CAPITULO 16 
LA ESPADA DE SALADINO

 

 Castro cultivará lazos directos con los comunistas del mundo árabe: el grupo libanés de Habash, los judíos marxistas egipcios de Curiel, los iraníes del partido Tudeh, los iraquíes y los jordanos. En contraste con la agenda soviética, la primordial esfera de interés para Castro estuvo siempre concentrada en los impacientes musulmanes radicales. Este amplio abanico de enlace servirá con el tiempo para emplazar una pasarela entre la URSS y los árabes musulmanes no-marxistas.

   Asimismo, la realidad militar de Castro no se restringió al África negra; en el mundo islámico dicha ingerencia estuvo generalizada. Yemen del Sur, por ejemplo, llegó a contar con 800 gurkhas antillanos, que asiduamente participaron en crisis intestinas o en los choques con Yemen del Norte y Omán. En la Libia de Khadafi, los batallones cubanos llegaron en su momento pico a la cifra de 2 500 soldados.

   En el sur del Líbano un centenar de militares castristas adiestraban a la OLP. La Irak de Saddam Hussein contó con brigadas de construcción militar, así como con 250 instructores en especialidades militares. También Siria se benefició con tanquistas y artilleros cubanos y, en tiempos normales, dispuso de hasta 300 soldados de la Gran Antilla. Por su parte, alrededor de 150 más fueron destacados en Argelia.

   La alianza con Khadafi concederá a Castro mayor beligerancia con las facciones "duras" del mundo árabe, especial­mente con la OLP, con los sirios, los iraquíes y los sudyemenitas, facilitándole la importación de considerables partidas de petróleo árabe. Conjuntamente con Trípoli, La Habana llegará a inmiscuirse hasta en el Lejano Oriente. Khadafi brindará su donación a las cuadrillas terroristas de Europa, entre otras a las italianas Brigadas Rojas, los separatistas de Cerdeña y la neonazi "Ordine Nero". Con respecto al Pacífico meridional es notable el favor de ambos, en bienes y en armas, a los sublevados comunistas filipinos; la asistencia al Frente Socialista Kanak de Nueva Caledonia y sus gestiones para facilitar la presencia soviética en Vanuatu. La Habana proveerá a muchos países árabes de fogueo militar, uso y ensamblaje del arsenal bélico soviético, asesoría en los aparatos de seguridad y en las estructuras paramilitares y de masas.

   En septiembre de 1978, Castro realiza una visita de trabajo a Libia para coordinar con Khadafi y con los soviéticos extensos ejercicios militares que se llevarían a efecto cerca de Tobruk el 9 de noviembre y donde participará una brigada cubana y oficiales soviéticos. A la invitación de Castro seguirá la de su hermano el ministro de defensa, con quien se rubrican tratados para la construcción de dos carreteras en el sur hacia el Chad, y el envío de 4,500 militares. 

   La Habana tratará de cristali­zar una alianza anti-sud­anesa de Libia, Etiopía y Yemen del Sur. Castro se compromete a promover los proyectos de Khadafi para crear una extensa federación de estados islámicos sajarianos con Sudán, Níger, Chad y Nigeria del Norte. El trabajo de los cubanos en Libia será de vital importancia en el que adiestrarán al cuerpo de espionaje y seguridad, y crearán una unidad de comandos especiales antigolpistas. La escolta personal del coronel Khadafi y de otras áreas sensibles en torno al mandatario libio también serán preparadas por La Habana.

   Los instructores cubanos, junto a varios ex agentes de algunos servicios secretos occidentales, resultan básicos para la enseñanza de terrorismo, que se imparte en los cuarteles de adiestramiento libios. La coordinación de la entente Cuba-Libia se consuma a través de Hassan Ashkal y de Salam Jalloud; este último era el mayoral de los servicios secretos tripolitanos y será en lo adelante un asiduo viajero a la capital cubana1.  

   En el ataque que los comandos libios efectúan en Gafsa, el 27 de enero de 1980, la policía política tunecina obtiene pruebas del desertor Nourredine Dridi de que tales comandos habían sido adiestrados por cubanos en las instalaciones libias de Tarhuma, Maaten Biskra, Sebha, Aouzou, y Okba-Ibn-Nafi­2. El 3 de febrero, en un programa televisado, algunos de los reclutas detenidos en la agresión a Túnez confirmaban la injerencia cubana. A fines de 1980, Khadafi romperá el equilibrio en el Sájara lanzándose a la invasión del Chad dirigida por un Estado Mayor establecido en Kufra, y aconsejado por soviéticos y por cubanos.

 

LA ARABIA FELIX

 En el camino descolonizador de Yemen del Sur, tanto Cuba como la URSS se inclinaron hacia el movimiento Front Liberation of South Yemen (FLOSY), que contaba con el sostén del líder egipcio Abdul Nasser. La inteligencia del bloque comunista apenas conocía de la verdadera orientación política del otro movimiento, el Frente de Liberación Nacional (FLN), que a la larga asume el poder tras producir un golpe de estado contra el FLOSY. El comunista palestino Habash se encargó de presentar a todo el bloque soviético, a los dirigentes del FLN, Abdul Fattah Ismail, Salem Robaya Alí, y Alí Nasser Mohamed.

   En 1970 la URSS comienza las remisiones de armamentos a Yemen del Sur, y solicita de Siria pilotos para compensar las necesidades adenitas. Pero la ineficacia de los aviadores sirios hace que los yemenitas se acerquen a los cubanos. Ya para 1971 los alemanes orientales son los que financian la confección del aparato de represión interna sudyemenita, y les proporcionan fogueo y capacitación técnica. 

   El proceso de Yemen del Sur comienza a interesarle a Castro, y en 1972 Cuba establece relaciones diplomáticas con Adén. Se emplazará una potente diputación militar para ensamblar y manejar el armamento sofisticado y preparar militarmente a los yemenitas3. En octubre, los dirigentes Fattah Ismail y Alí Nasser cumplen con una invitación ceremonial a La Habana donde solicitan el concurso de Castro en su diferendo con el Yemen del Norte. Los oficiales soviéticos se hallan, por entonces, al mando de las brigadas sudyemenitas; en los ataques aéreos lanzados contra Yemen del Norte en ese mes de octubre toman parte pilotos cubanos y soviéticos, especialm­ente en las misiones nocturna­s.

   De inmediato Cuba se compromete aún más en la subversión del área, al iniciar el adiestramiento de las guerrill­as del Omán, en una finta lateral sobre Irán que busca abrir el camino al bloque soviético en el Golfo Árabe. La ayuda a los omaníes se pone en práctica en campamentos levantados en la Sexta Gobernatura yemenita, bajo el cuidado de un dispositivo de las fuerzas armadas cubanas a las órdenes del coronel Waldo Reina, y se mantiene hasta el año 1977 en que son derrotadas por una combinación de unidades iraníes y mercenarios ingleses.

   En marzo de 1973, el ministro de defensa de Yemen del Sur, Alí Nasser, recala en La Habana luego de detenerse en casi todas las capitales del bloque soviético. En Cuba sostiene un diálogo con su colega Raúl Castro que tendrá consecuencias trascendentales para el futuro de Yemen. Cuba desplaza efectivos de una división blindada entre Somalia y Yemen del Sur, que será reforzada con cazabomba­rderos MiG‑21 y cohetería a reacción. Estos acantonamientos militares cumplirán una doble función: sostener el gobierno sudyemenita, y amparar una posición geoestratégica en relación con los planes soviéticos. 

   Con el puerto de Adén la URSS cuenta con una base naval en el extremo occidental del Océano Indico que le permite desplazar y reabastecer su flota de guerra en esos mares. Con el aeródromo de Khormaksar afirma un asiento de tránsito para sus vuelos de reconocimiento al África y al Indico. A excepción de los enclaves militares en Europa y América, las de Suez, Adén y Singapur eran reputadas hasta la década de los sesenta como las bases militares más valiosas de la OTAN. Con la presencia de la URSS y el creciente rol de Cuba, el Cuerno de África se ubicará en lo adelante bajo la sombrilla soviético‑cubano.

   Frustrado por el poco resultado de la colaboración económica y financiera del bloque soviético, y por las presiones de los vecinos árabes para que saque sus soldados de Eritrea, el presidente de Yemen del Sur, Robaya Alí, un socialista moderado, se acercará a Arabia Saudita en busca de socorro económico. Los sauditas responden positivamente pero exigen a cambio el desmantelamiento militar cubano.

   Los soviéticos y los cubanos reaccionarán en contra del presidente Robaya Alí quien, en lo adelante, se niega a coordinar su política exterior. La URSS se vale de Khadafi para tratar de equilibrar, con ayuda financiera, la ofensiva de los sauditas. Al final, La Habana y Moscú deciden precipitar la pugna intestina en Yemen del Sur para lograr la deposición del mandatario Robaya Alí.

   En febrero de 1978, el premier sudyemenita Alí Nasser sostiene conversaciones con Brezhnev, Kosigyn, Ustinov y Gromiko en Moscú4. La URSS apoyará la facción más leal a ella, en contraposición al moderado presidente Robaya Alí. En mayo el ala filosoviética de Fattah Ismail propulsa la creación de un partido comunista, aprovechando la visita del mariscal soviético S.G. Gorshkov. Gorshkov regresará a Moscú acompañado del ministro de defensa sudyemenita Alí Antar, y allí firmarán pactos militares a espaldas del presidente Robaya Alí.

   Los cabos se van atando. En La Habana, el legado sudyemenita Saleh Muti se reúne con Castro, mientras el premier Alí Nasser lo hace con una alta delegación soviética en la ONU5. Simultáneamente, Robaya Alí entra en contactos secretos con Al Gashmi, presidente de Yemen del Norte, para discutir una posible adherencia de sus respectivas fuerzas en el desplazamiento de los pro-soviéticos. Robaya Alí anuncia la decisión de desmovilizar las tropas sudyemenitas en Etiopía y el reinicio de la asistencia a los eritreos6

   Pero la facción pro-soviética de Fattah Ismail reacciona de manera virulenta. La respuesta terrorista llega al propio presidente noryemeni­ta, a quien agentes pro-soviéticos haciéndose pasar por enviados del presidente Robaya Alí, harán entrega de una bomba que lo vuela en pedazos. Robaya Alí descubre el complot y desencadena una acción armada con tropas leales a su gobierno. En un encontronazo sangriento, las milicias de Fattah Ismail aplastan en varios días las huestes del presidente con el concurso de unidades terrestres cubanas, y de alemanes orientales7.

   Los sirios y los iraquíes verán con alarma que las tropas cubanas emplazadas en Etiopía y transportadas al Yemen por aviones soviéticos, resultan el centro motor en el golpe de estado contra el presiden­te Robaya Alí en favor de Fattah Ismail8. Como corolario, se desencadena en febrero de 1979 un ataque de Yemen del Sur contra el norte, donde la URSS y Cuba brindan su apoyo logístico.

 

EL SAHARA ESPAÑOL      

 El coro central de la dirección del Frente POLISARIO formado por ex estudiantes marroquíes sostendrá contactos directos con los cubanos en diferentes latitudes del norte de África y Europa. Sus miembros se desplazarán frecuentemente a La Habana donde se vincularán con Osmani Cienfuegos, cabeza máxima de la Tricontinental.

   El interés de Castro por el territorio Sajarahuí responde a una ecuación política para tratar de alimentar su imagen entre sus aliados árabes, y desestabilizar a la monarquía marroquí contra la cual venía maquinando desde los primeros años de la revolución. Pero Castro no se encontrará solo en tales empeños: los soviéticos estarán secundando este diseño debido a la atracción que sobre ellos ejercían los fabulosos yacimientos de fosfato de Bou-Craa, materia prima esencial a su maltrecha agricultura, así como los de petróleo, uranio, cobre, sal y manganeso. Este espacio del Sájara en litigio podía resultar además una cuña en el flanco sureño de la OTAN.

    A instancias de Castro y de Neto, el club de los No-alineados en Colombo, en agosto de 1976, adopta una resolución que conforma el marco enfilado a legitimar el alzamiento armado en el Sájara Occidental. En 1976 Castro decide energizar los núcleos guerrilleros del Frente POLISARIO con miembros del Frente Popular de Liberación de Omán. Estos elementos habían sido alistados en Yemen del Sur por instructores cubanos después de que las ofensivas del sultán Qabús redujeron considerablemente el radio de sus operaciones. 

   A fines de mayo de 1977 se oficia en La Habana un cónclave confidencial de alto nivel en la que participan por la parte cubana Fidel Castro, altos oficial­es militares y miembros del comité central, y por parte del Frente POLISARIO una comisión integrada por su vicesecretario general Bashir Mustafá Sayed, Fadhil Salec, Beiruk Kaid Saleh, Mohamed M'Barek y Aicha Sid Brahim. La conversación tiene como meta exponer a la cúspide caribeña un amplio pliego de colaboración militar, médica y de entrenamiento. A este coloquio seguirá poco después un segundo encuentro en Argelia. A partir de ese momento, Bashir Mustafá hará regulares visitas a Cuba, de coordinación con altos dirigent­es del país.         

   En 1977, una nutrida misión presidida por Armando Acosta, miembro del comité central del Partido Comunista Cubano, hace acto de presencia en los campos del Frente POLISARIO. Se inicia entonces la fase intensiva en los entrenamientos militares en Cuba a los reclutas del Frente POLISARIO. A mediados de ese año, Raúl Castro, los generales Santamaría, Cabrera y Pedro García Peláez, el jefe de la inteligencia militar Fernández Gondín, y Giraldo Masola, miembro de los servicios de espionaje, sostienen una extensa sesión de trabajo en Argel con los más renombrados miembros del Frente POLISARIO, entre ellos Brahin Gal y Habib Allah. A la reunión asisten por el ministerio de defensa argelino los coroneles Abdelhamid Latreche y Yajiaoui Chadli.

   Esta audiencia concluye en un acuerdo privado de cooperación militar entre Cuba, Argelia y el Frente POLISARIO. Especial cuidado se prestará a la forma en que ha de arreglarse el avituallamiento militar del Frente POLISARIO por vía marítima, el adiestramiento de un millar de sajarauíes por cubanos en la base Mers‑El‑Kebir, y el uso de la Segunda Región Militar en Argelia como base central. De este modo, los cubanos ubican personal castrense en el paraje argelino de Tinduf, fronterizo con Marruecos, desde cuya ubicación privilegiada podrán asistir al Frente POLISARIO9.

   El propio monarca marroquí Hassan II dará a conocer en una entrevi­sta concedida a L'Express el 26 de junio de 1978 que disponía de las pruebas que verificaban la participación definitiva de Cuba en la contienda Sajarahuí. La revelación vendrá de otras fuentes: por ejemplo, en 1979 durante una de sus habituales visitas a La Habana, Bashir Mustafá cometerá la indiscreción de referirse públicamente a los cubanos que se hallan en los campos del Frente POLISARIO desde los inicios de la lucha10

   Castro empleará su flota mercante estacionada en las islas Canarias, para despachar armas y hombres a las guerrillas. El 12 de julio de 1980, cazas Mirage marroquíes abren fuego sobre dos paquebotes cubanos, el Moroboro y el Guille­rmo Pico, que se hallan dentro de las aguas jurisdic­ciona­les del Sájara Occidental, cerca del perímetro donde opera el Frente POLISARIO.

   El 11 de diciembre de ese año, los guardacostas marroquíes arrestaron dentro de sus límites jurisdiccionales al buque cubano Golfo de Tonkín, que provenía de Guinea portando equipos de comunicac­iones y de rastreo que estaba monitoreando los movimientos del ejército marroquí en campaña contra el Frente POLISARIO. En mayo de 1982, Mohamed Abdelaziz, secretario general del Frente POLISARIO aterriza en el aeropuerto de La Habana, a invitación de Castro, acompañado por Ould Salek, a cargo de los servicios secretos de esa organización, al objeto de refrendar un acuerdo para intensificar las consultas e intercambio de información sobre asuntos internacionales. A esta plática siguió el arribo de Ibrahim Ghalí, cabeza militar del Frente POLISARIO.

 

LOS PALESTINOS

 Las relaciones de los palestinos con Castro se remontan a los inicios de los años sesenta, mucho antes de la formación de la OLP, cuando portavoces palestinos introdujeron al premier argelino Ben Bella a los cubanos. En el grupo de argelin­os que fue a entrenarse a Cuba entre 1959 y 1960 figuró un importante número de fedayines palestinos que luego completarán el equipo básico de los originales comandos armados de la OLP que comenzaron los primeros ataques contra los israelíes.

   A través de Ben Bella, el Che Guevara establecerá los primeros contactos con la Hermandad Musulmana y con sectores fundamentalistas iraníes. Así, la propaganda cubana traducida al árabe, no sólo será la primer cartilla de adoctrinamiento palestino sino que también figurará como el primer catecismo revolucionario de los fervorosos militantes shiítas iraníes.

   Pese a las intensas pugnas entre las capillas marxistas, las nacionalistas y las pro‑Hachemitas, que se desataban en el seno de la OLP, Cuba será uno de los primeros países del bloque comunista en concederle a la OLP la categoría de movimiento de liberación nacional. La Habana, no apoyará la manipulación soviética que crearía con los sectores comunistas palestinos una facción paralela que se llamó Al Ansar, la cual se desvanecería con el tiempo. Castro también se mostrará contrario a ofrecer su apoyo político al Frente Nacional Palestino fabricado por los marxistas jordanos11. En 1966, la OLP fue aceptada como agrupación legítima en la conferenc­ia Tricontinental efectuada en La Habana; meses después el gobierno cubano apoyaba públicamente los ataques palestinos al territorio israelí.

   Las relaciones diplomáticas del régimen de Castro con Israel no fueron óbice para que se destapara un noviazgo entre la OLP y La Habana, especialmente con la sección Al‑Fattah de Yasser Arafat. Por aquel entonces, Arafat y su fracción no eran bien mirados en Moscú debido a su conexión con China y a sus flirteos con organizaciones israelíes de izquier­da. Pero incluso las partidas marxistas dentro de la OLP, como el DFLP de Nayif Hawatmeh y el PLFP de Habash, propendían mucho más hacia los cubanos que a los soviéticos. 

   De la URSS los marxistas palestinos estaban decepcionados; Cuba, sin embargo, les dedicaba abrigo político, entrenamiento y ayuda económica. Era claro, La Habana hablaba un lenguaje de confrontación y de tableteo de ametralladoras. Abu Iyad, uno de los lugartenie­ntes más allegados a Arafat, comentará cómo, desde 1966, había encargado que militantes palestinos de la OLP recibieran adiestramiento en Cuba y que instructores castristas a su vez impartían clases en los campamentos de entrenamiento palestin­os12.

   Ulises Estrada, componente por esa época del aparato de espionaje de Castro, será por largo plazo el sujeto clave para las ligaduras de Cuba con la OLP. A través de la Tricontinental se conectará la OLP con el Ejército Rojo en el Japón, las Brigadas Rojas en Italia, el IRA irlandés, la ETA de los vascos, los guerrilleros sandinistas y salvadoreños, y el Baader‑Meinhoff alemán.

   En la década de los sesenta, Yasser Arafat había sido cortejado por el oficial rumano radicado en El Cairo, Constantin Munteanu, quien le arregló una entrevista con Nicolau Ceaucescu en Bucarest en 1970. También era conocido que Yasser Arafat había sido "cultivado por un oficial de la KGB, Vasili Fyodorovich Samoylenko13”. A partir de 1974, la KGB inició entrenamientos de guerrillas de la OLP en su escuela especial de Balashikha, además de proveerles de armas para los ataques contra los objetivos militares israelíes. La rama de inteligencia de la OLP, encabezada por Hani Hassan, también recibió cursos anuales en el Instituto Andropov de la KGB, y de los rumanos recibía pasaportes en blanco, equipo electrónicos de vigilancia y armas para operaciones rápidas.

   Ya desde 1968, Cuba cooperaba con Irak en la preparación de guerrilleros palestinos, sobre todo con el agregado que luego ha de llamarse Septiembre Negro. En 1967 y 1968, la DGI cubana, desde su central en el Cairo, introduce personal militar en la organización palestina Al Asifa. En el coloquio de los partidos comunistas celebrado en Moscú en junio de 1969, la diputación cubana media para que se acepte a la OLP como un fidedigno movimiento de liberación nacional, y con ello lograr el acceso oficial de los palestinos a los eventos comunistas internacionales.

   Castro se pronuncia acerbamente, aunque de forma indirecta, contra la falta de asistencia por parte de los soviéticos, de los sirios y de los egipcios para con la OLP, durante los trágicos lances de la porfía civil en Jordania, el Septiembre Negro de 1970. En esta crisis de los palestinos, La Habana mostrará una postura más comprometida en favor de Arafat que el resto del bloque soviético, sobre todo en los momentos que el palestino se distanciaba de Pequín.

    En los albores de los setenta, los cubanos preparan de forma aislada en Jordania a sinnúmero de guerrilleros latinoamericanos y palestinos de Al Fattah. Los palestinos serán puestos al corriente en las tácticas terroristas en los planteles soviéticos de Simferapol, situado en el Mar Negro, y de Gorkovskoye Shosse, contiguo a Moscú. Además, Cuba les asegurará capacitación (incluso al temible Abu Nidal) en disímiles latitudes: Yemen del Sur, Nicaragua, Líbano, Libia, e Irak.

   El favorable resultado de una instrucción aislada y lejos de un medio proclive a distraer la concentración de los reclutas fue de inmediato experimentado con los fedayines palestinos, los cuales comenzaron a ser capacitados por los soviéticos y cubanos en Corea del Norte, al clausurar el Rey Hussein II sus santuarios jordanos.

   La Tricontinental será también una de las promotoras de la conferencia de Badawi, Líbano, en mayo de 1972, donde bajo la batuta de Habash, Abu Iyad y Fuad Chemali se darán cita las principales organizaciones terroristas internacionales para acomodar un apoyo más concertado de sus operaciones en el Medio Oriente y en Europa Occidental. Así, en contubernio con las Brigadas Rojas, una cuadrilla de Septiembre Negro graduada en los laboratorios de terror cubanos, lleva a cabo un sabotaje en las refinerías de Trieste. A su vez, los terroristas europeos obtendrán artefactos sofisticados, cohetes SAM-7 entre otros que, originarios de Cuba y del resto del bloque comunista, serán servidos por sus colegas palestinos.

   En septiembre de 1973, se desarrolla la cuarta conferencia de los países No‑alineados en Argelia. Entonces Castro, en solidaridad con Arafat, rompe relaciones con Israel y presenta la resolución de abrazar con todos los medios el sostén de la violencia desatada por la OLP. Castro será el primer mandatario del Tercer Mundo en proclamar que el petróleo era una trascendental arma de presión contra el capitalismo Occidental.

   Castro seguirá objetando a los soviéticos el proyecto de conformar una segunda organización Palestina más dócil a Moscú, a partir de Hawatmeh y Habash. Ello valdrá al dictador cubano la irrestricta inclinación de Siria y del propio Arafat. A fines de 1974, una copiosa representación de la OLP encabezada por Arafat recalará en La Habana, para cumplir con varias reuniones en las que se concluyen acuerdos confidenciales con Castro para el suministro de armamentos, entrenamie­nto de personal y la adjudicación a la OLP de una oficina con rango de embajada en La Habana y su consecuente reconocimiento como un gobierno.

   Castro da un paso más en su intromisión en los asuntos palestinos al formalizar con Khadafi la famosa Junta Coordinadora Revolucionaria que desde París se dedicará a ensanchar el patrocinio internacional a la OLP y del Frente Sandinist­a. El descalabro soviético en el Egipto de Sadat marcó un punto substancial en la escalada y validez de la OLP para el bloque soviético. Por otra parte, a raíz de la balcanización del Líbano, con sus facciones y señores de la guerra, donde la OLP resulta un factor de peso, Castro asumirá la iniciativa política dentro del mundo comunista al conceder personalidad propia a los palestinos, rehuyendo considerarles en lo adelante como meros apéndices de los estados árabes.

   Será Habash quien acoplaría a los cubanos con los sudyemenitas a cambio de lo cual Castro será autorizado a pertrechar unidades palestinas en técnicas de desembarco en la isla de Perim en pleno estrecho de Bab-El-Mandeb. Así la OLP empezará la nueva estrategia de los ataques anfibios comandos hacia territorio israelí. Durante cierto tiempo La Habana no querrá suscribir públicamente la fundación de un estado palestino independiente debido a la reacción contraria que tal esquema despertaba en algunos estados árabes. No obstante, la prensa cubana acometerá violentamente contra Siria a raíz de sus ataques a la OLP durante la guerra civil libanesa en 1976.

   Cuba cerrará filas con la facción del PC libanés durante el largo conflicto que destroza el país14 y sostendrá el criterio de la necesidad de consumar una repartición más equitativa del poder entre todas las comunid­ades en el Líbano, incluyendo a los fedayines palestinos llegados a ese sitio en septiembre de 1970. A mediados de 1976, los israelíes detectan un número signifi­cativo de cubanos en el sur del Líbano, sin dudas la avanzada de un envolvimiento mayor en el futuro.

   Los cubanos no resultan útiles a los palestinos sólo en el terreno militar o de inteligencia. La Habana se encargará también de promover la imagen política de la OLP y en la III Conferencia del Mar de la ONU tratan de incluir a los palestinos. Cuba enarbola la resolución adoptada por las Naciones Unidas en 1975 y 1977 en la que se define al sionismo como una forma de racismo, y además será el único país no árabe que exige en el Consejo Económico y Social de la ONU una resolución que incluyese a Israel en la agenda sobre el racismo.

 

LOS HERMANOS MUSULMANES

 De regreso a las Antillas, luego de una gira por África y el Medio Oriente en 1977, Castro aumenta el volumen de la cooperación política y los entrenamientos que venía otorgando a la OLP sistemáticamente desde 1974. Arafat se aventura con Castro para labrarle en el Medio Oriente la candidatura de Cuba como sede del Movimiento de los Países No-alineados. Y es precisamente en la conferencia de los No‑alineados de La Habana que Castro propone la formación de un estado independi­ente palestino, en contraposición con la idea de crear entidad­es autónomas en la franja de Gaza y en Cisjordania.

   Tras una conversación con Habash, en marzo de 1978, los cubanos conciertan una alianza secreta en La Habana entre la OLP y el Frente Sandinis­ta. A raíz de estos arreglos, los palestinos darán acondicionami­ento en el Líbano a las guerrillas salvadoreñas del Frente Farabundo Martí. Shafik Handal y Cayetano Carpio, máximos exponentes del partido comunista de El Salvador, se transformarán en los correveidiles entre palestinos, sirios y cubanos. Castro aumenta entonces su presencia en los campamentos palesti­nos del Líbano15. Los centros de inteligencia cubano en Beirut y en Chipre constituirán los nervios centrales en las relaciones con la OLP; a través de ellos se canalizará el grueso de la cooperación económica y militar a este organismo, así como a otros grupos terroristas.

   En el Líbano, Cuba ubicará como su representante diplomático a un sazonado espía, Miguel Brugueras (que luego se acreditará en Panamá) para realizar el trabajo de auscultar a los candidatos palestin­os que recibirán en Cuba y Yemen del Sur los entrenamientos de espionaje, militares y terroristas. Este modus operandi será introducido también en Angola16.

   En una entrevista de prensa realizada en mayo de 1978 por la agencia noticiosa Reuters, Abu Salah Khalaf, jefe militar de  Al- Fattah, confirma lo que era un secreto a todas voces: que muchos fedayines palestinos recibían preparación combativa en Cuba desde la década de los sesenta­17. Antes de concluir el año alrededor de 500 palestinos serían mandados a Cuba18 para ser entrenados.

   También en 1978 el agente cubano Alberto Velazco será denominado embajador en el Líbano. Semanas después llegan técnicos cubanos a las áreas de entrenamien­to guerrillero palestinos en Tiro y en Sidón, al sur del Líbano. Un año después, un puñado de instructores militares soviéticos y cubanos ayudaban a la OLP a fortificar sus emplazamientos a todo lo largo de la ribera del Litani. En la isla sudyemenita de Socotra, Carlos el "Chacal", notorio autor del ataque a la Rue Marbeuf, compartirá con enviados de Castro las tareas de instrucción a grupos insurgentes y terroristas, a componentes del Frente Popular de Palestina, y a personas como George Abdulá, Salem Jibril y Jacqueline Esber de la LARF del Líbano.

   Si bien los acuerdos de Camp David desequilibran la política del bloque soviético en el Medio Oriente, Castro intuye la necesidad de evitar que la OLP caiga en la trampa de la administración norteamericana, y en consecuencia decide montar una campaña internacional en contra de la agenda de Campo David. En una conversación entre Arafat y los jerarcas soviéticos Gromiko y Ponomarev19 el palestino expondrá que en la Conferencia de La Habana se logró, con ayuda de los cubanos, una posición condenatoria a los acuerdos de Camp David, pese a las maniobras de Yugoslavia y la India que estaban en contra de una decisión anti-egipcia. De acuerdo con Arafat, Tanto Saddam Hussein, como el sirio Hafez El Assad se sumaron a Castro en un poderoso cabildeo.

   Apuntará Arafat que20 "la sabiduría de Castro significó un papel decisivo en lograr tales resultados. Durante los últimos seis años, nuestras actividades entre los estados no-alineados produjo resultados en La Habana. Nuestra actividad en Europa está basada en la necesidad europea del petróleo árabe. Si bien los centros de adiestramiento cubanos para la OLP se hallaban fundamentalmente en Argelia, Yemen del Sur, Siria e Irak, tanto los cubanos como los soviéticos determinaron ampliar los centros de instrucción militar de ambos países fuera del mundo árabe, sobre todo en la URSS, Checoslovaquia, Alemania Oriental, Cuba, Corea del Norte, Angola, Mozambique, Granada y Nicaragua".

   En 1981, el Partido Comunista de Cuba y la OLP suscribían un acuerdo de cooperación en La Habana cuyos detalles no se publicaron. Castro asumió públicamente una posición a favor de la OLP durante la centelleante blitz israelí al Líbano en 1982. Ello contrastaba con la cautela soviética; y las opiniones críticas a los soviéticos de Faruk Khadumi (alias Abu Lutf), y de Abu Iyad encontraron eco en la prensa cubana.

   Durante la invasión israelí al Líbano la embajada cubana en Beirut, mucho más que la soviética, se transformó en un centro de agitación, de contactos y de comunicaciones para Arafat. Los israelitas capturaron de los palestinos documentos y manuales cubanos de entrenamiento que detallaban métodos de sabotaje de instalaciones de energía eléctrica e instrucciones de cómo volar estacio­nes de ferrocarril.

   La debacle Palestina producida por la incursión israelita al Líbano precipitará los choques entre Arafat y Siria que traerán consigo una división en la OLP. Castro buscará a ultranza la reconciliación de las facciones palestinas contrarias, a partir de su posición privilegiada, por mantener estrechos vínculos con la jefatura de cada fracción: Habash, Abu Nidal, Faruk Khadumi y el propio Arafat. Contrarios a la actitud de los soviéticos, los cubanos se muestran favorables públicamente a las sesiones del Consejo Nacional Palestino que tienen lugar en Argelia en 1983, y se solidarizan con las censuras del dirigente palestino Khaled Al‑Hassan. No obstante, Cuba tratará de salvar la brecha que se abre internamente entre las diversas facciones de la OLP, y entre la organización y Moscú.

   Desde el Kremlin, el nuevo secretario del PCUS, Andropov, proponía la idea de una conciliación intra-palestina mediante un referendo, y en noviembre de 1983 el canciller bolchevique Gromiko presion­aba a Faruk Khadumi para que la OLP cortase sus lazos con Arabia Saudita. Entre tanto, Castro hará todo lo imaginable en aras de cimentar la unidad desde la cúspide, lanzando el proyecto de una conferencia entre Siria, los dos bandos pugnantes de Al-Fattah, los nacionalistas libaneses, Cuba y la URSS, para resolver, de una vez por todas, las diferencias entre el mandatario sirio Hafez El Assad y el palestino Arafat.

   Los soviéticos se conducirán en este asunto con la dualidad que siempre caracterizó su proceder. Por una parte negociarán una alianza con Hawatmeh y Habash para crear una formación política Palestina paralela a la OLP, su viejo sueño, y por otro coquetearán con los oponentes de Arafat, especialmente con los de la línea dura como Abu Musa y Abu Salih. La posición cubana se alejará del neutralismo soviético criticando la dirigencia Siria.

   La diplomacia habanera tasará estos pasos, así como los intentos hegemónicos sirios, como peligrosos y capaces de hacer estallar en pedazos la OLP, hundiendo a quien conceptúan como el único líder idóneo para mediar tanto con las izquierdas como con los árabes moderados: Arafat. La lealtad hacia Arafat y su Al-Fattah no fue óbice para que Castro sostuviese contactos con las ramificaciones de izquierda de esa organización, muy especialmente con Ahmed Jibril. Los cubanos se agitaron febrilmente dentro de las divisiones de los comunistas palestinos, en particular los individuos partidarios de Arafat, tanto en los territorios ocupados como en sus delegaciones exteriores.

   Castro no convendrá con la propuesta del iraquí Hussein y del egipcio Hosni Mubarak y arremeterá contra el plan de paz del presidente norteamericano Reagan, haciendo causa común con Khaled Al‑Fahum, pero cuidando de no lesionar sus vínculos con Faruk Khadumi y Salah Khalaf. Castro comentará a los soviéticos la imperiosidad de establecer una ruta directa para abastecer militarmente a los palestinos de Arafat, y así truncar su dependencia logística de Siria.

   La magnitud del envolvimiento de Castro en busca de un arreglo entre las partes palestinas y árabes en conflicto sale a la luz en la entrevista que llevó a cabo el canciller soviético Gromiko con una diputación de la OLP presidida por Faruk Khadumi: "Como Gromiko puede recordar, una mediación cubana ha tenido lugar, buscando una reunión que resuelva los problemas entre nosotros y Siria y para reconciliar las diferencias internas dentro de la resistencia21”.

   Al tiempo que ejercía su mediación en la desavenencia Palestina y en la discordia fratricida Irán‑Irak, Castro se acercará al régimen egipcio de Mubarak para interceder con cierta eficacia mientras, por otra parte, servirá de puente para envolver a Libia en un diseño subversivo en la América Central y el Caribe. La OLP trató de explotar los contactos cubanos en el continente americano buscando apoyo para su causa. En Sâo Paulo, Brasil, Cuba orquestó en agosto de 1984 un congreso de las organizaciones palestinas en América Latina, y en febrero de 1985, el ejecutivo de la OLP se citó en La Habana con delegados y portavoces de los llamados movimientos de liberación de América Central y Sur acreditados en La Habana.