CAPÍTULO 19 
LA NUEVA JOYA

 

 La pequeña colonia británica de Granada, enclavada en el extremo sur del arco antillano, logra su autonomía en 1967. El 7 de febrero de 1974, Granada obtiene su independencia a pesar de la oposición de los partidos contrarios al excéntrico nuevo premier Eric Gairy. Uno de estos bandos, el movimiento  de la Nueva Joya, había surgido apenas un año antes, como resultado de la fusión de dos grupos. Lo encabezaba el marxista Maurice Bishop.

   En junio de 1974, el granadino Bernard Coard expresaba la necesidad de una revolución en Granada para romper el aislamiento de Cuba en el Hemisferio. Dos años antes de asumir el poder, Bishop y Unison Whiteman habían prometido a los cubanos que transformarían el movimiento de la Nueva Joya en una plataforma marxista1.

   Frente a la costa de Santa Lucía hay un islote rocoso llamado Isla Rata; en 1976, tuvo lugar una reunión secreta entre Bishop y Coard de Granada, George Oldium de Santa Lucía, Tim Héctor de Antigua y otros simpatizantes del marxismo; allí se fraguó el plan para derrocar a los mandatarios electos del Caribe oriental y sustituirlos por personajes de orientación comunista.

   Detrás de este proyecto se hallaban Castro y el entonces premier jamaicano Michael Manley. Eran los momentos en que Manley y Forbes Burnham de Guyana se alinearon con la política exterior de Castro. Si bien la caída electoral de Manley trastorna el plan de Isla Rata, el mismo no es abandonado del todo. Una vez que se establecieron las coordenadas de acción, se comenzó a trazar la toma del poder en todas y cada una de esas paradisíacas islas. El croquis para Granada quedaría concretado en una asamblea efectuada en los predios de la Universidad de las Antillas Occidentales, en la ínsula de Trinidad.

   Luego de la celebración en La Habana del XI Festival de la Juventud y los Estudiantes en 1978, la delegación granadina, de regreso en casa, se dio a la tarea de componer una asociación de amistad Cuba-Granada. Encabeza la nueva empresa Colville McBarnette que es financiada por la inteligencia cubana. En agosto de ese año, fracasaron los intentos por desplomar al gobierno de Guyana a través de una huelga general propulsada por elementos radicales conectados con La Habana. Eso provoca la expulsión de quince diplomáticos cubanos, involucrados directamente en estas actividades ilegales.

   A finales de la década setenta, Jamaica había devenido en el blanco primordial para Cuba. El propio Castro y un puñado de sus allegados sostenían íntimas relaciones con miembros importantes del Partido Nacional del Pueblo (NPP) que gobernaría en Jamaica de 1973 hasta 1980. Los mellizos Patricio y Antonio de LaGuardia, al frente de un contingente de asesores cubanos, comenzaron a preparar a sus homólogos jamaicanos, incluyendo a componentes de las fuerzas de seguridad del primer ministro Manley. Asimismo, alrededor de 1400 jóvenes jamaicanos viajaron a Cuba para recibir una educación integral que incluía adoctrinamiento político y adiestramiento militar.

   Un ex-terrorista jamaicano, diplomado en 1980 de los cursos paramilitares cubanos, que después rompió con la izquierda radical, ha escrito recientemente un amplio sumario de su preparación que detalla el uso de pistolas, rifles, armas automáticas, lanzacohetes, granadas y minas. Entre las otras áreas de estudios el autor menciona la estructura militar de Estados Unidos, tácticas para emboscar pequeñas unidades, y topografía y métodos de ataques sobre emplazamientos fijos2.

   La misión diplomática cubana en Kingston, encabezada por Ulises Estrada, resultaba un centro de influencia dentro del país.  Ulises había servido como segundo al mando de Piñeiro; tenía en su haber un largo historial de espionaje internacional y recién retornaba de sus deberes en la guerra civil de Nicaragua. Carlos Rafael y Raúl Valdés Vivó, que desde el Comité Central del Partido Comunista buscaban encargarse de todas las extensiones de política exterior, utilizaron a Ulises como cabeza de punta contra Piñeiro, hasta que fue removido del Departamento América por esta conspiración.

   Una Jamaica aliada o al menos neutral, posibilitó a los servicios secretos de Castro anotarse dos resonantes triunfos en 1979: el golpe de estado en Granada, que ubica en el poder al fiel aliado Bishop, y la victoria guerrillera sandinista en Nicaragua, patrocinada por los fieles hermanos Ortega. Cuba resultaría instrumental en el tráfico de armas hacia Jamaica. Las actividades de una corporación cubana, la Moonex International, registrada en Lichtenstein y con subsidiarias en Panamá y Jamaica, fueron descubiertas en mayo de 1980, al incautársele un cargamento ilegal de armas cortas y municiones procedente de Miami. 

   En 1980, se reportó que la embajada cubana en Kingston había acumulado un vasto arsenal de armas en sus instalaciones con vistas a repartirlas durante la campaña electoral para usarlas contra el opositor Partido Laborista de Jamaica. En enero de 1981, el presidente jamaicano electo Edward Seaga canceló los proyectos de cooperación con Castro, expulsando a 500 cubanos de la Isla.

   El nuevo gobierno de Seaga pidió la salida inmediata del embajador Ulises y dio término a los convenios de intercambio para adiestramiento, amenazando a Castro con cortar las relaciones diplomáticas entre los dos países si éste no daba término a su interferencia en los asuntos de Jamaica. En octubre de ese mismo año, la negativa de Castro de extraditar a tres criminales fugitivos de Jamaica llevaría al rompimiento de dichas relaciones.

 

LOS CORSARIOS DEL CARIBE

 Según el plan de Isla Rata, la acción general en el Caribe debió inaugurarse por Antigua, pero se inicia en Granada cuando el movimiento de la Nueva Joya derriba el 13 de marzo de 1979 a Gairy, y Bishop se convierte en primer ministro. Existen pruebas de la coparticipación del espionaje cubano, a través del oficial Oscar Cárdenas, en la planificación y ejecución del derrocamiento de Gairy. El día de la borrasca, el paquebote soviético Traschenesko carenaba en el puerto de Saint George, con su fardaje de granadinos armados y entrenados en Cuba.

   La intención de La Nueva Joya de abrazar la agenda de política exterior de Cuba fue manifestada de inmediato. Bishop estrechó sus lazos también con la Unión Soviética y lanzó, inmediatamente de instalado en el poder, un plan represivo para aniquilar a todos los partidos políticos tradicionales, salvo el grupo de marxistas ortodoxos del ahora vicepremier Coard, que se incorpora a La Nueva Joya.

   Pese a las promesas de que se celebrarían elecciones, el régimen de Bishop suspende la Constitución, rechaza celebrar comicios, y ridiculiza la democracia calificándola de hipocresía de Westminster. A partir de ese momento, los derechos humanos serán violados regularmente; se suprimen la libertad de prensa y los derechos políticos, vedándosele a los prisioneros políticos el Habeas Corpus. Los documentos de los archivos de Granada destacan las orientaciones directas de Bishop para crear una sola iglesia nacional, reeducar por la fuerza a los "rastafaris" y para la eliminación de elementos críticos a su persona.

   Ante un inesperado ataque del periódico independiente The Grenadian Voice, Bishop le escribe a Castro donde le suplica que le sugiera cómo afrontar la situación3. Como resultado de la respuesta de Castro, los medios de información de Granada serán reorganizados bajo el monopolio de La Nueva Joya con el concurso de técnicos soviéticos y cubanos.

   Así, en enero de 1981 los cubanos procuran que los órganos de prensa y radio concluyan su sociedad con la BBC de Londres y comiencen a utilizar los boletines de Prensa Latina para sus reportajes. A su vez, La Habana inició la construcción de un trasmisor de 75 kilowats para Radio Free Granada, a fin de difundir su material hacia el Caribe y la América del Sur.

   En la primera quincena de mayo de 1982, una delegación de ocho altos funcionarios de La Nueva Joya consumó una visita de análisis a la Gran Antilla; participaron Selwyn Strachan, John Ventour, Dave Bartholomew, Tessa Stroude, Nelson Luison y Hazel Ann Williams. A su regreso, se darían a la tarea de elaborar un esquema de ordenamiento de la sociedad de Granada. La idea era reproducir el modelo de poder de Castro; bajo su régimen, Granada se comportará como una extensión provincial de La Habana.

   Hasta las votaciones de ambos países en organismos internacionales serán siempre idénticas; por ejemplo, Granada fue el único estado del continente que se expresó con Cuba en contra de la resolución de la ONU de enero de 1980, que condenaba la invasión soviética a Afganistán. Asimismo, la influencia del pro-soviético Partido de los Trabajadores de Jamaica, encabezado por Trevor Munroe, fue decisiva la inclinación de los granadinos hacia Cuba. Es más, una gran parte de sus miembros pasaron a organizar la seguridad interna de Bishop adjunto a los cubanos.

 

LA ISLA DEL TESORO

 El propósito de La Nueva Joya se inscribió en la transformación de este diminuto atolón caribeño no sólo como un experimento del comunismo sino como un actor fundamental del área.  En noviembre de 1979, con Bishop en el poder, se convocó otra conferencia a la que fueron invitados los marxistas de Santa Lucía y de Dominica.  

   Ya en 1980, Granada contaba con cientos de asesores cubanos. En junio de 1983, La Habana y Georgetown acordaron cubrir el desenvolvimiento de 24 proyectos conjuntos en diferentes áreas. Se inició entonces la construcción de un aeropuerto al suroeste de la Isla, con vistas a usarlo como puente para el trasiego militar de Cuba al África.

   Siguiendo las sugerencias de Moscú y de La Habana, Bishop instaría a George Oldium de Santa Lucía a usurpar el poder mediante un golpe de mano. Más adelante, y con la colaboración de Cuba, concentrará sus apetencias en promover un levantamiento en la isla de San Vicente. De tal forma se escenifica un motín en Union Island con el fin de derrocar a Milton Cato, presidente democráticamente electo de San Vicente.

   La pequeña isleta de Dominica no logra escapar del fermento de la rebelión. Desde inicios de 1980 y a través de Granada, los servicios cubanos trataron de precipitar la fusión de los varones extremistas de esta isla para desencadenar una acción violenta. El agente secreto cubano, Omar Córdoba Rivas, llevará a cabo reiteradas visitas de contacto para coordinar los adiestramientos.

   Cuba proporcionará entrenamiento a un comando del Movimiento Social del Trabajo (SWM) y a otro del Partido Socialista. En julio de 1981, el pro-soviético PC de Dominica anunciaba que alrededor de 700 de sus militantes se hallaban en distintos cursos de capacitación en el bloque comunista. Por suerte, al frente de Dominica se hallaba Eugenia Charles, quien decide disolver inmediatamente las fuerzas de defensa que habían sido infiltradas por los sediciosos.

   Al caer Surinam bajo el mando del dictador Desi Buterse en febrero de 1980, comenzaron a su alrededor los coqueteos del bloque soviético, especialmente de Cuba. La Habana consideraba a Bishop como la correa de trasmisión ideal para incorporar el Surinam al bloque comunista. En diciembre de 1981 tiene lugar una junta secreta con Buterse en Surinam; asisten a ella Bishop, el estalinista Munroe de Jamaica, el marxista Tim Héctor de Antigua, y Ralph Gonsalves de San Vicente. La agenda consideraba: discutir con los cubanos todo lo concerniente a la subversión pancaribeña4. La inteligencia francesa tenía evidencias de que la confabulación terrorista en Guadalupe y Martinica estaba orquestada por operativos cubanos.

   La diligente asistencia de Castro a los órganos represivos y al ejército de Buterse aumentó a partir del nombramiento del exitoso agente Cárdenas a embajador de Cuba en Surinam en septiembre de 1982. Tres meses después de su nominación, los esbirros de Buterse, ya entrenados por La Habana, efectuaron la masacre de quince prominentes líderes gremiales bajo el pretexto de que estos complotaban contra el espadón surinamés. En los meses siguientes, la imagen internacional de Buterse quedaría teñida por el brutal asesinato realizado bajo el asesoramiento de Cuba a través de su Departamento de América.

   Ello no fue óbice para que Bishop y los cubanos siguieran presionando en su agenda por una revolución en Surinam. A sugerencia de los cubanos, se trasladan a Surinam los altos funcionarios granadinos Phyllis Coard y Hudson Austin. Su misión será la de prestar asesoramiento a Buterse durante varios meses y a la vez brindar referencias a Castro sobre el cuadro político doméstico.

   En las minutas confiscadas en Granada se destacan las concernientes a la estrategia de la URSS y de Cuba con respecto a la Internacional Socialista, y la manipulación de algunos aliados latinoamericanos. Berlín oriental fue el punto de convergencia escogido por La Habana para facilitar el vínculo entre los cuadros granadinos y los comunistas turcos por un lado, el PC indonesio en la persona de Sinuraya por otro, así como el chileno Corvalán, y los brasileños desde Portugal. Las conexiones con los partidos argentinos y uruguayos se hicieron desde La Habana; con los comunistas bolivianos a través de la embajada cubana en Perú; y con la organización paraguaya a través de la emisora cubana Radio Habana Cuba5.

   La cancillería cubana prepararía a diplomáticos granadinos; los servicios secretos de Piñeiro asesorarían a Bishop, y el general Ochoa organizará la infantería del futuro ejército granadino entrenándola junto a los batallones sandinistas destacados en las zonas de guerra de Nicaragua, y en particular en la comarca de los indios miskitos. Al transformarse en un actor regional a utilidad de los designios cubanos y soviéticos, Bishop ligaba su destino al de los sandinistas en Nicaragua.

   La participación de La Nueva Joya no se limitaría a ese país centroamericano. Los granadinos alimentaron un acoplamiento estrecho con los insurgentes salvadoreños, en particular con Shafik Handal del Partido Comunista de El Salvador y líder del frente Farabundo Martí. También mantuvieron un trato con capillas neo-trotskistas de El Salvador y de Honduras que operaban de acuerdo con Cuba6. En un apunte confidencial de 1983, el embajador de Granada en Moscú sugería a Bishop que antes de obtener una colaboración más sustancial de la URSS Granada tendría que ganar prestigio trayendo al campo comunista a un país del área caribeña, como por ejemplo Surinam o Belice.

   En agosto de 1982, el Partido Popular guyanés de Cheddi Jayan convocó a una reunión de comunistas del Caribe, donde estuvieron presente la Nueva Joya y los cubanos. La intención de Cuba se concentraría en lograr que la Granada de Bishop condujera a las islas caribeñas de San Vicente y Santa Lucía al comunismo. Era la época en que el trotskista C.L.R. James de Trinidad clamaba, desde la dirección del periódico Free West Indian, por una federación del Caribe encabezada por La Habana.

   Mientras el cometido de Granada se fomentaba con los corrillos de San Vicente y Santa Lucía, hacia los años finales de La Nueva Joya el blanco cardinal se centraría en Barbados. Un parte confidencial de 15 páginas hallado en los archivos de Bishop y procedente de la organización MONALI de Barbados, presentaba un juicio estratégico para hurtar el dominio político en esa isla de cocales7.

   En otro coloquio regional privado, dirigida por el Partido Comunista de Cuba, consumado en Managua el 6 y 7 de enero de 1983, y luego continuada en Granada, se diseña el intento para conseguir más adeptos e incluso para copar la Internacional Socialista si las circunstancias se presentaban propicias. Según se detalla en uno de los borradores privados de Bishop, en la primera sesión intervinieron los sandinistas, el MNR salvadoreño, el Partido Nacional del Pueblo de Jamaica, el Partido Radical de Chile (PRC), y la Nueva Joya de Granada.

   La agenda incluía un análisis del equilibrio de fuerzas dentro de la Internacional Socialista y de las iniciativas a tomar para consolidar la posición de los elementos afines a Cuba y a la URSS, y a la vez neutralizar los que se hallaban en contra. Se consideró también que sólo siete de los catorce componentes latinoamericanos de la Internacional eran marxistas, y que se debía promover a miembros plenos a partidos socialistas simpatizantes de la posición cubana, como por ejemplo los de Guyana, Puerto Rico y Santa Lucía. Se ahondó sobre las tajantes discordias entre los partidos europeos en su visión de América Latina, y también sobre el cisma entre Kreyski de Austria y Braudl de Alemania en torno a la OLP.

   Por último, se determinó rechazar el concepto de amenaza soviética; se identificó a los partidos socialistas nórdicos, al de Holanda, y tentativamente al UDP de Canadá, como los aliados más resueltos y, por el contrario, a las entidades políticas de Mario Soares en Portugal, de Luigi Longo en Italia, y al socialdemócrata de Estados Unidos como enemigos principales. 

 

LA HEGEMONIA CUBANA

 Los documentos de Granada arrojan luz sobre una vasta mancomunidad militar alrededor de ese país. Bishop había suscrito 5 pactos ocultos con la URSS, Cuba y Corea del Norte. En el área de los servicios secretos, por ejemplo, el entonces capo de la DGI, Luis Barreiro Caramés había manufacturado un programa de asistencia a los aparatos de Bishop que elevaría su personal a trescientos, y haría factible la asesoría de Alemania Oriental.

   Cuba supervisó las acciones de infiltración de espías granadinos en la isla de Barbados, como por ejemplo en el caso de una sustracción de informes de la sección regional de la organización sindical norteamericana AFL-CIO. La embajada cubana mantenía informada semanalmente a las principales figuras del gobierno de Granada sobre los acontecimientos internacionales, e incluso, el embajador cubano en Granada, Julián Torres Rizo, asistiría regularmente a los mítines del buró político de la Nueva Joya y del consejo de ministros de Granada.

   Rizo había sido periodista de Prensa Latina, hasta que fue reclutado y preparado por la DGI dos años antes de que se le asignara como agente activo en las labores de la Brigada Venceremos en los Estados Unidos. Su esposa, la norteamericana Gail Reed, había sido asesora de Bishop para asuntos estadounidenses. Rizo fue además uno de los enlaces que el Departamento de América propició a los chilenos radicales y al ex‑embajad­or chileno Rolando Letelier, para fomentar una ola de disturbios en Chile8.

   La mano de La Habana también buscaría influir en los asuntos del clero granadino. En otro cable cifrado del Departamento de América, hallado en los archivos de Granada, se recomendaba a Bishop una serie de reglas que debería asumir con respecto a la iglesia católica. En el mismo también se recomendaba la manipulación de los círculos católicos vinculados a la teología de la liberación. Asimismo, la escuela cubana de marxismo Ñico López abriría de inmediato una amplia cuota para ofrecer instrucción ideológica a los cuadros políticos de La Nueva Joya.

   Pero el corazón de las relaciones entre Granada y Cuba, y el grueso de la ayuda recibida por Bishop atañía al dominio militar.  Bajo las cláusulas de un protocolo secreto negociado por el general Ochoa, Cuba desplazó un puñado de especialistas militares para asistir en la estructuración orgánica, el adiestramiento combativo y el entrenamiento de campaña del nuevo ejército de Granada. Es más, muchas de las edificaciones que se hicieron allí sirvieron a planes militares.

   El general Ochoa estaba a cargo de la asesoría militar ante el gobierno de Bishop. Las minutas del buró político de La Nueva Joya muestran las constantes consultas que Bishop y su núcleo hacían a los cubanos, en especial al general Ochoa. Con frecuencia, éste fiscalizaba el cumplimiento del protocolo secreto; durante 1982, el general cubano recibió varias delegaciones militares de Granada, a las cuales asesoró en ingeniería militar, comunicaciones, logística y exploración.

   El tratado confeccionado por el general Ochoa afirmaba la necesidad de un absoluto secreto en torno a la gestión militar cubana en Granada. Era él quien autorizaba el entrenamiento y la logística en que incurría la colaboración a Bishop. En una ocasión el capitán Christopher Stroude del ejército de Bishop regresaría con el general Ochoa a La Habana luego de una visita de este último a Granada. El objetivo de Stroude era supervisar el acondicionamiento de 200 de sus soldados destacados en Cuba; a petición de Bishop y del general Austin9, Stroude remitiría sus informes al propio general Ochoa, en mayo de 1982.

   El vasto volumen de documentos y de correspondencia entre el general Ochoa y sus colegas granadinos, sobre la conformación de un ejército pequeño pero moderno, y de la organización de un servicio militar, cubre un extenso expediente de los archivos de Granada.

   En junio de 1980, Coard fue recibido en audiencia en Moscú por Ponomarev, director del Departamento Internacional del PCUS. Allí se firmó un contrato que confería acceso a la URSS, en caso de crisis, al nuevo aeródromo que construían los cubanos en ese momento en Granada10. En diciembre de 1981, el propio ministro de movilización nacional, Selwyn Strachan, había revelado públicamente que Cuba estaba facultada a servirse del aeropuerto en ocasión de alguna eventualidad, para avituallar sus tropas a Angola; agregó, además, que por su ubicación estratégica, también podría ser utilizado por la URSS.

   Bishop anotará en sus documentos personales los detalles de la entrevista que sostuvo el 15 de abril de 1984 con el entonces canciller soviético Gromyko en Moscú, donde le explica a éste la importancia estratégica del aeropuerto en caso de guerra, para dislocar las líneas de abastecimiento de la OTAN. Además, Lian James, de La Nueva Joya, confesaría en su propio libro de notas la intención de Granada con respecto al aeródromo11 "la revolución ha sido capaz de aplastar la contrarrevolución internacionalmente;  el aeropuerto será utilizado por los militares cubanos y soviéticos".

   Pero la anotación más relevante en los registros de Granada resultó las minutas de la visita de Bishop a la URSS en julio de 1982, donde se hace patente que todas las negociaciones de Granada con Moscú se realizaban o bien mediante Castro o con la asesoría de los cubanos. En otro documento que resume una entrevista personal de Bishop con el embajador soviético en Granada, es evidente la conexión cubano soviética en la preparación militar de la Isla12.

     "El embajador informó que el Jefe del Estado Mayor, general  Ogarkov, desea una entrevista con el comandante Hudson Austin. Reportó de proyectiles 14.5 para carros blindados, enviados a Cuba en enero de 1983.  Otros serán servidos este  año a través de La Habana. Aviones destinados a Granada serán remitidos primero a Cuba. Pueden sentar 39 paracaidistas y levantar 6 toneladas. Quince especialistas viajarán de Moscú a La Habana para trabajar en los aviones.  El embajador dijo  que ellos preferían que se usaran pilotos cubanos."

   En junio de 1983, el gobierno de Bishop firmó múltiples convenios con la URSS, en los que se consideró el emplazamiento de una compleja estación de rastreo de satélites, y la conexión además por cable directo a Granada con el bloque soviético. La URSS anuncia la edificación en Greenville de un puerto marítimo para uso de la flota soviética en el Caribe. El aeródromo, la estación de rastreo y el puerto significaban la conformación de una infraestructura estratégica para la URSS en esa zona.

 

LA CAIDA DE LA JOYA

 La pugna entre las facciones de Coard y la de Bishop pareció inicialmente ser sólo de índole personal. Pronto se revelaría que estaban en juego dos modelos diferentes sobre la organización y el ejercicio del poder. Coard renuncia dramáticamente a los órganos de dirección de la Nueva Joya, argumentando que mientras la lógica del momento exigía mayor disciplina y rigor, Bishop mantenía la desorganización.

   Coard señalará que el trabajo del partido se había derrumbado entre los obreros, los jóvenes, las mujeres y en el propio aparato administrativo. Era una realidad que entre los gremios de pescadores y portuarios La Nueva Joya no se había consolidado. Lejos de amainar los elementos de la disensión, su renuncia los agudizó. Coard se transformaba en el hombre del instante; corría el mes de octubre de 1982.

   Poco antes del descalabro granadino, el general Ochoa realizó personalmente un extenso estudio de la situación militar, política y social del país, el cual entregó a Bishop y a Castro. En sus conclusiones alertaba a ambos del advenimiento de una crisis terminal13. Ya en 1983 el general Ochoa había instado a Bishop a que le permitiese modelar compañías móviles rápidas que robustecieran las defensas del castillo de San Jorge. El general cubano estaba alarmado del bajo nivel combativo en las fuerzas armadas, y del deterioro en el partido La Nueva Joya, y recomendó a Bishop y a Austin un rápido mejoramiento de la preparación de las tropas granadinas y la generalización urgente de una serie de cursos de instrucción ideológica. 

   El general Ochoa regresó a La Habana convencido de que en Granada se había iniciado un proceso de descomposición que iba a dar al traste con el régimen de Bishop. El informe del general Ochoa a Castro comentaba que las deficiencias militares observadas en Granada resultaban preocupantes. Ante la inquieta situación, el general propuso disminuir el ritmo de la ayuda militar, pero Bishop y Castro prestaron muy poca atención a estos avisos; error que pagaron muy caro más adelante.         

   Bajo presión norteamericana, Bishop accedió a una visita a Washington ese mismo mes donde sostuvo una audiencia con William Clark, asesor de seguridad nacional del presidente Reagan, en la que se comprometió a distanciarse un poco de la URSS y de Cuba, a cambio de ayuda económica norteamericana. En los momentos que la revolución de Granada había perdido vapor, cuando su programa económico no respondía, en que languidecía el aparato de propaganda y tenía lugar el desmoronamiento del partido, las extensas críticas expuestas por el general Ochoa en su reseña minaron la autoridad de Bishop y propiciaron que la facción contraria se lanzara al ataque.

   La reseña del general Ochoa sería revisada en varias ocasiones por el buró político de La Nueva Joya. Entre el 13 y el 19 de julio de 1983, el partido celebró una sesión plenaria masiva en la que se hizo balance de los cuatro años de poder. Se determinó introducir el adoctrinamiento marxista en la escuela primaria y la secundaria, al igual que el control de las películas y la reducción de los programas religiosos sostenidos desde el exterior.

   Coard y sus seguidores propagan una campaña en contra de Bishop culpándole por el deterioro de la economía y criticando su incapacidad de resolver las numerosas dificultades de la nación. El alegato en favor de Bishop que hace Castro mediante carta personal a la Nueva Joya sólo logra alimentar la furia de la facción de Coard. En la reunión de emergencia convocada por dicho organismo el 26 de agosto de 1983, después de difundido el informe del general Ochoa, se hará evidente la presión y creciente preponderancia de los partidarios de Coard14

   En dicha asamblea, el embajador de Granada en La Habana, León Cornwall, llevó la voz cantante en los ataques contra Bishop, acusando al comité central de infuncional y haciéndose eco de las constantes censuras que los alemanes del este y los cubanos, en boca de Piñeiro y del funcionario del partido comunista cubano, Carlos Díaz, hacían ante el desastroso estado de cosas en el país.

   Por su parte, Lian James, otro adicto de Coard plantea que se estaba en los albores de la desintegración del partido, señalando la crecida rebeldía de las diversas secciones dentro del mismo contra los altos órganos. A su vez, el general Austin hará notar que nada había progresado en el país durante el transcurso de los cuatro años de poder. A la posterior reunión excepcional del comité central llevada a cabo entre el 13 y el 15 de septiembre se invitó a Coard. Allí se hizo claramente patente el cisma entre los coardistas y el bando de Bishop, quien se mostró pasivo ante el desenlace de los acontecimientos.

   El 28 de septiembre, Bishop inicia lo que sería su última gira internacional; visitará Hungría y Checoslovaquia, y culminará en La Habana el 8 de octubre. En su ausencia se fomentó el complot de golpe que ha de conducir el vicepremier Coard; la URSS se encontraba al tanto de la conspiración en contra de Bishop. Ante los devaneos del premier granadino en su último viaje a los Estados Unidos, los soviéticos no pondrán ninguna objeción; por el contrario, su sanción al inminente final se manifiesta en la cancelación de la visita de una comisión de alto nivel de Granada fijada para comienzos de octubre. Es entendido que durante la última gira de Bishop por Europa Oriental se consumaron contactos entre varias embajadas soviéticas en América Latina y activistas políticos granadinos que luego se trasladaron a la isla para colocarse en la fila de los golpistas.

   La colisión final entre Bishop y los complotados estalló el 12 de octubre en una convención del gabinete. Coard abogó por el reemplazo de Bishop reprochándole por dilatar los cambios socialistas. Los borradores de esta sesión muestran una histeria general, recriminaciones y amenazas. Los coardistas, a voz en cuello, exigieron la expulsión de George Louison, ministro de agricultura y allegado a Bishop, suscitando así la confrontación abierta. En la reunión saldrá a relucir que los seguidores de Coard en el ejército y en los órganos de seguridad habían discutido una solución afgana por la cual se eliminaría a Bishop y se transferiría el poder a Coard. La lista de propuestas detenciones incluía a Bishop, a su asistente Jacqueline Creft, a Louison y a Fitzroy Bain, otro alto jerarca de la Nueva Joya. 

   A pesar de haber sido desenmascarada por Bishop, la conspiración se ha de desenvolver ulteriormente en la forma descrita. Bishop fue culpado de no coordinar lo suficiente con Castro durante su reciente estancia en La Habana. En la noche del 13 al 14 de octubre, Bishop fue puesto bajo arresto domiciliario; a partir de ese momento, los acontecimientos se precipitaron. El personal de la embajada granadina en Cuba fue parte central de la confabulación contra Bishop. El 15 de octubre, Cornwall, su embajador y también mayor de las fuerzas armadas, dio lectura a una declaración de Radio Free Granada donde se acusaba a Bishop de haber rehusado poner en práctica importantes decisiones. También se anunció el arresto de tres ministros, al igual que el apresamiento de Kendrix Radix, ministro de justicia, a quien se imputó el organizar una demostración en favor de Bishop.

   El embajador cubano Rizo, compareció tempestivamente en una convención de La Nueva Joya para manifestar que Cuba había asumido una posición equidistante a las dos facciones. En epístola fechada ese mismo día dirigida a la cúpula de La Nueva Joya, el propio Castro avala nuevamente a Bishop. Simultáneamente un puñado de marxistas de varias islas caribeñas arriba a Granada para mediar ante los dos bandos. Entre ellos figuraba el activista trinitario Michael Als.

   El 17 de octubre, Seaga, el premier jamaicano, afirmó que el gobierno de Castro se movía detrás de la crisis desatada en Granada por intermedio de Coard. Por otra parte, el diario trinitario The Guardian, coincide en designar a Castro como el causante directo de la crisis contra Bishop. El 18 de octubre se desencadenó una huelga general; para el mediodía, cinco miembros del gabinete, incluyendo al canciller Whiteman, renuncian a sus cargos15.

   Al amanecer siguiente tuvo lugar la sangrienta convulsión final: se clausura  el aeropuerto de Granada y las estaciones de radio; se cierran los comercios a la vez que se efectuaban manifestaciones públicas. Las líneas telefónicas al extranjero fueron desconectadas y se encarceló a Louison, ministro de agricultura. Horas después, se movilizaron todos los simpatizantes de Bishop en la Isla entera, que para el mediodía llegaban a 10 000, incluyendo a las organizaciones estudiantiles. Dos horas antes de que Bishop fuese liberado de su cautiverio domiciliario, una multitud conducida por Whiteman y Vincent Noel inundó la explanada y los patios del Fuerte Ruppert para sacar de su reclusión a Radix. Una vez en la calle, y rodeado de sus seguidores, Bishop se encaminará hacia la fortaleza, donde ha de preparar una locución a la nación.

   Ante las exigencias de la facción de Bishop, los contingentes cubanos en la Isla recibieron instrucciones precisas de La Habana de mantenerse al margen. No obstante, tropas leales a Austin apoyadas por tres carros blindados soviéticos atacaron la amurallada acrópolis de Ruppert. De inmediato cunde el pánico y se desata la matanza. Bishop, Creft, Whiteman, Fitzroy Bain y Norris Bain fueron separados de la multitud, que es disuelta a tiros. Las ejecuciones comenzaron de inmediato; no se salvará ni Creft, que además de ser asistente de Bishop era su amante y se encontraba en estado de gestación. Bishop será degollado por órdenes de Coard.

   Se conformó un Consejo Militar Revolucionario regido por el capo del ejército, general Austin. Este Consejo dispone el toque de queda, decretando el fusilamiento en el sitio de detención a quien lo violase, y rápidamente prohíbe la salida de los estudiantes norteamericanos que son puestos bajo vigilancia.

   El 20 de octubre, luego de sostener un consejo ministerial de emergencia, el premier de Barbados, Tom Adams, confesará su horror ante la brutalidad de los homicidios. Jamaica rompe relaciones diplomáticas con Granada casi inmediatamente. Sir John Compton, primer ministro de Santa Lucía, afirmó que el nuevo régimen quería establecer el comunismo en todo el Caribe; y la premier de Dominica, Eugenia Charles, calificará de ilegal al régimen de Granada16.

   El mandatario de Montserrat, John Osborne, gestionó una reunión de emergencia de todos los países caribeños para evaluar el futuro de la región. Los gobiernos de Saint Kitts y Nevis, y de Trinidad-Tobago comentaron su desasosiego. El CARICOM y la Conferencia de Iglesias del Caribe también suspendieron de inmediato sus relaciones diplomáticas con Granada. El 21 de octubre, los países del CARICOM resuelven que si Estados Unidos les respaldaba, intervendrían militarmente en Granada17. La acción tenía cobertura legal bajo un pacto de seguridad colectiva existente para la zona. No puede abrigarse duda de que cuando los gobiernos del Caribe oriental exigen la intervención de Estados Unidos en la situación de Granada, estaba en juego la supervivencia futura de todos ellos.

   El 23 de octubre, la radio de Martinica reportó divisiones en el ejército de Granada indicando la eventualidad de otro golpe de estado. Se anunciaron considerables desórdenes, saqueos y violentos tiroteos. La "élite" cubana se planteó de inmediato dos opciones ante el desembarco conjunto de Estados Unidos y sus aliados caribeños: el acelerado envío de refuerzos bélicos para sostener tanto las posiciones militares como al nuevo régimen granadino de Austin, o retirar silenciosamente el contingente cubano de esa Isla. Pero, ambas probabilidades resultarían comprometedoras para Castro. 

   La primera presentó su talón de Aquiles cuando la URSS se negó a encarar la logística de tal operación y las implicaciones de una confrontación en una comarca que no les era vital. Castro tendría que vérselas sólo con una formidable armada norteamericana que le cerraba el paso. La segunda posibilidad, dada por el propio Castro, resultó en la inmolación de los internacionalistas cubanos en Granada, como símbolo víctima de la agresión imperial norteamericana.

   Raúl Castro y Carlos Rafael partieron velozmente para Moscú; allí se analizó, con la jerarquía del Kremlin, el curso de los eventos granadinos y los imponderables a desenredar por Cuba. Poco después, el coronel Pedro Tortoló arribó a Granada y asumió el mando de las fuerzas cubanas en la Isla secundado por los coroneles José L. Márquez, Wilfredo Saborit y Glauderis Toirac. Un navío de guerra cubano, con pertrecho y soldados, se acercó de inmediato a la Isla.

   El 24 de octubre, Tom Adams, mandatario de Barbados le afirmaba al embajador de Washington, Milán Bish, que había recibido una comunicación confidencial de Paul Scoon, gobernador general de Granada, donde éste solicitaba la acción de la Organización de Estados del Caribe Oriental para restablecer el orden. Estados Unidos desembarcó en Granada el 25 de octubre en unión de Barbados, Jamaica, Dominica, Antigua, San Vicente y Santa Lucía.


   Las baterías antiaéreas en el aeródromo de Punta Salinas estaban en manos de los cubanos; según era de esperarse, abrieron fuego contra los paracaidistas norteamericanos. El comando norteamericano se abalanzó contra los atrincheramientos y luego de varias horas de refriega arrolló las posiciones haciendo prisioneros a más de 600 cubanos. El contingente cubano en Granada se rindió en masa tras las primeras escaramuzas; con gran prisa, sus jefes buscaron refugio en la embajada soviética, como lo hizo el coronel Tortoló. Lo mismo harían los libios, los norcoreanos y los búlgaros. Los numerosos asesores soviéticos se entregaron al mando norteamericano desde el primer instante.

   De nada servirían las instrucciones del propio Castro de no rendirse bajo ninguna circunstancia. El arsenal capturado a los cubanos en Granada fue imponente. Con Granada se produjo, en la década de los ochenta, el primer caso de reversibilidad de un régimen marxista. El desgajamiento de esta Isla, de la esfera de influencia de Castro acaeció en un flanco inesperado y, por consiguiente, derrumbaba todo su andamiaje en el Caribe.

   Castro no tuvo más remedio que aceptar su incapacidad para apoyar logísticamente a Granada, contrariando así las anteriores posiciones y dejando entrever que en caso de una invasión norteamericana de Nicaragua, la junta sandinista quedaría a su suerte. Más inquietante aún resultaría la negativa del soviético Yuri Andropov a exponerse por un aliado en el Caribe, hecho que repercutiría directamente en la alianza La Habana-Moscú. Esa realidad inició una crisis dentro de las estructuras de poder en Cuba que trajo en consecuencia intensas purgas. Este endurecimiento interno en Cuba tuvo una contraparte: un nuevo esfuerzo de Castro por conseguir una "entente" económica con los Estados Unidos. La Habana iniciará una ofensiva internacional donde se presentará la imagen de su gobernante como un estadista inofensivo y conciliador.

   El régimen cubano organizó apresuradamente toda una campaña para amortiguar los efectos psicológicos de la derrota granadina. El ejército obtuvo, como expresó Raúl Castro repetidamente al diario Granma, mayores recursos para estructurar la defensa nacional, a costa de afectar el nivel de consumo y de vida de la población. La propaganda reiteraba la grandeza de Castro y apuntaba la posibilidad cubana de vencer al ejército norteamericano en cualquier confrontación. En realidad, con Andropov en el Kremlin, el horizonte de Castro no presentaba las anteriores posibilidades. La crisis económica cubana ya era irreversible, y a los descalabros en Granada y Surinam le seguirían en el porvenir los de Centroamérica y Angola.

   La acción norteamericana en Granada, su asistencia a la Contra en Nicaragua, el reforzamiento del ejército de El Salvador, así como su alineamiento con la UNITA de Savimbi, fueron los multiplicadores que pudieron atajar el gran diseño de Castro. Se aproximaba la estación de bancarrota en la que desembocará Cuba de forma concluyente, al desarrollarse los cambios que liquidaron al comunismo en la Europa Oriental y en la propia Unión Soviética