había dispuesto la huida de Ouandié del Camerún. A pesar de que los cubanos arrimaban su brasa al rival de éste, Massaga, sospecharon que el propio Curiel lo había delatado. Ouandié fue apresado antes de que pudiera evadirse del país, delatado por uno de los contactos de Curiel y fue ejecutado en una plaza pública, el 15 de enero de 1970. Así finalizaba la aventura de la Unión de los Pueblos del Camerún, para alivio del gobierno de París.

   Un valioso agente cubano, Orlando Hidalgo, se escabulló a Occidente llevando consigo revelaciones importantes, entre ellas la vigilancia que Castro había ordenado montar contra Curiel. En octubre de 1969, Hidalgo documentaba dicha operación en sesiones de la comisión del senado americano11.

   Entre las metas que el gobierno cubano deseaba procurar se encontraba el de confeccionar maniobras contra Solidaridad, trazándose un esquema de trabajo para explotar cualquier eventualidad de obtener detalles sobre Curiel, su organización y sus posibles agentes en otros países, incluyendo Cuba. La Habana precisaba enterarse y sujetar los eslabones que la organización sostenía con Curiel para así infiltrar a Solidaridad. Asimismo, la Sección II-3 de la seguridad cubana se dio a la tarea de investigar en Cuba a todos los extranjeros que trabajaban con Curiel.

   El ex agente Hidalgo confesó que contra Curiel se aplicaron medidas operativas: vigilancia, intercepción de la correspondencia y llamadas telefónicas, y rastreo de sus contactos personales.  Se indagó información incluso en fuentes latinoamericanas, españolas y francesas, y a través de viajeros miembros de esa organización que frecuentaban Cuba. También se valieron de las becas que ofrecía Francia a Cuba para instalarle a Curiel los topos habaneros.

   El 4 de mayo de 1972, Curiel fue abatido a balazos cuando tomaba el ascensor de su apartamento en París. La precisión de los disparos, la exactitud cronométrica de la operación, y la ausencia de rastros llevaron a la policía parisina a determinar que la ejecución había sido hecha por un equipo altamente profesional. La muerte de Curiel resulta aún hoy una incógnita. Muchos dedos acusadores señalan hacia los puntos más dispares: la OLP, el Mossad, los miembros de la OAS francesa, los servicios franceses, la mafia marsellesa, los vascos de la ETA. Como era de esperarse,  los hábiles servicios de Castro lograron evadir los estimados más sombríos.

 

LAS BRIGADAS ROJAS

 A principios de la década de los cincuenta, la organización paramilitar clandestina del partido comunista italiano Volanta Rossa que dirigía Pietro Secchia se desmembró y un nutrido número de sus militantes fueron a medrar a Checoslovaquia. Las cofradías iniciales de las Brigadas Rojas, especialmente bajo la égida de Carlo Curcio y de "Franceschini", se alimentaron con viejos militantes de la Volanta Rossa, como Genovese Giovanbattista Lazagna. Praga se transformó en el centro de los tornaviajes y de contacto entre ambas vertientes y los servicios secretos del bloque soviético.

   Praga era, además, el corazón de los enlaces y conjuros de las maquinarias de inteligencia del bloque soviético. Por su vecindad era útil como refugio temporal o permanente a los militantes perseguidos, como el romano Roberto Viel; y un destacado miembro de las Brigadas Rojas, el editor italiano Feltrinelli, en su momento, era un asiduo excursionista de la villa checa. 

   Las relaciones de Castro con los extremistas italianos se patentizaron en abril de 1965, cuando fueron detenidos en Caracas tres componentes del partido comunista italiano: Alessandro Beltramini, Josefa Ventosa y Clara Bartic. Se les apropió $330,000, y se supo que prestaban servicio de correo entre La Habana y las guerrillas venezolanas. La conexión de La Habana con el librero Feltrinelli se difunde a fines de la década. Feltrinelli publicará en su editorial, en varios idiomas, los manuales Guerra de Guerrillas, del Che Guevara, y el de guerrilla urbana del brasileño Carlos Marighella.

   Los italianos Maurizio Folini y Oreste Scalzone, exilados en Francia por su filiación con las Brigadas Rojas, sostenían estrecho contacto con los cubanos y los soviéticos; y, servían de vínculo y eran proveedores de pertrechos militares para los dispares grupos terroristas que avivaba con eficacia misteriosa el Instituto Hisperión. Esta rítmica relación la perpetuarían los italianos Mario Moretti y Toni Negri. Así, el clandestinaje de la violencia europea se moverá en el eje Praga-Instituto Hisperión, perímetros teledirigidos por los cubanos y por los soviéticos. En Checoslovaquia los subversivos del viejo continente concurren a cursos especiales en las localidades de Karlovy Vary y Doupov.

   En el otoño de 1978, bajo el abrigo de emisarios cubanos se propicia un encuentro entre las Brigadas Rojas y la OLP, donde ésta se compromete a aprovisionar con armamentos a los italianos. Para la inteligencia castrista era más hacedero lidiar con este kaleidoscopio desde el propio suelo europeo, y al efecto trasladará uno de sus ramales a Viena para, desde allí, con mayor comodidad, estimular las hasta entonces infrecuentes coordinaciones y los arreglos con las heterogéneas bifurcaciones de los palestinos, la religiosa barbarie de los belgas, las acciones sin sentido de los italianos y otros.

   Castro, como teólogo de la violencia, ayudó a conformar una asociación para ejecutar acciones urbanas irregulares, proveniente del ramal palestino pro-soviético de George Habash, el famoso Frente Popular para la Liberación de Palestina, cuyo brazo armado lleva el nombre de Comando Budiá. Este combinado será dirigido por el argelino Budiá, ex‑benbellista y amigo personal de Castro.

   Se inició así un trágico ciclo de violencia hacia todo lo que estuviese relacionado con Israel en Europa. Tel Aviv, ni corto ni perezoso, decidió ajustar cuentas y pronto se desató un juego letal de golpes y contragolpes. Tras el misterioso desvanecimiento de Budiá en París, la embajada de Cuba en Francia desempeñará un papel en la posterior reorganización del Comando que será puesto bajo la batuta del discípulo de Budiá, Ilich Ramírez Sánchez oriundo de Venezuela, que no solo aventajaría con creces las expectativas de su maestro, sino que pasaría a la leyenda como "Carlos, el Chacal".

   Carlos también había recibido su litúrgica iniciación a la violencia en la conferencia Tricontinental de La Habana. Allí  obtiene de los cubanos una amplia preparación de comando en la provincia de Matanzas que comprende clandestinaje y sabotaje urbano, el uso de las armas automáticas, la manufactura de explosivos, las técnicas de la cartografía y la fotografía, falsificación de documentos, cambio de fisonomía y demás12. De allí la DGI lo confió a la KGB para un curso más perfeccionado; tras concurrir a clases especiales en la URSS, retornará nuevamente a Cuba donde se le instruye en las crípticas artes de la contrainteligencia. Después de su graduación pasa a las filas del Comando Budiá en Europa.

   El gobierno inglés confirma la conexión de la embajada cubana destacada en Londres con las diligencias de Carlos, provocándose la expulsión de un agente de la inteligencia cubana que actuaba bajo cobertura diplomática13. Por su parte el ministro del interior de Francia, André Mousset denunció la asociación directa de Cuba con la máquina del horror de Carlos, al exponer los nexos de éste con al menos tres representantes cubanos en París14 "tras varios días de investigación, el gobierno francés demandó la expulsión de tres diplomáticos cubanos bajo la acusación de que eran cómplices de Carlos (el terrorista Ilich Ramírez Sánchez), y los servicios secretos cubanos no toman tales acciones sin autorización de la KGB15”.

 

LA UNIDAD POPULAR                  

 Los chilenos vivían con la ilusión de que eran inmunes a los espasmos sociales que padecía el resto del continente, y que por lo tanto consideraban imposible que en su país tuviese éxito la cruzada comunista que acaudillaba Castro. Mientras Estados Unidos desarrollaba en el continente las técnicas de la contrainsurgencia para combatir las guerrillas rurales y urbanas promovidas por Cuba, en Chile respaldaba la elección y presencia de un candidato moderado como el eje cardinal de su política hacia América Latina. Así, tanto la CIA como Cuba trataron de influir con operativos encubiertos las elecciones chilenas de 1962, 1966 y 1970.

   En junio de 1961, el agente cubano José R. Viera organizó y financió los motines que sobrevinieron en Santiago de Chile en ocasión de la visita del enviado norteamericano Adlai Stevenson.  Viera había sido expulsado de Bolivia en 1963 por realizar labores de espionaje. En marzo de 1963, el gobierno chileno detenía y expulsaba del país a Alfredo García Almeida, miembro de la inteligencia cubana. Bajo una falsa identidad García intentaba introducirse en el Perú con el fin de recuperar documentos comprometedores para Castro extraviados en un accidente de aviación.

   El año 1970 marcó la victoria del diputado chileno marxista Salvador Allende, que ya en cuatro ocasiones había retado las urnas. Desde el exterior las fuerzas continentales en pugna se mueven para precipitar el triunfo de sus candidatos en esas elecciones: los Estados Unidos invertirán $800 000 y Cuba $350 000.  También los soviéticos desembolsarán una cantidad indeterminada16. Tanto la CIA a través del ejército chileno, como Cuba terciando con el Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR), habían previsto dar un golpe de estado si sus escogidos perdían la partida electoral.

   Cuba y el bloque soviético consideraban que el triunfo de Allende era una victoria del comunismo que permitiría establecer una versión chilena de los regímenes de Europa Oriental. Tras obtener la presidencia, Allende revela casi de inmediato su programa de estatalización de las industrias más importantes, la reforma agraria y la apertura hacia el mundo marxista.

   El período de Allende marcó un duelo directo entre los servicios secretos cubanos y la CIA, en territorio chileno. La inteligencia norteamericana dedicó $13 millones en operaciones encubiertas para Chile17 y sus colegas cubanos de la DGI y del Departamento América no se quedarán atrás para tratar de estar en la altura de este desafío. Para consolidar a Allende los cubanos intuían que tendrían que demoler obstáculos formidables en el tejido social del país, como el partido Demócrata Cristiano, el ejército, las fuerzas de seguridad, los sindicatos, el Congreso y la Iglesia Católica.

   Durante el período 1970-1973, los servicios secretos cubanos ofrecerán asesoría y recursos en el reforzamiento militar del MIR liderado por Miguel Enríquez y Pascal Allende, para hacer avanzar su agenda en Chile, incluso por encima del presidente Allende. La CIA, por su lado, utilizará, colateralmente, a la Brigada Rolando Matus, y a los grupos de Patria y Libertad dirigidos por Roberto Thieme; asimismo, costeará con holgura una campaña propagandística donde, entre otras cosas, subvencionará al importante diario El Mercurio.

   El pánico cunde en todas las capitales del hemisferio al transformarse el Chile de Allende, con el concurso de La Habana, en santuario inmediato de guerrilleros y de elementos subversivos del continente. En Santiago, la capital, y en el puerto de Valparaíso, comienza a llegar una oleada de exilados argentinos, mexicanos, brasileños, uruguayos, peruanos, etc., en la que figuran aventureros, teólogos resbaladizos, disparatados profetas y arribistas de toda laya, para recibir entrenamiento y ayuda financiera por parte del MIR y de los cubanos.

   Mientras los soviéticos se manejaban mediante sus canales tradicionales de influencia con el partido comunista, Castro apoya, adiestra y arma al MIR para que actúe como una extensión de su política externa. Los cubanos entregan al MIR cantidades sustanciales de armas cortas checas y soviéticas que son desembarcadas por los aeroplanos de Cubana de Aviación y los paquebotes de la marina mercante cubana. Según Robert Moss, la mayoría del personal diplomático cubano destacado en Chile labora en la coordinación de revoluciones para todo el Cono Sur.

   El oficial cubano Fernández Oña, que había estado a cargo del foco guerrillero del Che Guevara en Bolivia, trabajaba desde el Palacio de La Moneda; uno de sus asistentes supervisaba directamente el sistema de comunicaciones del presidente Allende hacia el exterior. Más adelante, Oña se casará con Beatriz Allende, la hija del presidente, que se suicidará posteriormente en circunstancias misteriosas en La Habana.

   En Chile, la DGI y el Departamento de América habían desarrollado el Plan Z con el fin de consolidar la facción de Allende, y lanzar desde ese territorio acciones subversiv­as en toda sudamérica. Uno de los agentes claves del Departamento América en Chile lo era Juan Carretero, hombre de confianza de Piñeiro.

   De acuerdo con el relato del ex-funcionario cubano José Luis Llóvio, Castro comentaría sobre la naturaleza del régimen chileno, el carácter del presidente Allende y las expectativas de todo este enredo, en una cena de fin de año ofrecida por la élite política cubana a raíz del regreso del "Comandante en Jefe" de su controversial gira por Chile18 "la consolidación del proceso revolucionario chileno también significa que contaremos con un trampolín para infiltrar nuestras ideas en Argentina, en Brasil.  Eso lo saben nuestros "amigos" los yanquis, que, por supuesto, harán todo lo que puedan por impedirlo; pero difícilmente lo logren.  La revolución en Chile es ya irreversible, y si llega el momento de luchar, lucharemos junto al pueblo chileno, alentaremos la guerra civil si es necesario, haremos cuanto esté a nuestro alcance.  En este sentido, es vital nuestro contacto "extraoficial" con el MIR".

   En septiembre de 1971, la CIA prevenía al estado mayor del ejército chileno de la existencia de un operativo lanzado por Cuba para penetrar todos los niveles de las fuerzas armadas, ofreciendo como pruebas el hecho que el cuerpo de investigación de los carabineros ya estaba actuando en concierto con la DGI cubana para acopiar información que sería utilizada en contra del alto mando militar19.

   El fin de La Habana es crear, en un momento favorable, una crisis interna en Chile que obligase al presidente Allende a romper con los marcos constitucionales y declarar un régimen socialista de facto, con el apoyo de una fuerza para militar del MIR y unidades tácticas leales. Utilizando elementos chilenos pro castristas, La Habana trata de persuadir al gobierno de Allende hacia una administración más dura que elimine a las figuras moderadas. 

   En 1972, Allende expropia las principales compañías norteamericanas, especialmente las del cobre. En diciembre de ese año, da un paso temerario al viajar a la URSS, para acordar que la reestructuración de las fuerzas armadas chilenas, un mayor apoyo económico, y una alianza política en América Latina que pueda, con el sostén de Cuba, enfrentarse a los Estados Unidos.

   Los soviéticos estaban interesados en dilatar su influencia en América del Sur y en patrocinar la victoriosa colación que Allende había forjado entre las organizaciones de la izquierda para presentarla como el modelo de la revolucionó marxista mediante la vía no violenta. Asimismo, Allende permitió que los servicios de espionaje cubano utilizasen a Chile como base para proveer armamento y entrenamiento a diversos movimientos revolucionarios del continente.

   Para las elecciones del congreso chileno de 1973, los cubanos sumados al grupo de Allende pretenderán imponer un estado socialista marxista por la vía pacífica o por medio de un alzamiento golpista si el método de la "concordia" fallaba. Castro tenía antecedentes de que se gestaba una excepcional oposición que acaso podía concluir con un golpe en contra de Allende; pero el chileno no se movió con la rapidez requerida por La Habana.

   La incapacidad económica del gobierno de Allende, así como la omnipotente presencia de los cubanos en Chile, desemboca en la desobediencia civil y huelgas de sectores económicos. Castro contaba con un poderoso dispositivo de cubanos al mando de los jimagüas Patricio y Antonio de LaGuardia, que desde los sótanos del palacio presidencial dirigían la operación de Chile. La intriga de los cubanos y Allende llegó hasta las fuerzas armadas, donde pretendían lograr el apoyo de algún sector para forzar la disolución parlamentaria y la proclamación del inicio de la etapa socialista. 

   En septiembre de 1973, el grueso de las fuerzas armadas, nucleadas alrededor del general Augusto Pinochet, dio al traste con el desesperado plan de la Habana cuando inició la toma de la capital y del palacio presidencial. Los hechos culminaron con el suicidio del presidente chileno, rodeado en la casa presidencial, el Palacio de la Moneda, y en la formación de la junta militar capitaneada por el general Pinochet.

   De inmediato, el general Pinochet estableció lo que en la América Latina se ha dado en llamar un gobierno de mano dura. Una vez mes el castrismo había precipitado la polarización en una sociedad latinoamericana hacia sus más estridentes posiciones. Se desarticuló los partidos políticos, estableciéndose el control de la prensa, el encarcelamiento o enjuiciamiento y ejecución de los más prominentes militantes del complot allendista. 

   De inmediato, la maquinaria propagandística de La Habana montó una de las campañas más espectaculares contra el gobierno de los militares chilenos, logrando que fuese repudiado por amplios sectores internacionales, y ofreciendo a Castro la cobertura política necesaria para que el papel de los cubanos, verdaderos promotores del caos en Chile, quedase sepultado, y para poder actuar con cierta impunidad en la promoción de futuros hechos violentos.

   El Departamento de América comenzó a reactivar el MIR chileno a mediados de 1979, reclutando remesas de jóvenes exilados que fueron mandados a La Habana para ordenarse en el arte militar.  A este contingente se unieron muchos de los chilenos que residían en Cuba desde los tiempos de Allende. El partido comunista de Chile se vio compelido a reflexionar su postura en favor de la transición pacífica, particularmente a la luz de los eventos en Nicaragua donde el núcleo marxista, inserto en el sandinismo, surgiría de la guerra civil como centro de potestad absoluta.

   En diciembre de 1980, el jefe comunista chileno Corvalán se entrevistó en Cuba con Castro, quien le presionaba para que se estableciera una oposición chilena unificada. Ese mismo mes, en ocasión del II Congreso del PC cubano, Corvalán pronuncia una alocución donde concreta una línea novedosa, proclamándose partidario de lucha violenta y la necesidad de coordinar esfuerzos con todos los partidos incluyendo la izquierda violenta. Por esos días, por lo menos un centenar de terroristas chilenos del MIR debidamente entrenados en La Habana, logran introducirse en Chile con documentación falsa, desatando una ola de atentados, asaltos de bancos y golpes de mano. 

   En enero de 1981, Corvalán elogia públicamente desde Moscú la posición terrorista del MIR y apunta que el PC chileno se halla en disposición no sólo de respaldar al MIR, sino de firmar una alianza estratégica con éste. En febrero de 1981, el diario cubano Granma hizo eco de esta ofensiva pregonando que la "resistencia chilena había conducido, durante el año anterior, más de 100 acciones armadas exitosas".

   La campaña de sabotajes escalará en el año 1984 tras una infiltración clandestina procedente de Cuba, Nicaragua y Libia. De enero de 1985 a abril de 1986 los terroristas chilenos consuman más de 1,700 atentados. El 6 de agosto de 1986 el régimen militar de Pinochet descubre múltiples depósitos de armas, 70 toneladas en total, el arsenal más grande que haya poseído cualquier grupo subversivo en América Latina. 

   Según las autoridades chilenas, más de 200 individuos participaron en la operación de descarga de pertrechos bélicos desde "inocentes" embarcaciones pesqueras cubanas y soviéticas. Un conglomerado de chilenos del MIR y del FPMR conectados a estas faenas es apresado; en sus deposiciones enteraron a las autoridades cómo habían sido entrenados por meses en un lugar de Cuba conocido como Punto Cero.

   Tras las elecciones que decidieron la derrota del sandinismo y el triunfo de la coalición encabezada por Violeta Chamorro en Nicaragua, los militantes del MIR que se hallaban en ese país se encaminaron con premura hacia Cuba, sobre todo los que participaron en el atentado que liquidó a Somoza y los que formaron parte del ejército sandinista.

 

LA CUMBRE DE ARGELIA

 En septiembre de 1973, tiene lugar la IV Conferencia Cumbre de los No‑alineados en Argelia, con la asistencia de 75 países miembros plenos y 3 invitados. Luego de realizar un trayecto por el Caribe, Guinea, Irak, India, Checoslovaquia y Vietnam, Castro arriba al prestigioso recinto escoltado por los primeros ministros de Jamaica (Michael Manley), de Guyana (Forbes Burham) y de Guinea (Lansana Beauvogui).

   En un documento cubano incluido en la declaración general se reiteraba que sólo mediante las armas los africanos lograrían su liberación. En su discurso Castro ataca la teoría de los dos imperialismos. La oposición a los postulados pro-soviéticos de Castro tiene como ejes primordiales al presidente libio Khadafi y al príncipe camboyano Norodom Sihanouk. Ambos acusan a Castro de cipayo pro‑moscovita y de entronizar la discordia en el seno del movimiento; Khadafi va más allá, exigiendo incluso su expulsión.

   A partir de 1969, Khadafi había desatado una furiosa campaña contra Castro por las relaciones que Cuba sustentaba con Israel, acusándolo de falso no-alineamiento. Khadafi trataba de establecer entre otras cosas un espacio hegemónico sobre los grupos que abrazaban la lucha armada y en consecuencia se veía en la necesidad de abogar por el desplazamiento de Castro como posible centro del no-alineamiento.

   Pero Castro no se deja dominar por la cólera y maneja hábilmente la situación, anunciando en medio de la conferencia el rompimiento de relaciones diplomáticas con Tel-Aviv y reconociendo a la OLP como un estado. La movida en favor de la nación Palestina, además del filo político, tiene una consideración económica: obtener facilidades para negociar créditos financi­eros con Irak, Argelia y Kuwait. 

   De inmediato, Castro agranda su contribución a Arafat y a las guerrillas de Omán, mientras promueve el contencioso de Eritrea y del Ogadén, tratando de provocar el desmembramiento de ambos territorios de Etiopía y el consecuente desplome de esta monarquía, a horcajadas sobre un pueblo de hambres espantosas. En esta asamblea Castro urgió a los miembros árabes del cartel petrolero de la OPEC a utilizar el arma del petróleo como un instrumento internacional de presión sobre el orden occidental, y a demandar una reorganización de la economía mundial20.

   En 1972, después de la firma del tratado de seguridad bilateral entre la URSS y los baasistas iraquíes, nace un estrecho matrimonio entre La Habana y Bagdad. Un año después, Castro inaugura las relaciones diplomáticas con Kuwait; está en el cenit de su aureola como figura estelar del tercer mundo.

   Los cubanos ofrecen a los iraquíes entrenami­ento de contrainsurgen­cia para ser utilizado contra los kurdos; y la perturbación de tal magnitud que, en 1974, La Habana se ve en la necesidad de expandir su misión militar e incluir el entrenamiento de comandos especiales, a la vez que ayudaba a construir carreteras militares hacia el frente israelí y el iraní.

   Por otra parte, una brigada de tanquistas cubanos provenien­te de la División 50 donde figuraba el general Néstor López Cubas, toma parte en la guerra del Yon Kippur combatiendo en las Alturas de Golán del lado sirio. Las legiones cubanas funcionan subordinadas al mando soviético, siendo ésta la primera acción coordinada con Moscú. El traslado de la brigada se efectúa por vía aérea violando el espacio aéreo de Arabia Saudita.   De acuerdo con Edward González, el número de tanquist­as cubanos emplazados en Siria fluctuaba entre 500 y 750; así también un dispositivo de pilotos cubanos y norcoreanos fue enviado para entrenar a los sirios21. La entonces eminencia gris de los ejércitos israelíes, Moshé Dayán, estimó que había aproximadamente 3,000 cubanos al lado de Siria22 "las fuentes israelíes, citadas en la prensa occidental, mantuvieron que dos brigadas de cubanos (3,000 a 4,000 hombres) sirvieron en las Alturas de Golán23”.

   Los batallones cubanos sostienen múltiples encontronazos menores con el ejército israelí. Los israelíes constataban así que se hallaban ante un enemigo a todas luces superior a los árabes, tomándolos al principio como unidades soviéticas. Durante estas acciones perecen 180 cubanos y 250 resultan heridos24. La artillería cubana en Golán se hace sentir en el lado israelita por la precisión de los tiros. Allí utilizarían como traductores a numerosos palestinos entrenados en Cuba.

El Economist Foreign Report reportaba lo siguiente25 "la guerra de desgaste comenzó a las 5 a.m. el 4 de febrero de 1974, cuando los tanquistas cubanos abrieron fuego contra las posiciones israelíes.  Los choques más violentos entre los israelíes y los cubanos tuvieron lugar a mediados de febrero, a lo largo de marzo, a mediados de abril y a mediados de mayo.  A lo largo de tales encuentros, los israelíes presiona­ron a los americanos con vistas a que los rusos extrajeran a sus legionarios cubanos fuera de Siria".

   Como ha señalado Damián Fernández, especialista en el área "los israelitas notaron un incremento en la calidad combativa del enemigo" señalando además que los cubanos habían sufrido numerosas bajas26. Estas fuerzas cubanas son reemplazadas posteriormente por unidades frescas, las cuales a su vez fueron despachadas hacia sus cuarteles en el Congo Brazzaville27.

"En septiembre, Raúl Castro realizó una visita a las unidades cubanas en Siria, acompañado por una comitiva de altos oficiales. La gira duró todo un mes realizándose una minuciosa supervisión de ejercicios de entrenamiento y del nivel de preparación combativa de las tropas en general. Al finalizar el recorrido tuvo lugar una parada festiva con la presencia de los líderes políticos y militares sirios, durante la cual el preside­nte Assad y Raúl Castro condecoraron a oficiales y soldados de las fuerzas cubanas".

   En mayo de 1975, el ministro de defensa israelí Shimón Perés apuntaba que aún se mantenían en suelo sirio alrededor de 300 soldados soviéticos junto a un número indeterminado de tropas cubanas y norcoreanas28. Las fuerzas cubanas fueron relevadas por lo menos tres veces en Siria. Su presencia en las Alturas de Golán duró al parecer hasta inicios de enero de 1975 cuando en ocasión de una visita a Siria los generales cubanos Senén Casas Regueiro y Raúl Castro determinan el traslado secreto de las mismas hacia a Angola, a través de Yemen del Sur29. En palabras de Raúl Castro30 "y no es para nadie un secreto que, en un momento dado de peligro y de amenaza a la República de Siria, nuestros hombres estuvieron en Siria".