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El segundo lapso de la política exterior de Castro, en especial la africana, se extiende desde los inicios de 1963 hasta el desastre económico de la zafra azucarera de 1970. Dentro de este arco histórico es posible detectar dos momentos: de 1963 a 1968, cuando acontece el infortunio de la guerrilla del Che Guevara en Bolivia y acontece la ocupación soviética de Checoslovaquia; y de 1968 a 1970, con su modelo de construcción simultánea del socialismo y el comunismo, así como la fusión del estado y el partido, semejante al comunismo de guerra bolchevique1. Ya desde los inicios de 1964, el clima de las relaciones entre China y Cuba se deterioraba de día en día. Mao Tse Tung quería delimitar la esfera de acción de Castro al continente latinoamericano, haciendo explícito que la lucha en África sería encaminada por una alianza chino‑argelina, intentando barrer de este escenario a los antillanos2. La total dependencia a la URSS aterraba a Castro, quien buscaba aparentar una libertad de movimientos en la arena internacional, presentándose dentro del movimiento comunista internacional como una alternativa entre Pequín y Moscú. Se cultivan relaciones con una constelación de estados considerados progresistas. Cuba abraza las causas afroasiáticas de mayor aceptación: la descolonización, el antiapartheid, la unidad africana, la causa Palestina, el derecho de China comunista a la ONU, el apoyo al Vietcong. La estrategia exterior residirá en exacerbar los inmemoriales antagonismos en países con dificultades económicas, suscitando las reacciones represivas que hiciesen factible el ascenso de vanguardias marxistas o pro-castristas3. Cuba y China comienzan a consagrarse a ese esquema, pero con finalidades opuestas. La idea de crear una ONU revolucionaria con los representantes del Tercer Mundo, del cual habían sido abanderados China e Indonesia, tiene una débil acogida en África. China dispone del apoyo de países sinófilos como Tanzania, Malí y Congo Brazzaville. Castro tenía en el presidente Ben Bella un magnífico aliado de este intento. El argelino se había comprometido en propulsar la inclusión de América Latina en un futuro coloquio afroasiático. Ya en marzo de 1964, se había celebrado la conferencia mundial de comercio y desarrollo en Ginebra donde Cuba fue representada por el Che Guevara. En julio se convoca una mini-conferencia afroasiática en La Habana, para discutir los pormenores de una internacional revolucionaria. A este cónclave asistirán delegados de Argelia, Guinea, Egipto y Tanzania, así como la oposición marroquí y el ANC de África del Sur4. Este proyecto de una internacional revolucionaria, si embargo se había dilatado por La Habana, que buscaba tiempo para favorecer la guerrilla del Che Guevara en el Congo, y el poder consolidar los grupos guerrilleros en África y América Latina. En 1966, Castro convoca una conferencia de los movimientos armados y adeptos a la violencia del Tercer Mundo: la Tricontinental. A la misma acude lo más notable del caleidoscopio revolucionario: 513 delegados de 83 grupos provenientes de Asia, África y América Latina. Entre los asistentes figuraban Amilcar Cabral, Agostino Neto y Salvador Allende5. Pero la Tricontinental no marca una ruptura y un impulso en la política de subversión, sino que nace para tratar de consolidar un bosquejo guerrillero ya en descomposición en Latinoamérica, y desorganizado en África. Sólo un esfuerzo denodado y ríos de dinero logran salvar la conferencia del soterrado boicot de Mao, Tito y Nasser. En la convocatoria se excluye aciertas agrupaciones demasiado vinculadas con el Che Guevara, en especial los trotskistas latinoamericanos6. La conferencia crea un órgano permanente con sede en La Habana, la Organización de Solidaridad entre los Pueblos de Asia, África y América Latina (la OSPAAAL) más conocida como la Tricontinental. Entre sus acuerdos figuran ayudar incondicionalmente a los movimientos armados en África, Asia y América Latina; prestar el más decidido sostén a los movimientos revolucionarios en el Caribe y el sur del continente latinoamericano; extender el reconocimiento al FLN de Venezuela de Douglas Bravo; formar un organismo coordinador de la lucha en América Latina. Detrás de la fachada de la reunión tercermundista se movía el poderoso aparato de inteligencia de Cuba. La Tricontinental resultaría el mecanismo cubano ideal para crear grupos terroristas, para desatar conflictos de baja intensidad, y para la penetración política y el trabajo de espionaje. La Tricontinental, desde Europa y Canadá, lanza una avalancha de publicaciones en diversas lenguas. La edición en francés estaría a cargo del marxista Francois Masperó, quien a la vez trabajaría como empalme de la inteligencia cubana. La difusión en Italia recaería sobre el librero milanés Feltrinelli7. Desde Frankfurt y Suiza, se bombardearía con propaganda el África y el Medio Oriente. La editorial canadiense Davies Book Company en Montreal distribuirá las publicaciones cubanas en el continente americano. Las 27 delegaciones de América Latina que asistieron a la Tricontinental constituyeron a su vez la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS) cuya sede se radicó en La Habana. OLAS surgiría con la pretensión de unir e impulsar la lucha armada en el continente, e inflamar una "tenaz y continuada campaña contra los Estados Unidos8". Un año después de su creación, en julio de 1967, se efectuó la primera reunión de la OLAS en La Habana, a la que asistieron, entre otros, William Cooke, de Argentina; Allende y Carlos Altamirano, de Chile; Shafik Handal, de El Salvador; Floyd Britton, de Panamá; Alejandro Chang, de Perú; y Arismendi, del Uruguay. Como invitados especiales estuvieron presentes los dirigentes negros norteamericanos Stokely Carmichael, Julius Lester y George Washington Ware. La conferencia de las OLAS se celebra en el momento de la gran polémica de la izquierda latinoamericana sobre el camino a seguir para asumir el poder y hacer la revolución. Los partidos comunistas se alineaban en dos extremos; por un lado figuraban los de Argentina y Brasil, considerados desviacionistas de derecha, que sostenían la necesidad del trabajo político dentro de las masas utilizando las vías legales, y descartaban la posibilidad de la insurrección violenta9. Por otra parte figuraba la tendencia hacia las armas impulsada por los cubanos. Esta tenía eco en el partido comunista dominicano y en determinado momento también el de Venezuela, con sus desviaciones de izquierda10. Los partidos comunistas de línea más ortodoxa, como el de Venezuela, Brasil y Argentina, declinaron la invitación a las OLAS. Pero, el partido uruguayo no era de esa opinión y decidió jugársela a la violencia. Arismendi a su vez fue elegido vicepresidente de las OLAS. La OLAS declaró que el conflicto armado era la única vía de acceso al poder y que la guerrilla resultaba la regla más eficaz para obtenerlo. La resolución también afirmaba que el marxismo-leninismo orientaba al movimiento revolucionario de América Latina y que Cuba era la vanguardia. En su edición del 20 de enero de 1966, el periódico francés LeMonde publica una crónica de Marcel Nierdergang donde se relata el discurso a puertas cerradas de Castro11 "un repaso a Latinoamérica nos enseña esto: Guatemala esta a punto de estallar en cualquier momento; Haití no tiene arreglo; Uruguay no tendrá más remedio que deshacer lo hecho durante los últimos sesenta años y empezar de nuevo. Colombia es un fermento. La inflación viene arrasando a un país tras otro". Cuba proporcionará santuario, comunicaciones, entrenamiento y dinero a todas las organizaciones clandestinas que emplean la violencia, como las Brigadas Rojas, los Tupamaros, los Montoneros, el MIR chileno, los comandos palestinos de George Habash, grupos comandos en México, los Macheteros en Puerto Rico, la Organización para la Organización de Liberación de Palestina (OLP), el Comando Budiá, el Frente de Liberación de Carlos Semprún y otro manojo de organizaciones más pequeñas deberán parte de su existencia a la generosidad de Castro. Los primeros cuadros de la organización vasca ETA12, fueron instruidos en la cultura del terrorismo por Cuba ya desde 1964. Con meticuloso cuidado, Castro había deslizado hacia tales partidas gruesas sumas de dinero y había ayudado a construir una enmarañada estructura de contactos en Europa que puso a disposición de estas cofradías parroquiales terroristas. Cuba también promueve catastróficas acciones dentro de los Estados Unidos. Los cubanos metrificarán un acuerdo en La Habana en julio de 1969 entre la facción Students for a Democratic Society (SDS) del Movimiento Weatherman, específicamente con sus portavoces Mark Rudd, Bernadine Dohrn, Peter Clapp, Carlos Aponte y Jeff Jones. Harán lo mismo con los portavoces del Vietcong y de Hanoi13. Asimismo, la inteligencia cubana será factor directivo en el financiamiento de las Panteras Negras de H. "Rap" Brown, y del Comité Nacional de Coordinación de Estudiantes (SNCC) para "llevar la guerra a casa", o sea, a los Estados Unidos. Los frutos de estas encomiendas se evidencian en los constantes motines de violencia, a fines de la década del sesenta, en los principales conglomerados urbanos norteamericanos. Asimismo, Radio Free Dixie transmitía desde La Habana para los norteamericanos negros; su locutor central lo era el comunista norteamericano Robert F. Williams, que había escapado hacia Cuba huyendo a una orden de arresto por secuestro. Williams chocaría con la dirigencia cubana al considerar que la misma era racista; después, se encaminó a China, donde también tuvo problemas, y luego retornó a los Estados Unidos donde finalmente escribió sus memorias. En el frente de la desinformación, la DGI edificó instrumentos pantallas dentro de los Estados Unidos. Conocidos agentes cubanos peroraban habitualmente en seminarios defendiendo las campañas soviéticas del desarme, propugnando guiones de paz, y presentando a un endeble imperialismo yanqui que esclavizaba a las naciones del Tercer Mundo. Se evaluaron las ventajas de una vasta comunidad cubana exilada en Estados Unidos, y al igual que de puertorriqueños y mexicanos que suministraban una cobertura ideal para que los agentes de Castro operaran con comodidad. De igual forma se identificarían como objetivo la OEA, las brigadas Venceremos y las organizaciones anti-castristas. El periodista norteamericano Arnaud de Borchgrave revelaría que los análisis de inteligencia de los servicios secretos franceses llevados a cabo desde 1972, establecían que la coordinación internacional de los grupos armados en diferentes continentes y sus redes terroristas habían surgido en enero de 1966 durante la conferencia Tricontinental de La Habana. Según de Borchgrave, entre 1966 y 1972, la estructura de esta nueva internacional terrorista fue consolidada desde sus cuarteles generales en Cuba, donde los soviéticos asesoraban a través del servicio secreto de Castro, la DGI.
EL TERCER MUNDO Castro tiene en mente el logro de una posición máxima entre los no-alineados, y fuerza a su maquinaria a una ampliación de las relaciones interestatales. En el campo económico se fortalecen los eslabones con el reino autoritario de Marruecos, y se colabora con la URSS (a través de la DGI) en Nigeria, súbitamente desgarrada por la secesión de Biafra; para la banda oriental, se incuba la secesión eritrea de Etiopía, mientras se mide, una vez más, la temperatura en el Cono Sur africano La penetración y la subversión castrista en África del Sur, país agroindustrial continental, realiza un acercamiento con Mandela, líder del ANC quien en 1962 durante su estancia en Ghana había gestionado de La Habana que le concediesen dinero, armamentos y bases para el entrenamiento militar de su gente. Esta petición se recibe con entusiasmo en La Habana, pero el encarcelamiento de Mandela imposibilita poner en práctica un plan de violencia armada para África del Sur14. Castro, con reduccionismo ideológico, no se fía de los otros líderes del ANC, como Albert Luthuli y Tambo, y ello hace que hasta años después no se considere con seriedad encender la candela en esa región. En 1967, en la llamada "Guerra de los Seis Días", las divisiones blindadas israelíes convirtieron en escombros a los ejércitos árabes vecinos, empujando a los palestinos por los caminos del éxodo. Sami Sharaf, consejero de Nasser y reclutado por la KGB, ostentaba la jefatura de los servicios secretos egipcios. Sharaf tenía como su oficial de caso soviético a Vadim Vasilyevich Kirpichenko, quien era el residente de la KGB en El Cairo. Esta relación llevó a que los cuerpos secretos de Nasser fuesen entrenados por los soviéticos, política también apoyada por el vicepresidente Alí Sabry15. Los puntos de vista de Sharaf, influidos por sus contactos en el Centro moscovita, llevaron a la visión optimista de que una alianza militar árabe podía derrotar a Israel. Tras la debacle de la Guerra de los Seis Días, el mariscal Matvei Sakharov, jefe del estado mayor soviético, conjuntamente con el presidente Podgorny, arribaron a El Cairo para discutir con Nasser el equipamiento del ejército egipcio y la entronización de un voluminoso contingente de asesores militares soviéticos. Este conflicto hizo que cambiara la reflexión general soviética hacia el Medio Oriente, al transformarse en el proveedor de armamentos por excelencia. Asimismo, la URSS, espantada por la tragedia de sus aliados islámicos, asume una nueva postura ante las duras recriminaciones del argelino Bumedién, quien se lamenta de la tibieza soviética en el conflicto árabe-israelí. Esta reorientación argelina, conjuntamente con la inclinación soviética de restaurar los ejércitos árabes, causó honda impresión en Cuba. Castro volvería a admitir a Argelia como parte de la familia selecta de los militantes y comenzaría a limar asperezas con Moscú. Se restablecerán lazos con el país árabe mediante un acuerdo secreto entre Piñeiro y la jefatura de los servicios secretos argelinos. Esto disuadirá el realineamiento de Castro hacia Moscú quien falsamente pensó que los rusos buscaban una auténtica derrota militar de Israel, cuando en realidad el móvil del Kremlin era conservar el equilibrio árabe‑israelí. También con la hegemonía de los baasistas en Irak mejoraría la política moscovita en la zona. Castro toma partido con las posiciones de los soviéticos, que por su parte esperan dividendos de la labor de Cuba en el medio tercermundista, y apresura entonces el reencuentro cubano-argelino, que se viene concretando desde la visita que cumpliera a La Habana en noviembre de 1968 el flamante canciller y jefe de los servicios secretos de Bumedién, Abdulaziz Bouteflika. Un año antes, en diciembre de 1967, después de que Cuba tramitara con Argelia un compromiso durante la visita del comandante Víctor Dreke, arribó al puerto de Argel un contingente cubano de "técnicos" y también una brigada médica. La colusión de la política castrista con los estados de la extrema izquierda tercermundista, se produce también en el controversial caso eritreo, que se transforma en punto atractivo a finales de esa década. El Frente de Liberación de Eritrea era un movimiento que buscaba la creación, en el norte de Etiopía, de un estado independiente de la monarquía de Selassie. Ciertamente existían razones culturales, geográficas, religiosas, de desarrollo económico, ascendencia étnica e incluso de inclinación política que concedían sentido a los postulados eritreos. En estas andanzas, algunos países afro-árabes, como Sudán y Egipto, se habían sumado a la Unión Soviética en la ayuda a tal proyecto. Las sombras de Castro y de Khadafi se perfilarán también desde los inicios sobre los eritreos a través de la asistencia militar. El grupo en cuestión sopesaba el valor estratégico de este territorio, por sus puertos de Assab y Massawa, sobre el Mar Rojo16. Esta posición inicial a favor de la independencia de Eritrea causaría trastornos políticos a Castro cuando su ejército entró en acción en 1978 con el bando del etíope Mengistu H. Mariam, que estaba decidido a barrer con las aspiraciones separatistas de Eritrea.
LA INSURGENCIAEl verdadero esfuerzo insurgente en esta época se canaliza a través de Cabral del Partido Africano de la Independencia de Guinea y Cabo Verde (PAIGC), y en menor medida al MPLA angoleño y al FRELIMO mozambiqueño, todos pertenecientes a colonias portuguesas; asimismo, hasta el Camerún se extiende la mano castrista, ahora con la facción de Woungly Massaga, dispuesta a internarse en las cordilleras selváticas. A pedidos de Argelia, de Guinea y del partido comunista francés, Castro ha de considerar de sumo rédito la guerra anti-colonial en Guinea Bissau, en cuyos arrecifes costeros carenó el grueso de los galeones que acarrearon los esclavos a América. Contra toda lógica, los portugueses se aferraban en la conservación de un imperio de ultramar en una época cuando en Europa y América se estudiaba el colonialismo en los textos escolares. La magritud económica de Lisboa, su ejército de segundo orden, la universal repulsa a su coloniaje le hacían un candidato excepcional para que Castro buscara propinarle el golpe de gracia y ver si con ello era glorificado en todo el orbe afroasiático. La misión que Castro establece en el vecino territorio de la otra Guinea, la de Touré, para sostener a las guerrillas del PAIGC, cumplía un pedido que Cabral había hecho en la conferencia Tricontinental, que había sido engavetado. Cabral es transformado, de la noche a la mañana, por la maquinaria propagandística del castrismo, en un teórico de la revolución anticolonial. La Habana ya era experta en rutilantes astros del escenario internacional a personajes segundones, como el Che Guevara, Turcios Lima, Uceda, Caamaño, Debray, Marcelino Dos Santos y demás. Así, La Habana entonces transforma el empuje guerrillero anticolonial de los polos culturales ribereños de Guinea Bissau en su proyecto subversivo de mayor envergadura, desde las infortunadas misiones del Che Guevara en el Congo y en Bolivia, hasta la posterior exitosa invasión angoleña. Contraponiéndose a la china comunista en África, Castro se juega la carta de Cabral, ingeniero agrónomo devenido en revolucionario profesional. Se enviarán alrededor de 200 cubanos que manejarán la logística, las comunicaciones y la dirección estratégica17. A mediados de 1966, un puñado de instructores militares al mando del general Raúl Díaz Argüelles (posteriormente jefe del cuerpo expedicionario en Angola y muerto en combate) entrenará las milicias guineanas del presidente Touré, y formarán su guardia pretoriana. Será esta escolta aliada con las tropas africanas la que hará fracasar el intento de golpe de estado a Touré que tuvo lugar en Conakry en 1970 y que sería perpetrado por mercenarios y soldados lusitanos. Ya desde febrero de 1967 los partes de guerra portugueses denotaban la presencia de efectivos cubanos en colaboración con los "alzados"18. En la violenta ofensiva que desencadenan las legiones portuguesas en noviembre de 1969 es capturado dentro de Guinea Bissau, herido y perdido en medio del delta, el capitán del ejército cubano Pedro Rodríguez Peralta, funcionando como jefe de una columna del PAIGC. Según informes publicados en el The New York Times de abril 26 de 1971, los documentos que le ocuparon a Peralta no sólo probaban la notable participación de Castro con el brazo armado del PAIGC, sino la procedencia de este oficial como miembro de la inteligencia cubana. Peralta fue condenado a diez años de prisión, después de un juicio celebrado en Lisboa, en medio de violentas manifestaciones de los comunistas y la izquierda portuguesa, que tuvo que ser dispersada con gases lacrimógenos. La Habana trataría de canjear a Peralta por un agente de la CIA, identificado como Lawrence K. Lunt. Peralta fue puesto en libertad en 1974 tras la deposición de Marcelo Caetano en Portugal; hoy es uno de los altos jefes de la seguridad del estado cubano19. Sin embargo, las contradicciones de grupos dentro del PAIGC iban a desmoronar todas las esperanzas que Castro había abrigado con respecto a la influencia que obtendría en África, a partir de la futura independencia de Guinea Bissau. El 20 de enero de 1973 muere asesinado en una confrontación dentro de la dirigencia del PAIGC Cabral, el hombre clave de las relaciones con Castro. Los cubanos expresarían públicamente que su muerte fue motivada por luchas intestinas de poder dentro de la organización nacionalista, cuya masa de combatientes repudiaba el elitismo de Cabral. La Habana nunca ha admitido su importante papel en estos acontecimientos, sobre todo, cuando pretendieron bloquear a Arístides Pereira, el enemigo de Amilcar, al cual arrestaron en plena fuga con el concurso de las autoridades de Guinea20. Todo parece indicar que Pereira estuvo involucrado en el complot para liquidar a Cabral. Poco después del asesinato de Cabral, los presidentes Touré y Castro culparon al imperialismo del crimen, aunque reconocieron la existencia de un conflicto profundo en el seno del PAIGC.
FRACASO EN NICARAGUA A principios de 1964, buques pesqueros cubanos desembarcaron 20 guerrilleros y un alijo de armas en las costas de Nicaragua. En 1965, Cuba promovió el acercamiento entre Fonseca Amador y el guerrillero guatemalteco Turcios Lima; en 1966, por intermedio de Cuba, un puñado de subversivos sandinistas fue trasladado a Guatemala para su fogueo. Los sandinistas tampoco pudieron cristalizar el patrocinio sindical necesario, y en 1966 declararon su abandono de la línea "obrera" para abrazar solamente el foco guerrillero. Después de la conferencia Tricontinental en 1966, los sandinistas se vieron representados en La Habana por Casimiro Sotelo, Carlos Reina y Oscar Turcios, los cuales morirían en combate en 1973. Fonseca Amador, el grueso de los sandinistas y un número de asesores militares cubanos se darían a la tarea de organizar en 1967 un territorio guerrillero en las montañas de Matagalpa, región de Pancasán. Este cuerpo logró establecer una estructura clandestina en diversas ciudades nicaragüenses. La movilización en Pancasán estuvo coordinada conjuntamente con el foco insurgente del Che Guevara en Bolivia, y cometió los mismos errores. Fonseca Amador dividió sus hombres en tres escuadras: una bajo su mando, las otras dos guiadas por Borge y Silvio Mayorga, respectivamente. Esta parcelación debilitó la capacidad combativa del contingente, que además no logró granjearse el sostén del campesinado local. En agosto de 1967, la misma fecha de la ofensiva final contra el Che Guevara en Bolivia, la Guardia Nacional de Somoza desató una campaña apoyada por helicópteros artillados que aniquiló la guerrilla, destruyendo su santuario en Fila Grande y desplomando además la red de clandestinaje urbano. La mayoría de los alzados pereció en combate, y el resto se dio a la fuga. Daniel Ortega caería prisionero; por su parte, Fonseca Amador, Humberto Ortega, Borge y Oscar Turcios regresarían a La Habana en compañía de otros sandinistas para obtener entrenamientos especializados. Todos permanecerían exilados en Cuba entre 1967 y 1975; y Daniel Ortega se les uniría eventualmente. En 1968, Ricardo Morales y Julio Buitrago, que había sido delegado a la OLAS en 1967, fueron remitidos por La Habana para reconstituir la clandestinidad. Sus instrucciones consistían en estructurar sus acciones con Fonseca Amador, que a la sazón se encontraba en Costa Rica, alistando de nuevo el foco guerrillero. Buitrago encabezaría una serie de asaltos a bancos, y sería ultimado en Managua en julio de 1969. Con Buitrago también se destacaron los hermanos Ortega y Lenín Cerna en tales atracos e intervinieron en casi todos los asesinatos políticos que el FSLN ejecutó desde octubre de 1967. El Frente se reforzó con cuadros salidos de cursos en la URSS, como fue Henry Ruiz, y con entes independientes, como por ejemplo la marxista norteamericana Margaret Randall. En 1969 se conformó el Directorio Nacional de los sandinistas con Fonseca Amador como figura principal, rodeado por Borge, Humberto Ortega, Henry Ruiz, Buitrago, Oscar Turcios y Ricardo Morales. En septiembre de 1969, Fonseca Amador fue apresado en Costa Rica junto a Humberto Ortega por un atraco a un banco; ambos obtuvieron la libertad el 21 de octubre de 1970 al ser canjeados por los rehenes de un avión costarricense secuestrado por el sandinista Carlos Agüero. Los comandos palestinos participaron en la lucha guerrillera latinoamericana a través de la red de penetración cubana. Las relaciones entre el Frente Sandinista y la OLP se asentaron así desde mediados de los sesenta; los primeros contactos fueron arreglados por iniciativa de Castro a raíz de la conferencia Tricontinental en La Habana. En los años siguientes, la OLP proporcionó entrenamiento militar en el Medio Oriente, en Jordania, el Líbano y después en los campos del libio Khadafi, a grupúsculos extremistas latinoamericanos. En estos entrenamientos intervinieron 150 sandinistas, entre los que figuraron Patricio Argüello, Enrique Smith y René Villa. La relación entre palestinos y sandinistas fue simbiótica en algunas instancias; por ejemplo, cuando en 1970 se intenta eliminar al rey Hussein II de Jordania, en las filas del comando figuraban algunos de los sandinistas bajo el tutelaje de los palestinos. A partir de 1969, comenzará en el mundo una ola de secuestros aéreos que introduce una nueva dimensión de espanto a la actividad terrorista. El 4 de noviembre de ese año, los sandinistas Juan Quezada y Pedro Palacios efectúan el primer secuestro exitoso al desviar una aeronave de la línea nicaragüense LANICA hacia Cuba. Argüello sería ultimado por agentes de la seguridad israelí el 6 de septiembre de 1970 al intentar el secuestro de un aparato de la empresa El-Al en Londres. Secundaba la actuación la escuadra palestina orientada por Leyla Khaled, que fue arrestada. Para liberar a Leyla, el nicaragüense Quezada tomaría parte de un operativo especial palestino tres días después, cuya decisión fue secuestrar un aeroplano de la compañía británica BOAC. Entre noviembre de 1969 y octubre de 1970, Quezada y Agüero desviaron hacia Cuba aviones de Nicaragua y Costa Rica. En una entrevista concedida al periódico kuwaití Al Watan, Jorge Mandi, vocero de los sandinistas, convalidaría la conexión con la OLP21 "hay una larga unidad de sangre entre nosotros y la revolución Palestina. Muchas de las unidades pertenecientes al movimiento sandinista estuvieron en las bases revolucionarias palestinas en Jordania. A principios de los setenta, sangre nicaragüense y Palestina se derramó junta en Amman y otros lugares durante las batallas del Septiembre Negro. Un grupo de sandinistas tomó parte en las operaciones de diversión de cuatro aviones que el PFLP asaltó e hizo aterrizar en un aeropuerto del desierto en Jordania". En las décadas del 1960 y 1970, Borge sirvió de enviado de Castro entre los grupos radicales del Medio Oriente. Estos acercamientos dotaron de auxilio financiero y material a los sandinistas a cambio del reconocimiento diplomático a la OLP de la futura Nicaragua. En junio de 1981, Sergio Ramírez, el entonces vicepresidente de Nicaragua, confesó que los lazos entre el pueblo libio y el pueblo nicaragüense no eran recientes, y que se habían consolidado en el propio campo de batalla donde se hizo patente la solidaridad del gobernante libio Khadafi22.
OBJETIVOS LATINOAMERICANOS "Una vasta red, dirigida por Fidel Castro, destinada a dislocar los países latinoamericanos y procurar la toma del poder por los elementos extremistas, fue descubierta a principios del mes de junio de 1968 por los cuerpos investigadores de Colombia y Venezuela, en colaboración con los otros países afectados, tales como Chile, Bolivia, Brasil y el Perú, así como la INTERPOL de Méjico23”. En mayo de 1968 la policía de Maracaibo detuvo a José Bello, que era el contacto de una red de latinoamericanos situada por los cubanos en la región; ya con anterioridad se había detenido a otro grupo establecido en Colombia. A los arrestados en Caracas, Feliciano Pachón y Librada Moreno, se les ocuparon gruesas sumas de dinero. Ambos manifestaron que se movían conjuntamente con colombianos, y que en Bogotá habían instalado una imprenta. A la fulminante captura de venezolanos y colombianos siguió la de chilenos y brasileños en el Alto Uruguay. El dinero les había sido suministrado por los cubanos en Méjico en presencia también de un agente soviético, para fortalecer a las guerrillas de la FARC que rebullían por Caquetá, Colombia bajo la mayordomía de Feliciano Pachón y a los grupos venezolanos alzados en Alto Sinú y en Santander. Por otra parte, se propiciaba el terrorismo en Panamá y se concebía reanimar una vez más la guerrilla nicaragüense; así también como la guatemalteca, que al fin se había unificado bajo el caudillaje de los ex-militares de la dictadura, devenidos en revolucionarios: Yong Sosa y César Montes. En agosto y septiembre de 1967, la Guardia Nacional nicaragüense consumó una extensa batida entre los cerros, valles y collados de la cadena montañosa norteña, especialmente en Matagalpa, donde sucumben 6 militares cubanos que participaban con los sandinistas. En mayo de 1968 las agrupaciones beligerantes guatemaltecas experimentan una ruda sacudida con la muerte de uno de sus principales jefes, Nestor Valle. Se suponía que el foco guerrillero del Che Guevara en Bolivia sería reafirmado por otros similares impulsados desde La Habana. Pero el procedimiento contrainsurgente desatado por los Estados Unidos alcanzó a detener la marea que alimentaba Castro. Los norteamericanos llevaron su campaña no sólo en Bolivia sino también a Nicaragua, Perú y otros ámbitos, y montaron organismos asesores para el rastreo de inteligencia y aprestando comandos especiales locales. La interferencia guerrillera cubana en Venezuela, Colombia, Brasil, Argentina y Perú, granjerías trasatlánticas con las cuales Moscú sostenía relaciones de estado a estado, estuvo a punto de echar a pique la afinidad soviético-cubana. La URSS no estaba dispuesta a fracturar la coexistencia con los Estados Unidos por la defensa de un conquistador indiano que constantemente la ponía en crisis con su adversario. Por disposición de Castro, Piñeiro creó otro cuerpo de inteligencia repleto por elementos hábiles y leales, que asumiría aquellas operaciones en el Hemisferio Occidental no coordinadas con la URSS. En 1969 Piñeiro visitó Corea del Norte para recabar asistencia material y técnica necesaria para sostener el entrenamiento de la guerra no convencional24. Para 1971, los cuerpos secretos cubanos, en connivencia con la KGB, adiestraban febrilmente en Corea del Norte a la facción mexicana de Fabricio Gómez Sousa (Movimiento de Acción Revolucionaria) así como también al MIR chileno orientado por Carlos Altamirano para desatar una ola terrorista en ambos países. Jamaica, Panamá, Perú y Argentina pasarán como los blancos iniciales y Cuba trata de persuadir a los latinoamericanos de las utilidades políticas que conllevaría una total independencia tecno-económica de Estados Unidos. En Jamaica, la fina trenza de la inteligencia cubana pondría en manos del premier Michael Manley la información y los medios necesarios para controlar la oposición interna. El propio Castro abogará por la fundación de un nuevo organismo interamericana y la abrogación del pacto de Río de Janeiro para la defensa continental25.
LA TURNE AFRICANASin dudas, la muerte súbita de Nasser en 1970 significó un golpe contundente a la armazón militar y de espionaje erigida por los soviéticos en Egipto. Sadat ordenó el arresto del agente de la KGB Sharaf, del vicepresidente Ali Sabry y de todo el grupo pro-soviético, y ubicó como jefe de sus servicios secretos al general Ahmed Ismail, quien de inmediato abrió contactos con la CIA. Se pensó que la toma del poder en Sudán por un grupo comunista podía contrabalancear la pérdida de Nasser en el área. En julio de 1971 fracasó el intento de golpe de estado aupado por los soviéticos, por parte del Partido comunista sudanés y de un grupo de militares, terminando con la ejecución del jefe comunista Abdel Mahgoub y del leal Ahmed El Sheikh. La KGB encaminó entonces sus pasos a Siria, Irak y Yemen del Sur, donde concluyó una alianza con los órganos de inteligencia de estos países. La relación con Irak sufrió un percance en 1979, cuando el dictador Saddam Hussein encarceló a los comunistas privando a Moscú de una fuente segura de espionaje en Bagdad; y la de Siria en 1983 cuando el agente de la KGB, Oleg Grinevsky alertó sobre ciertos acuerdos secretos concluidos entre Siria e Israel respecto al Líbano. En mayo de 1972, Castro efectúa un largo periplo por los países del este europeo con la URSS como destino final. Uno de sus propósitos personales en este eje militar con los soviéticos es el de reconstruirse un prestigio internacional en África y en Asia, especialmente frente a China, y tratar de ocupar el vacío dejado en los No-alineados por el egipcio Nasser, el hindú Nehru y los africanos Nkrumah y Modibo Keita. Desaparecidos Nasser y Nehru, y con un Tito cada vez más distante de la escena internacional, el liderazgo de los No-alineados pasó a manos de Castro, para deleite soviético. Castro extiende su viaje al Congo Brazzaville donde acrecienta su presencia militar y concede cierto apoyo al MPLA. Con Nyerere comprobará la profundidad del cometido chino en el este africano y tratara de mejorar sus vínculos con el FRELIMO de Mozambique, que se había deteriorado en ocasión de la agria desavenencia entre el Che Guevara y Mondlane. En Argelia Castro intensifica su trato con el imprevisible presidente Bumedién. Ambos reflexionan sobre la difícil coyuntura económica que atraviesa Yemen del Sur y sobre la forma de aliviar en algo la misma. También discutieron cómo contribuir con las guerrillas omaníes, y de la misma manera proporcionar apoyo a los reclamos somalíes por el tajo desértico del Ogadén, ahora en manos etíopes. Seguidamente, Castro se encamina a Guinea acompañado del general Ochoa. Allí espera consolidar una mayor compenetración con el presidente Touré, ya cimentada desde noviembre de 1970 cuando alrededor de 350 de los soldados cubanos contribuyeron a impedir un golpe de estado para deponerlo. Touré concede a Castro algunas bases más en su territorio para que su personal militar amplíe el entrenamiento a las guerrillas del PAIGC. A instancias de Touré, Castro viaja a Sierra Leona donde dialoga con el presidente Siaka Stevens. Para una URSS en pleno expansionismo militar era clave lograr en el Atlántico oriental un punto intermedio naval y aéreo entre su territorio y los Estados Unidos. El futuro uso del aeropuerto de Robertfield y del puerto de Freetown, ambos en Sierra Leona, es abordado por Castro con el presidente leonés. Así se aclaran las intenciones Castro y de la URSS al tratar de erigir una cadena de escalas en los puertos de Conakry, Freeport y Cabo Verde. En los planes de socorro al PAIGC de Guinea Bissau estaba implícita, aunque no abiertamente declarada, la idea de usufructuar las instalaciones portuarias de ese país luego de la independencia para asistir a la flota pesquera cubana y a la armada de guerra soviética, y también hacer posible la apertura del corredor aéreo URSS-África-La Habana. Ante el temor de ser víctima de un golpe de estado, el presidente Stevens acepta el compromiso tejido por Touré y Castro de emplear, en caso de emergencia, las bayonetas cubanas al servicio de Touré. A petición del presidente Stevens, Castro accede a establecer relaciones diplomáticas en abril de 1972 y se compromete a proseguir las negociaciones para ese año. Esta misión de seguridad cubana trabajaba bajo la dirección de un miembro de la DGI, de nombre Alfonso Herrera26 "poco después de ello, una misión militar cubana arribó para organizar y entrenar una milicia de 500 hombres, conocida como Unidad Dos de Seguridad Interna (ISU‑2)". En diciembre de 1972 se establecen los lazos diplomáticos con Guinea Ecuatorial luego de múltiples tanteos hechos por la DGI haciendo uso de sus diferentes extensiones en África. Castro obtiene también facilidades aeronavales en Malabo, la capital, y emplaza allí alrededor de 100 expertos militares. En la cuenca del Caribe, practica una estrategia similar: en Guyana entre 1972 y 1973, en Barbados en 1973 y en Trinidad Tobago en 1974, Cuba obtiene consentimiento para el uso de radas portuarias y aéreas, asegurando el empleo futuro de ambos extremos del Atlántico para sus actividades subversivas: el Caribe como espacio de tránsito militar, y el África como receptáculo decisivo de la logística militar en las campañas posteriores de Angola y Etiopía. Todo ello al tiempo que Estados Unidos se empantanaba en los arrozales de Vietnam.
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