CAPITULO 21
LA CRISIS CENTROAMERICANA

 
La victoria sandinista, y la del movimiento de La Nueva Joya en Granada, revitalizó el impulso del líder cubano en la promoción de la rebelión armada como medio más viable para lograr la liberación nacional en América Latina. Un Castro, guerreador, belicista, a la sombra de dichos éxitos declaraba en julio de 1980: "la experiencia de Guatemala,  El Salvador, de Chile y Bolivia nos enseña que no existe otra vía que la revolución, y no hay otra formula que la lucha armada revolucionaria, que es la tesis que Cuba ha defendido1.

   Castro de nuevo soñaba con los espacios infinitos del continente. Así, reiniciaría la borrasca de entrenamiento a insurgentes, de amparo a las guerrillas de Colombia, de Chile, de El Salvador, de Guatemala, y de otras naciones de América Latina y de África. La élite directriz de las guerrillas en El Salvador y en Guatemala fue preparada en Cuba en labores de inteligencia, en el uso de armas, y en operaciones de combate urbano y rural. Antes de 1979, el auxilio cubano a los salvadoreños había consistido en el entrenamiento de insignificantes bandos armados junto a un poco de dinero y el uso de sus organizaciones y territorios como un conducto político hacia otros partidos del continente.

   Cayetano Carpio había sido desde el inicio el hombre clave del Partido Comunista en la introducción de Cuba en El Salvador. Conocido como "el Ho Chi Minh salvadoreño", Carpio había estudiado unos años en la URSS y era amigo personal de Castro. Además, había sido secretario del partido comunista de su país entre 1964 y 1969, con el que rompe en 1970 para aliarse al castrismo y a los nicaragüenses "terceristas" de los hermanos Ortega. 

   Al conformar las Fuerzas Populares de Liberación (FPL), Carpio se da a la tarea de aplicar la nueva concepción de la guerrilla urbana en El Salvador, creando una atmósfera de caos en las ciudades a través de una cadena de secuestros, asesinatos, extorsiones, y robos de bancos que provocaron la acción represiva del gobierno. Por ejemplo, el domingo día de las madres del año 1977, se produce un mayúsculo escándalo con el secuestro y homicidio del ministro de relaciones exteriores salvadoreño Mauricio Borgonovo, cuyo cadáver es abandonado en plena calle.

   Hasta la victoria sandinista, El Salvador se mantuvo dentro de la estrategia castrista centroamericana como un punto de tránsito hacia ese país, hacia Honduras y Guatemala. Es más, una porción mayoritaria de los millones de dólares que los terroristas salvadoreños, y en particular el grupo de Carpio, habían obtenido en atracos y por recompensas de rescate en la década de los setenta se había usado para asistir a los sandinistas en su contienda bélica.

   Sin dudas, la lucha sandinista era el catalítico más poderoso dentro de El Salvador. El derrocamiento del absolutismo somocista creó una formidable expectación entre los abanderados de la izquierda centroamericana y contribuyó a impulsar las acciones. No habían pasado escasamente los primeros días de asumir el poder los sandinistas, cuando ya estaban sosteniendo sesiones con los líderes insurgentes salvadoreños con vistas a planear la extensión del conflicto al resto de la América Central2.

   De acuerdo con Pastora, los cubanos la emprendieron a fondo en El Salvador dos meses después del triunfo de la revolución nicaragüense, asistidos por Hugo Torres y Cuadras. En 1979, el grupo de Carpio vuelve a sus andanzas asesinando al ministro de educación Carlos Herrera Rebollo y dos días después al encargado de negocios de Suiza, Hugo Wey.

   Los comunistas salvadoreños comenzaron a adiestrarse en los campamentos de Nicaragua, y luego, ya en plena campaña, disponían de sus centros de comunicaciones en Managua. Pastora ha comentado al respecto que el objetivo de los sandinistas era la conquista de América Central en un período de diez a veinte años, ya que el destino de Nicaragua como entidad aislada no era lo substancial para ellos3.

   En julio de 1980 Castro manifestó que la experiencia de Guatemala, El Salvador, Chile y Bolivia llevaba a la deducción de que la única ruta y fórmula para el resto del continente era la revuelta armada. Esta declaración intentaba justificar públicamente las diligencias silenciosas que habían estado realizando los antillanos desde 1978. El delegado en La Habana de las cuadrillas rebeldes unificadas de El Salvador, Oscar González, en una plática con diplomáticos del bloque soviético y movimientos insurgentes latinoamericanos, expuso que el proceso centroamericano resultaba un todo donde el sandinismo había sido la primera llama, y que Guatemala, El Salvador y Honduras tendrían también su hora de liberación4.

   Los cuerpos de inteligencia cubano utilizarían su personal diplomático y colaboradores civiles y militares en Nicaragua para sus designios por desestabilizar toda el área. Sería Fernando Comas Pérez, oficial cubano destacado en Managua, quien coordinaría en estos inicios todo lo relativo a la insurrección salvadoreña. Así, el mando central instaurado en Costa Rica por el coronel Tony de LaGuardia y destinado a monitorear la insurgencia sandinista era transferido a Managua para encaminar desde allí los objetivos de las guerrillas de Guatemala y de El Salvador.

   En el verano de 1979 los cubanos activaron al chileno Fernando Carrasco Illanes, emisario operativo en Costa Rica que había participado en el manejo logística hacia Nicaragua. La Habana movió nuevamente el mercado negro de armas en la zona, desempeño que también se coordinó desde el consulado cubano en San José. Al principio, los cargamentos de armas y otras formas de subvención se mantuvieron a niveles moderados al tiempo que se insistía en la estrategia de unión como prerrequisito para incrementar la logística militar.

   La revolución democrática salvadoreña fue capaz de derrocar la dictadura del general Carlos Humberto Romero, pero no logrará consolidarse ante la insurgencia tanto de la izquierda como de la extrema derecha. El partido comunista de El Salvador participó en los primeros momentos de esta junta militar. El peligroso Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), de tendencia pro castrista, que en los años setenta se había dedicado a asesinar los cuadros del partido comunista, se opuso violentamente a la Junta desde el principio.

   Pasado el golpe castrense salvadoreño en octubre de 1979, la prioridad inicial de Castro fue la de consolidar la organización y unidad de esta fragmentada izquierda insurreccional, aconsejando una coordinación operativa como la que había funcionado para el sandinismo. Pero la asistencia cubano-nicaragüense solo se canalizó hacia los corrillos más radicales en ideología y métodos, como el de Handal y el de Carpio. 

   Los fusiles M-16 abandonados por Estados Unidos en Vietnam arribaron a Cuba provenientes de la URSS en septiembre de 1980. Castro exigirá de estos bandos armados la mayor discreción respecto al favor del pabellón soviético. Estos armamentos configuraron las preliminares remesas fletadas a El Salvador5. "Los rifles FAL que Castro nos había dado se enviaron a El Salvador. Asimismo fueron los M-16 de Vietnam; también los M-1, las ametralladoras M-60, y cohetes ligeros antitanques".

 

EL CONFLICTO SALVADOREÑO

 Los cubanos comienzan a preparar a los costarricenses en Nicaragua a partir de 1980. Para julio de 1985, alrededor de 700 costarricenses habían recibido algún tipo de entrenamiento en Cuba, y se hallaban de regresó en su país. Costa Rica se transformó en una avenida para la multitud de salvadoreños que iban a obtener entrenamiento en Cuba, utilizándose para dicho tránsito los domicilios, el transporte y otras facilidades brindadas por marxistas costarricenses.

   De consuno con los sandinistas, los cubanos terciaban en las entidades sindicales de Costa Rica para que asumieran posiciones intransigentes en las negociaciones laborales, para así ir creando fricciones en ese sector. Lo escandaloso de la circunstancia obligó al gobierno de San José a expulsar del país al cónsul antillano Comas Pérez. 

   La represalia de La Habana no se hizo esperar. Se desató en Costa Rica una ola de salvajismo utilizando al movimiento republicano costarricense, y con apoyo de algunos Montoneros argentinos, de Tupamaros uruguayos y de miembros del M-19 de Colombia, que se hallaban a la sazón merodeando en Managua.

   A los pocos días de la expulsión de Comas, volaba en pedazos un vehículo con tres infantes de marina norteamericanos en San José, a lo que siguió el ametrallamiento de un automóvil de la policía en plena vía pública y el asesinato de tres carabineros. De este modo, La Habana forzaba al gobierno costarricense a hacerse de la vista gorda en todo lo concerniente al apoyo que brindaban a los guerrilleros salvadoreños desde territorio costarricense.

   Para forjar la fusión de los insurgentes salvadoreños, La Habana convocó a una reunión en septiembre de 1979 que concluyó con un acuerdo tentativo de entrar en una especie de coordinadora manejada por su servicio secreto. Las organizaciones que convinieron en dicha coalición fueron: las Fuerzas Armadas de Resistencia Nacional (FARN), surgidas tras el asesinato de su ideólogo Roque Dalton; el Frente Popular de Liberación (FPL), dirigido por Carpio; y el Partido Comunista de El Salvador, que por insistencia de Cuba y de la URSS, había modelado una columna armada.

   Este contrato original no desenredaría las pugnas. Carpio alimentaría intensas contradicciones contra el secretario del partido comunista, Handal. Castro en persona tendrá que mediar de nuevo, y es así que en diciembre de 1979, se convoca un concilio en el Palacio de la Revolución en La Habana con los tres protagonistas salvadoreños, para resolver sus diferencias6. "En abril de 1980 se realizaron una serie de reuniones   en la Embajada de Hungría en la ciudad de México, a las que asistieron representantes de las FAL, brazo armado del Partido Comunista Salvadoreño, y diplomáticos de la Unión Soviética, Cuba, Vietnam, Alemania Oriental, Bulgaria y Polonia.  De allí surgió una estrategia de unificación de todos los grupos y se decidieron los apoyos logísticos".

   Para mayo de 1980, era inmensa la presión de la Gran Antilla sobre el Partido Comunista de El Salvador para que se cristalizara el montaje de un comando que posibilitase la planificación política y militar. Castro exigió la inmediata afiliación integral de las facciones rivales, como precio de la ayuda cubana. Después de prolongadas negociaciones con La Habana, el Frente Revolucionario Popular (FRP) fue admitido dentro de la federación guerrillera.

   El nuevo comité militar unido adoptó el nombre de Directorio Revolucionario Unificado (DRU) y la jefatura recayó en Carpio. Integraban el resto de la directiva el socialista Manuel Ungo, Handal, Joaquín Villalobos, Roberto Roca, el pro-castrista Eduardo Sancho Castañeda y el demócrata cristiano Rubén Zamora. Se escogió como título del nuevo frente el de Farabundo Martí, comunista salvadoreño que había sido agente de Stalin en el Cominterm en la década de los veinte y de los treinta, y que públicamente había alentado las purgas en la URSS.

   Villalobos comandaba el Ejército Revolucionario del Pueblo, quien en 1974 había ejecutado personalmente al conocido poeta comunista Dalton, su principal rival político y amigo personal de Castro. El jefe de las FAL era Handal, secretario general del partido comunista e íntimo de los soviéticos y de los cubanos. Un grupo de especialistas del departamento operacional de la seguridad cubana comenzó a prestar servicios a las figuras prominentes del Directorio, en sus planes de guerra.

   En 1980, Handal se encaminó al bloque soviético en un viaje arreglado por Cuba y la URSS, donde solicitaría asistencia material para la guerrilla de El Salvador. En Vietnam, Handal se entrevistó con Le Duan, Xuan Thuy y Tran Van Quang, quienes le prometieron pasarle armamento del arsenal abandonado por los norteamericanos.  En Etiopía fue agasajado por Mengistu, quien también le facilitó armas de fabricación norteamericana. En Bulgaria le atendió Stanichiev, miembro del secretariado, el cual le propició pertrecho de guerra alemán de la Segunda Guerra Mundial.

   En Praga, Handal sostuvo negociaciones con Gustav Bilak, segundo secretario del comité central, y allí obtuvo también logística y vituallas. En Hungría, Janos Kadar quedó en remitirle equipos de comunicaciones y medicinas. En la República Democrática Alemana se reunió con Axen, miembro del buró político, quien le resolvió armamento y entrenamiento militar para sus cuadros.

   Así se llegó al establecimiento de los frentes guerrilleros, de una verdadera red logística, y de una maquinaria de propaganda y desinformación en los Estados Unidos y en Europa occidental. Los cubanos adiestraron a las guerrillas de El Salvador y de Guatemala en el aeropuerto nicaragüense de Punta Huete. Chilenos, argentinos y palestinos no sólo preparaban a los insurgentes salvadoreños desde Nicaragua, sino que muchos de ellos intervinieron en los combates.

   De inmediato, la contribución militar se incrementó a través de Nicaragua y de la nómina cubana en Costa Rica; también se crearon cursos trimestrales para el entrenamiento de unidades guerrilleras. Uno de esos banderizos de la FPL que desertó más tarde ha explicado cómo en 1980 lo sometieron a un adiestramiento de siete meses en Cuba, que incluía la demolición submarina7 "debido a la infiltración en gran escala en el ejército salvadoreño, por los insurgentes, existe una buena inteligencia de donde operará el ejército salvadoreño".

   En agosto de 1980, Ernesto Jovel, cabeza regente de la FARN decide divorciar a su organización del Directorio, en medio de una apasionado disputa con Villalobos del ERP, y en protesta ante la total dependencia en que habían caído los frentes guerrilleros salvadoreños con respecto a los cubanos. La postura de Jovel provocó la paralización de la ayuda cubana y el pánico tanto en Managua como en La Habana. El 22 de septiembre, apenas un mes después de dicha separación, Jovel perece en un extraño accidente cuando el avión que le llevaba a Panamá estalla en el aire. De inmediato, asumió la dirección de las FARN el pro-cubano Sancho Castañeda; el FARN se reintegra al Directorio y se restablecen los embarques de armas de Cuba.

   De acuerdo con Arquímedes Cañada (alias Alejandro Montenegro) uno de los capitanes rebeldes que desertó en mayo de 1983: "los cubanos asesinaron a Jovel porque estaba opuesto abiertamente a los planes cubanos". Montenegro agregó8 que la política castrista sancionaba la liquidación de líderes rebeldes que se resistían a las presiones de unificación y de sometimiento.

   Muchos de los documentos capturados a las guerrillas salvadoreñas en las ofensivas de 1980 son en realidad informes operativos dirigidos a Piñeiro, el jefe de los órganos secretos cubanos. De acuerdo a dichos borradores, los cubanos indujeron la guerrilla para que emprendiera un ataque general en enero de 1981.

   Entre octubre de 1980 y febrero de 1981, Nicaragua resultó la pasarela de una masiva transferencia de equipo militar proveniente de Cuba, para los alzados salvadoreños. El grueso de las armas era transportado por tierra desde Nicaragua a través de atajos en Honduras, y por el viaducto marino del golfo de Fonseca hasta Usulután. A fines de 1980, el aeropuerto Sandino en Managua fue clausurado al tráfico civil por algunas semanas para acomodar los aviones de carga cubanos que acarreaban vituallas con destino a El Salvador, en preparación de la tan cacareada ofensiva final. El 10 de enero de 1981 se precipita la acometida guerrillera salvadoreña, solo unos días antes de que el presidente norteamericano Reagan asumiera sus funciones. 

   Pese a la desmedida cuantía de logística bombeada por La Habana, aproximadamente 200 toneladas en equipos y armas, e independientemente del estudio detallada de tal operación, las huestes antigubernamentales no pudieron derribar al gobierno debido al escaso apoyo popular. Tras el infortunio de esta campaña, los comandantes insurgentes se trasladaron a La Habana, en febrero de 1981, utilizando las negociaciones para ganar tiempo y considerar cómo mejorar la situación militar interna.

   Entonces Castro aconseja concentrar los ataques de la guerrilla a las zonas blandas del país, es decir: la destrucción de la economía nacional, el desarrollo del terrorismo urbano y el masivo minado de las carreteras y caminos. Por otra parte, Castro tratará de enlazar en esta estrategia a organizaciones subversivas de mayor envergadura como la OLP, que ya estaba reuniendo pertrechos en el exterior para suministrarle a los combatientes del Farabundo Martí. Con anterioridad, muchos sandinistas habían sido adiestrados por los palestinos, en los entrenamientos que éstos ofrecían en el Medio Oriente a extremistas latinoamericanos.

   El propio Arafat llegó a admitir la presencia de sus falanges en las guerrillas de El Salvador. En marzo, La Habana facilitó el viaje del secretario del PC salvadoreño, Handal al Líbano y a Siria, donde procuró de la plana mayor palestina el entrenamiento de salvadoreños en el Medio Oriente.

   Se resumió el despacho de armas por vía aérea y por medio de pequeñas embarcaciones, lavándose también fondos iraquíes para los insurgentes. Las misiones diplomáticas cubanas facilitaron las finanzas imprescindibles para el desplazamiento de los voceros salvadoreños. Asimismo, el aparato propagandístico internacional de la Gran Antilla, auxiliado por sus homólogos de Europa Oriental distorsionó la naturaleza del conflicto en El Salvador.

   Desde 1981 los cubanos supervisaban en detalle aquellas operaciones de mayor envergadura en El Salvador, como fueron la destrucción del Puente Dorado en octubre de 1981, el sabotaje en la base aérea de Ilopango, en enero de 1982, y el sangriento asalto al mando de la Cuarta Brigada, en El Paraíso, un año después9.

   Montenegro, ex-dirigente guerrillero salvadoreño que en 1982 encabezó el ataque a la base aérea de Ilopango que virtual-mente destruyera la fuerza aérea salvadoreña, ha detallado el apoyo de Cuba a su organización. Montenegro, que fuera arrestado en ese mismo año en Honduras cuando acudía a una reunión de altos jefes militares en Managua, puntualizó que además del entrenamiento, los cubanos y los nicaragüenses suministraron el 90 % de las armas usadas por los alzados salvadoreños.

   Montenegro encabezaba el frente de Guazapa y tras su captura ofreció información detallada sobre el entrenamiento que prestaban Castro y los Ortega, y sobre las múltiples reuniones entre los comandantes guerrilleros salvadoreños y altos jerarcas nicaragüenses y cubanos. Montenegro reveló también la forma en que Cuba participó en la insurrección, especificando que casi todos los líderes armados salvadoreños se habían entrenado en La Habana. Según Montenegro10 "los cubanos estaban profundamente envueltos y dirigían prácticamente los cinco comandantes del Farabundo Martí. Todos los actos de violencia que tienen lugar en el ámbito nacional son ordenados por los cubanos y nicaragüenses, y el  alto comando opera cómodamente desde Nicaragua". 

   Por otra parte, se obtuvieron pruebas auténticas de la planificación cubana de la anunciada ofensiva final del movimiento que tuvo lugar a finales de 1980 y principios de 1981. Este plan militar fue estudiado en La Habana por los comandantes de los diversos frentes y aprobado por el Departamento de Operaciones Especiales de Cuba11.

   En mayo, el mando supremo rebelde ordenó al comandante Montenegro remitir a siete de sus combatientes a Cuba, para someterles a una intensiva preparación de comando. En julio, Montenegro se entrevistó en Nicaragua con su colega de armas Villalobos y de allí se trasladó a La Habana12.  "Me sentí frustrado porque tuve que proveer informes  militares y políticos a oficiales del Departamento de Operaciones Especiales de Cuba, que dieron las directrices principales para ser ejecutadas en El Salvador". 

   Montenegro encabezó el asalto del Farabundo Martí contra la base aérea de Ilopango, que destruyó 6 helicópteros y 11 aviones, y fue quien reveló que el personal para esta irrupción había sido elegido siguiendo los consejos de Cuba, y que había sido entrenado allí durante seis meses. Según él, es a partir de ese momento que se manifestaron dentro del movimiento las tendencias contra la mayordomía de los cubanos. Castro admitiría luego el haber suministrado las herramientas bélicas a las guerrillas salvadoreñas13.

"En abril de 1981, cuando el representante de la Internacional Socialista, Hans Jurgen Wischnewski confrontó a Fidel Castro con el "Libro Blanco" del Departamento de Estado sobre El Salvador, Castro admitió que Cuba había enviado armas a las guerrillas.  Wischnewski reveló esta conversación en una conferencia de prensa en Bonn, el 19 de  junio de 1981. Después, en discusiones con algunas delegaciones interparlamentarias en la conferencia de la IPU en La Habana, Castro de nuevo aceptó que Cuba había proveído de armas a las guerrillas en El Salvador".

   El sandinismo atravesaba momentos difíciles ante la presión económica y militar que ejercían los Estados Unidos; por su parte, Washington había determinado poner fin a los alzamientos armados salvadoreños. En efecto, el sandinismo se tambaleaba y la guerrilla de El Salvador se estancaba. Castro sabía que de perderse Nicaragua todo el plan futuro para  el área centroamericana se esfumaría; conocía la tozudez de la maquinaria político-militar norteamericana, una vez que se ponía en marcha. Como prioridad fundamental, La Habana trataría de salvar al sandinismo aunque fuese a costa de sacrificar la insurrección salvadoreña.

   La Habana y Managua estaban fraguando la posibilidad de empujar a los guerrilleros salvadoreños a la mesa de negociación, a cambio de que Estados Unidos desmontara la contrarrevolución en Nicaragua. El trueque de la guerrilla salvadoreña por la seguridad sandinista no complació a curtidos jefes como Villalobos y Carpio. La comandante Nélida Anaya Montes (alias Ana María) aceptó la emponzoñada oferta cubano-nicaragüense y se trasladó a Managua para concretar los detalles. 

   Carpio reaccionó con bestialidad y ordenó la eliminación física de Ana María, orden que fue llevada a cabo por Rogelio A. Bazzaglia, su brazo derecho. Bazzaglia asesinó a la guerrillera propinándole diecisiete perforaciones con un saca corchos el 6 de abril de 1983. Luego de ser detenido por los sandinistas, Bazzaglia confesó la culpabilidad de Carpio en el asesinato. Los cubanos y los nicaragüenses citaron a Carpio a Managua para que hiciera el elogio mortuorio en los funerales de la comandante Ana María el 9 de abril de 1983.

   Tres días después, el 12 de abril, Carpio asiste a una reunión convocada por el ministro del interior sandinista Borge y con el alto jerarca cubano Piñeiro. Ese mismo día, los medios oficiales sandinistas anunciaron el "suicidio" de Carpio alegando que éste había querido evitar un escándalo al ser confrontado con la ejecución de la comandante Ana María. El cadáver de Carpio mostró puñaladas mortales en la espalda. Tras el "suicidio" de Carpio, Villalobos, el más hábil y cruel de los jefes guerrilleros de El Salvador, se erigió entonces como líder indiscutido de la oposición armada en El Salvador.

 

EL FARABUNDO MARTI

 A principios de 1982, el suministro de armamentos por parte de Cuba y Nicaragua aumentó notablemente, ya que el Farabundo Martí se preparaba para sabotear los comicios electorales a la asamblea constituyente de marzo. Los esfuerzos insurgentes por boicotear los comicios fracasaron también cuando el 80 porciento de la población apta para el voto concurre a las urnas electorales, mostrando así su repudio a la violencia revolucionaria.

   Para mediados de ese año, los insurgentes comenzaron a moverse y actuar en grandes unidades, sirviéndose de los complejos equipos de comunicación suministrados por Cuba, que permitían conducir acciones más típicas de un conflicto convencional que de una guerra irregular. En diciembre de 1983, fuerzas del Farabundo Martí entrenadas especialmente en Cuba acometieron exitosamente el cuartel general de la Cuarta Brigada, en El Paraíso, masacrando a los soldados.

   Adín Inglés Alvarado, oficial de las Fuerzas Populares de Liberación que intervino en este asalto donde fue hecho prisionero, declaró ante la televisión salvadoreña que el plan de ataque se había planeado en Cuba ante una réplica del Cuartel construida allí con el fin de poder entrenar mejor a los 28 hombres que participaron en la misión. Inglés confesó haber sido parte de la dirección del comando que también fue aprovisionado con explosivos y armas por La Habana14.

   En enero de 1984, la clandestinidad guerrillera destruyó el puente Cuzcatlán en la carretera Panamericana propinando un serio revés a la economía del país. Cuando el ex jefe insurgente Napoleón Romero se pasa en abril a las filas del gobierno, informa que casi todo el entrenamiento de las guerrillas salvadoreñas había tenido lugar en La Habana, y que los sandinistas y los cubanos habían creado en Managua órganos especiales para atender la logística y los problemas políticos15.

   El 18 de abril de 1985 fue hecha prisionera la jefa guerrillera Nidia Díaz, en posesión de importantes minutas que reafirmaban la estrecha coordinación con La Habana y con Managua. En octubre de ese mismo año, el Farabundo Martí secuestró a la hija del presidente José Napoleón Duarte; su rescate se negoció a través de los sandinistas: la hija del mandatario salvadoreño a cambio de 104 guerrilleros heridos que serían remitidos a La Habana donde fueron recibidos en el aeropuerto "José Martí" por Piñeiro.

   En 1987, Cuba orquestó una vasta campaña internacional en favor de las guerrillas salvadoreñas, y fue sede, en enero, de una conferencia de solidaridad que encabezó el propio Piñeiro. Dos meses después, las guerrillas desataron nuevamente un asalto furioso sobre los cuarteles de la Cuarta Brigada, causando numerosas bajas; en una alocución pública, el presidente Napoleón Duarte denunció el intervencionismo de Castro y aportó pruebas de la asistencia y asesoría técnica que brindó para esta agresión.

   El alto desertor nicaragüense Roger Miranda declaró en los Estados Unidos, el 12 de diciembre de ese año, que Cuba estaba considerando remitir a El Salvador las baterías individuales anti-aéreas soviéticas SA-7, y que los sandinistas estaban acondicionando a varios miembros del Farabundo Martí en el manejo de esa arma letal. En una confrontación entre el presidente Napoleón Duarte y el jefe de estado nicaragüense Daniel Ortega sobre el posible envío de los SA-7 a los insurrectos, ese último expuso que tal decisión estaba condicionada a la aprobación o no de la ayuda norteamericana a la contrarrevolución16.

   Todo un aparato de difusión funcionaría en varias capitales de América Latina y de Europa con el fin de promover la simpatía mundial a los rebeldes salvadoreños. La red de simpatizantes conformó desde sus respectivos puntos un complejo sistema de información computarizada para el uso de los guerrilleros. Con sus oficinas centrales en Méjico, y supervisada por la militante comunista norteamericana Sandy Pollack, este puntal funcionaría bajo el nombre de Frente Mundial de Solidaridad con el Pueblo Salvadoreño.

   Pollack había visitado la isla caribeña en numerosas ocasiones, a partir de 1969, convirtiéndose en líder del movimiento norteamericano en defensa de la revolución cubana. Pollack fue cofundadora de los servicios de noticias de la Tricontinental que distribuía escritos en materia política y artística sobre Cuba y América Latina.

   Como resultado natural de su trabajo con Cuba, Pollack participó profundamente en diversos movimientos, como el de solidaridad con Chile tras el derrocamiento de Allende; el de apoyo a la independencia de Puerto Rico, el de la defensa de la Granada revolucionaria, y muy particularmente con las tendencias solidarias con el sandinismo y El Salvador.

   Con la asistencia de Terry Santana, miembro del partido comunista de Estados Unidos, y de oficiales de inteligencia de la misión permanente de Cuba ante la ONU, Pollack ayudaría a crear un aparato paralelo: el Comité Internacional de Solidaridad con el Pueblo Salvadoreño (CISPES), que organizaría manifestaciones y demostraciones, y circularía trabajos de desinformación. El 19 de enero de 1985, Pollack muere en un accidente aéreo de Cubana de Aviación cuando se dirigía a Managua desde La Habana. Días después, el periódico del partido comunista norteamericano expresaba sobre ella lo siguiente17 "tributos a Sandy Pollack fueron publicados en los medios de prensa de Nicaragua y Cuba, y los pronunciamientos de la dirigencia revolucionaria salvadoreña atestiguan la magnitud de su envolvimiento con la crisis centroamericana".

   En otro rastreo militar, el ejército de El Salvador capturó fajos de documentos que mencionaban el viaje que Farad Handal, hermano del insurrecto Handal, realizó por los Estados Unidos con ayuda de Cuba. Una de las minutas detalla la entrevista de Farad con García Almeida, agente cubano encubierto como diplomático en la ONU. Allí éste le aconsejó que trabajase con algunos miembros del congreso norteamericano para obtener con ello una cobertura de credibilidad. Los cubanos, además, hicieron contactos en Washington para allanar la labor de Farad18.

   Farad se reunió en Nueva York con el directorio del partido comunista de Estados Unidos, incluida a Pollack. Asimismo, otros militantes comunistas le socorrieron en Washington para el logro de entrevistas con integrantes del congreso norteamericano. De la misma manera, Farad sostuvo discusiones con representantes de la OLP para concretar la expedición de armamentos y los entrenamientos. Fue informado, además, de la intención del presidente mexicano de auxiliar la lucha salvadoreña mediante movimientos de tropas en la frontera que pudieran paralizar al ejército guatemalteco e impedirles cualquier intento de intervención en El Salvador19.