CAPITULO 26.
LA RED AVISPA EN ESTADOS UNIDOS
NUESTROS HOMBRES EN MIAMI
La extensión del espionaje cubano
contra Estados Unidos fue puesta en la arena pública cuando el FBI
desmanteló una red de inteligencia cubana cuyas ramificaciones y
consecuencias en las instituciones oficiales de Washington aún continúan
infiriéndose. A pesar de la actitud ambivalente de la administración de Bill
Clinton hacia Fidel Castro, para Cuba la Guerra Fría no se “descongeló” y
sus operativos de inteligencia continuaron laborando en el objetivo de
penetrar profundamente las estructuras estadounidenses, como si nada hubiese
pasado en el planeta. Los siguientes detalles de las operaciones cubanas
descubiertas por los oficiales de contra-inteligencia del FBI a fines de la
década 1990 actualizan y desenmascaran la intensidad de esta Guerra Fría
regional y muestran la determinación de Fidel Castro de continuarla.
A juzgar por el analista cubano Ernesto F. Betancourt, “el
14 de septiembre de 1998, el agente especial del FBI, Raúl Fernández, se
personó en las cortes de Miami para presentar ante la jueza distrital Joan
Lenard una acusación que dio como resultado uno de los casos más originales
de espionaje1. El FBI, tras una prolongada investigación, arrestó
a diez individuos en Florida por llevar a cabo labores de espionaje contra
los Estados Unidos a nombre de Cuba. El servicio de investigación criminal
de la marina de Estados Unidos (NCIS) formó parte a su vez de las pesquisas.
El descubrimiento de la Red Avispa ayudó a enfocar la atención en lo extenso
del espionaje cubano contra Estados Unidos.
La Red Avispa, integrada por
16 agentes cubanos, tenía como cometido espiar a agencias oficiales
norteamericanas e infiltrar importantes instalaciones militares de los
Estados Unidos, como el Comando Sur (SOUTHCOM) y el Comando Central (CENTCOM)
en Tampa, responsable de las actividades militares en el Cercano Oriente y
en el sur y dentro de Asia. (El jefe del CENTCOM, general Tommy Franks,
encabeza las operaciones militares contra los terroristas en Afganistán y en
las áreas vecinas.) Asimismo, debían introducirse en los grupos anti-castristas
en el sur de la Florida, y manipular sus actividades. Al desarticularse la
red por el FBI, sus miembros fueron acusados de actuar conscientemente como
agentes de Cuba, y de conspirar para apropiarse de información de la defensa
y seguridad nacional. De los 16 miembros de la Red Avispa identificados,
ocho han sido condenados o se declararon culpables, cuatro escaparon hacia
Cuba y el resto comenzó a ser juzgado2.
La escuadra de contra-inteligencia externa del FBI, que investiga las
operaciones de inteligencia foráneas, llevó a cabo desde 1995 la vigilia y
el escrutinio directo de los movimientos, teléfonos y residencias de los
espías cubanos mediante el uso de la “técnica”. Asimismo registraron de
forma secreta sus viviendas, monitoreando sus teléfonos de manera permanente3.
Como resultado de toda esta actividad de control se descubrió una vasta red
que operaba en concierto con otros agentes clandestinos del gobierno de
Cuba.
Se detectó que estos agentes ilegales se comunicaban directamente con el
gobierno de Cuba notificándole sus actividades, y recibiendo instrucciones
para cumplir misiones especiales que luego el “centro” en Florida las
asignaba a otros sub-agentes. El FBI descubrió amplias evidencias de
ilegalidad en el contenido de tales despachos desde, y hacia, Cuba
incluyendo datos almacenados en disquetes de computadoras que se preservaban
en las viviendas de los tres dirigentes superiores de la red4.
En su acusación criminal contra la Red Avispa, el FBI acotaba que “el grupo
compilaba y reportaba información de inteligencia concerniente, entre otras
cosas, a las actividades políticas de las organizaciones anti-castristas,
instalaciones de defensa, funciones del gobierno -incluyendo intentos de
penetración a bases militares norteamericanas-; participación encubierta en
organizaciones anti-castristas, e intentos de manipulación de instituciones
políticas y entidades gubernamentales de Estados Unidos a través de la
desinformación y la supuesta colaboración”5.
Será el propio Castro quien en una entrevista pública,
tratando de negar el envolvimiento directo de Cuba en el espionaje contra
las bases militares norteamericanas, de forma oblicua confirmó los planes
operativos de la Red Avispa: “Si acaso pudiera interesarnos algo con
relación a algunas instalaciones de Estados Unidos próximas a Cuba, serían
los movimientos de tropas...” “los movimientos de tropas y unidades
importantes se pueden obtener perfectamente por medios radio-electrónicos”.
“Sí nos podía interesar cuántas tropas se acumulaban en la Florida para la
invasión y cuántos barcos, y dónde podían estar las unidades fundamentales
que se emplearían contra nuestro país por mar, por aire”6.
La Red Avispa recibía el sostén financiero de Cuba y trabajaba directamente
para la Dirección General de Inteligencia del Ministerio del Interior,
aunque a todas luces era una operación compartida con la inteligencia
militar de las Fuerzas Armadas de Cuba. Las comunicaciones entre los
miembros del grupo hacían referencia al Departamento de Información de
Inteligencia, citaban como Centro Principal al Ministerio del
Interior, y aludían a la DAAFAR a la Dirección de las Fuerzas Aéreas
cubana. Por su parte, a la CIA y al FBI los identificaban como Servicios
Especiales Enemigos7.
LOS OPERATIVOS
El FBI concluyó, sobre las bases de los datos incautados, que el
espía directivo de la Red Avispa era Gerardo Hernández Nordelo (alias Giro o
Giraldo), quien utilizaba la identidad falsa de Manuel Viramontes. Hernández
inspeccionaba la infiltración de sus sub-agentes en los grupos domésticos
anti-Castro en la zona de Miami (con el objetivo de entorpecer y crear
animosidad entre específicas asociaciones y desacreditar a ciertos líderes
de la comunidad cubana). Los componentes del círculo prestaban atención
especial para mantener en secreto sus identidades y las misiones que
realizaban como agentes, estableciendo una táctica muy elaborada para evadir
la detección8.
Cuando Hernández, el cabeza de la cofradía, fue arrestado en
Miami Beach, se identificó como capitán del ejército cubano, que había
estado en este país desde 1992. La observación electrónica sobre Hernández
arrojó numerosas conversaciones referente a las operaciones de inteligencia,
y en su apartamento se encontró un radio de onda corta, computadoras y
numerosos disquetes con información comprometedora, grabadoras y equipos
fotográficos de alta sensibilidad. En los disquetes había literalmente miles
de páginas detallando las conversaciones entre Hernández y el gobierno de
Cuba, así como Hernández y el resto de los oficiales de la Red Avispa.
El segundo en rango era el mayor de la inteligencia cubana,
Ramón Labañino Salazar, nacido en 1963, que utilizaba la identidad falsa de
Luis Medina (alias Alán) obtenida con una licencia de conducción a ese
nombre. Labañino asumía la función de fiscalizar los planes de penetración y
la obtención de información clasificada de las instalaciones militares de
Estados Unidos activas en el sur de la Florida. Entre ellas figuraban el
Comando Sur (caracterizada por la DGI como uno de los objetivos a
priorizar en el área de Miami), la base aeronaval de Boca Chica, en Cayo
Hueso, cuya actividad fue reconocida por la inteligencia cubana como de sumo
interés para el mando de la fuerza aérea cubana. Gerardo Hernández y
Labañino recogían los informes de sus respectivos sub-agentes y les pagaban,
y también les instruían sobre las misiones que demandaba Cuba. Hernández
recibía órdenes de La Habana que luego adjudicaba como planes a los agentes
individuales dentro del teatro de operaciones. Era su responsabilidad
asegurar que las misiones y tareas fuesen cumplidas y reportar el resultado
a La Habana.
Labañino ya había operado en Tampa, en la costa oeste de la
Florida, desde 1992, surtiendo de información a Cuba de todo lo
correspondiente a los movimientos de la base de la fuerza aérea McDill.
Labañino fue destinado a Miami en 1996, con la encomienda de introducirse en
el Comando Sur. Su domicilio contenía material similar al de Gerardo
Hernández. En una comunicación procedente de la DGI, a fines de 1996,
Gerardo Hernández fue instruido para organizar en Miami, bajo la dirección
de Labañino, un grupo de sus agentes con vistas a la operación contra el
Comando Sur, sugiriendo a los “camaradas Mario (Joseph Santos), Julia
(Amarilis Silverio), Gabriel y Antonio Guerrero (alias Lorient)”9.
En la información recuperada de la computadora de Labañino, este se refería
a sí mismo como un “agente ilegal”, que es el sinónimo utilizado en
inteligencia para un espía que utiliza una cobertura no oficial. Aunque
Labañino se ausentaba con frecuencia del área de Miami, para consumar otras
labores de espionaje, el FBI lo mantuvo bajo vigilancia durante dos años, en
el curso de los cuales fue filmado en un restaurante de Nueva York, cuando
intercambiaba información con un diplomático cubano destacado en la ONU.
El tercer hombre a bordo era Fernando González, que actuaba
bajo la adulterada identidad de Rubén Campa (alias Vicky), y era el
responsable de fiscalizar y dirigir en la práctica a todos los sub-agentes.
Otro de los proyectos de la Red era la manipulación de los medios masivos y
electrónicos de comunicación y la opinión pública con llamadas telefónicas
anónimas y cartas a los periódicos y a las figuras políticas. Fernando
González fue detectado en julio de 1998 despachando el cumplimiento de las
tareas de espionaje con Gerardo Hernández, entre otras cuestiones el caso de
un agente cubano que había confrontado problemas en Moscú. Los agentes
especiales del FBI relataron la manera en que Fernando González describía al
“grupo ISRI, dentro de la escuela de inteligencia cubana, y el uso de la
sigla M-2 con la cual se identificaba a un país específico.
Antonio Guerrero, ciudadano norteamericano cuya familia
regresó a Cuba cuando éste era niño, era un empleado civil en la base naval
y aérea de Boca Chica, que estaba bajo las órdenes de Labañino, pero que a
la vez reportaba directamente a Gerardo Hernández. El encargo de este
emisario era de tal importancia que el cabecilla de la red, Hernández,, fue
designado por al DGI de ir a Cayo Hueso de ser necesario cada dos semanas
para recoger cualquier pormenor que Guerrero hubiese detectado. Guerrero
debía reportar todo movimiento fuera de lo común conectadas con la capacidad
combativa de esta base militar, como ejercicios, maniobras y otras
actividades.
Guerrero obtuvo referencias pormenorizadas de la actividad
diaria de la base aérea, incluyendo los tipos de aviones de guerra allí
emplazados, su lugar exacto, descripción especificada del interior y
exterior de las edificaciones de la estación aérea que se sospechaba estaban
preparadas para admitir actividades muy secretas. La detección de los
aviones especializados en guerra electrónica que allí se encontraban para
realizar misiones de exploración. Asimismo, la dirección de altos oficiales
militares asignados a la base. En un mensaje de Cuba a Gerardo Hernández, se
le manda a que Antonio Guerrero continuase reuniendo información militar, y
al mismo tiempo fomentara nuevas relaciones personales con militares y
fortaleciera las que ya había cultivado, con el objeto de lograr una mayor
penetración de la base aeronaval10.
Uno de los elementos más intrigantes mencionados por el
agente del FBI Raúl Fernández es precisamente el caso de este espía, Antonio
Guerrero, que le proveyó a Cuba con las direcciones de cientos de personal
militar estacionado en la estación naval y aérea de Boca Chica, indagaciones
que podrían parecer de poco uso para los planes de defensa de Cuba, pero muy
útiles para un ataque comando contra esa instalación”11.
Betancourt cita al reputado semanario militar Jane´s Defense, en su
número de 6 de marzo de 1996, donde reporta que desde principios de la
década 1990 Cuba entrenaba comandos en Vietnam, precisamente para este tipo
de plan. Según la publicación: “La estrategia de La Habana tras tales
entrenamientos es atacar las bases de logística de las fuerzas de EEUU. Que
se preparan para invadir a Cuba. El objetivo político es llevar la realidad
de la guerra al pueblo americano”12.
Uno de estos oficiales cubanos de inteligencia detenido, René González
Sehwerert (alias Castor), era un ciudadano norteamericano que se
especializaba en compilar datos que se enviaban inmediatamente a Cuba sobre
las particularidades y las actividades de los grupos políticos y
humanitarios anti-Castro, así como las de personalidades de la comunidad
cubana exiliada. René González se ocupaba de reportar todo lo que pudiese
sobre Hermanos al Rescate, Movimiento Democracia, Militares y Profesionales
por la Democracia, Comando Unidos para la Liberación, Partido Unido Nacional
Democrático (PUND), Comisión Nacional Cubana y la Asociación de Pilotos
Cubano Americana.
René González era también informante del FBI, con la
supuesta misión de suministrar detalles del narcotráfico, aunque en realidad
constituía un medio de desviar la atención de la contra-inteligencia
norteamericana sobre sus verdaderas operaciones, obtener información de las
actividades del FBI, sus agentes y el progreso de ciertas investigaciones de
interés para Cuba. Mensajes decodificados enviados por la Red Avispa a La
Habana, se refieren a las actividades de los grupos cubanos exiliados, que
luego La Habana los transfería al FBI sin aparentes resultados. En un
mensaje de Cuba a Hernández, descubierto por el FBI, la inteligencia cubana
sugería que una de las miras de la supuesta cooperación con el FBI era
mantener un canal para utilizarlo “en caso de interés para nosotros en una
emergencia, para precipitar una acción del gobierno norteamericano contra
los grupos cubanos exiliados”13.
En 1997, el jefe de la red, Gerardo Hernández notificó a
Cuba que Jorge Más Canosa, presidente de la Fundación Nacional Cubano
Americana (FNCA) tenía un cáncer terminal. La información le fue
proporcionada a Hernández por René González, quien a la sazón estaba
infiltrado en el Movimiento Democracia después de haberlo hecho en Hermanos
al Rescate. Según revelaciones de El Nuevo Herald, tras la muerte de
Más Canosa, la DGI desarrolló un operativo de desinformación para
desacreditar esta organización y profundizar las divisiones entre sus
figuras principales, mediante la distribución de un volante confeccionado
por uno de los espías de la Red Avispa. En un informe recibido por Hernández
del “Centro Principal” de La Habana se lee lo siguiente: “como sigue, estoy
enviando un nuevo pedido del Departamento M-IX. Esta actividad corresponde a
una operación, “Finado”, y en ella se incluye una tarea llamada “correo”14.
El suelto, supuestamente enviado por uno de sus directores,
proponía que no se votase por Jorge Más Santos puesto que “a él no le
interesa la política, su madre no quiere que asuma el liderazgo de la
Fundación, no tiene el carisma de su padre, o no habla bien el español”. El
volante atacaba a los directores Alberto Hernández, Francisco “Pepe”
Hernández, Diego Suárez y Domingo Moreira. El impreso terminaba con la
siguiente arenga: Vota por el Finado. Esta “operación finado” comenzó a
ejecutarse alrededor del 30 de junio de 1998, precisamente para influir en
el próximo congreso de la FNCA, y se envió a un grupo de directores, como
Clara María del Valle, Feliciano Foyo, Roberto Martín Pérez, Emilio Vázquez
y Mel R. Martínez15.
Las investigaciones del FBI concluyeron que Nicolo Hernández (alias Manolo)
y Linda Hernández (alias Judith) eran sub-agentes que reportaban también a
Gerardo Hernández y disfrutaban de alta confianza y responsabilidad. Este
matrimonio que vivía en New York, fue reubicado en Miami a principios de los
1990, operando bajo la cobertura de un pequeño negocio, propiedad de Nicolo
Hernández, de exportación y venta de periféricos de computadoras e
instrumental médico. Uno de los mensajes de la DGI, se refiere a este
matrimonio como “tenientes” que habían trabajado para el gobierno cubano por
“numerosos años”, ostentando cargos en la reserva militar. También se les
conocía por los “junior” y gozaban de un estatus elevado dentro de la Red
Avispa, al punto de saber las identidades de otros operativos de
inteligencia en Estados Unidos.
Al matrimonio Hernández les fueron asignados proyectos
especiales por la inteligencia cubana, incluyendo la vigilancia de dos
agentes cubanos ante la sospecha de que podían desertar. Entre otras
funciones, a Nicolo Hernández se le situó la tarea de infiltrarse en la
Cámara de Comercio Latinoamericana (CAMACOL), mientras que Linda Hernández
fue encargada de lo mismo en la organización anti-castrista Alpha-66. Ambos
fueron responsabilizados también con investigar las compañías locales de
tele-comunicaciones, y entablar relaciones estrechas con ex empleados de la
marina de guerra norteamericana, y considerar la posibilidad de reclutar
alguno.
Los Hernández se hallaban implicados en un plan que
comprendía la expedición de miles de cartas anónimas, ficticiamente de
cubanos exiliados, de intimidación contra figuras políticas dentro de los
Estados Unidos, incluyendo una esquela supuestamente remitida por una figura
anti-castrista que amenazaba con comprometer políticamente a un Senador. Al
pormenorizar una de tales campañas, la DGI instruía que tenía que ser
realizada por los Hernández debido a sus anteriores experiencias en este
tipo de proyecto, donde habían demostrado que sabían cómo actuar. Asimismo
sugerían que se velase por las medidas de seguridad, como el evitar dejar
huellas digitales en la correspondencia, echarlas en diferentes buzones,
usar los sellos apropiados, evadir ser vistos al depositar las cartas
utilizando camuflajes para no ser reconocidos, y comportarse de manera
habitual.
Joseph Santos (alias Mario) y Amarilis Silverio (alias
Julia) fueron transferidos a Miami con la misión específica de ayudar a
Labañino en la infiltración profunda del Comando Sur. La DGI instruyó a que
Santos y a Amarilis comenzaran a trabajar de inmediato, a partir de las
instrucciones cursadas. Ambos tenían como meta fundamental el espionaje
sobre el Estado Mayor de tal comando. Santos era empleado de una compañía de
alimentos en Miami, cercana al área militar, y ya había efectuado un estudio
preliminar de la situación operativa en el área donde se llevaban a cabo los
proyectos del Comando Sur. Otros documentos revelan que la inteligencia
cubana realizaba un levantamiento cartográfico de las construcciones y
geografía del Comando Sur y sus alrededores16.
El 20 de septiembre del 2001, el matrimonio de Gerardo Gari,
de 41 años, y Marisol Gari, de 42 años, que operaba bajo los nombres
postizos de Luis y Margot, se declaró culpable de ser parte de la “Red
Avispa” de espionaje. Los Gari fueron acusados de trabajar estrechamente con
el agente Fernando González Llort (alias Oscar). Según el agente del FBI
Héctor M. Pesquera ellos “no fueron arrestados hace tres años porque tuvimos
que ser selectivos. Esos arrestos fueron hechos con premura, porque sabíamos
que algunos de ellos habían recibido la orden de regresar a la isla; en el
caso de estos dos, teníamos la convicción de que no escaparían, como vino a
suceder”17.
Gerardo Gari, nació en Brooklyn pero creció en Cuba. Gerardo
Gari fue acusado de intentar infiltrarse en el Comando Sur en Miami, el cual
supervisa las operaciones militares en América Latina y El Caribe, para
recoger información y transmitirla a la inteligencia cubana. Según el fiscal
federal Guy Lewis, Gerardo Gari “era un agente del gobierno cubano muy
calificado que recibió entrenamiento en vigilancia y contra-vigilancia,
fotografía de micro-punto, comunicaciones clandestinas y explosivos”18.
La pareja se trasladó a Estados Unidos en 1990 donde inició sus actividades
de espionaje entre 1991 y 1998. Ambos viajarían constantemente a Nueva York
para entregar información a los jefes del espionaje cubano y recoger dinero.
Gerardo Gari hizo intentos por trabajar en la base de la
fuerza aérea MacDill, en Tampa. A Marisol Gari, cubana de nacimiento, se le
inculparía de aprovechar su empleo federal en el Servicio Postal de Estados
Unidos en el aeropuerto internacional de Miami para interceptar las cartas
recibidas o enviadas de aquellos cubano-americanos blanco del espionaje
cubano en territorio norteamericano. Los Gari acopiaron información de
miembros de la FNCA y estuvieron involucrados en una operación titulada
“Neblina”, enfilada a reunir toda la información de inteligencia posible,
que pudiese comprometer el prestigio del director de la FNCA Roberto Martín
Pérez. A tales efectos, lograron introducirse en los mecanismos de seguridad
en el domicilio y oficina de Martín Pérez.
Las autoridades advirtieron que después del arresto de los
10 integrantes de la red, Gerardo y Marisol Gari suspendieron de inmediato
sus actividades de espionaje, y en el 2000 se trasladaron al área de
Orlando. Allí Gerardo Gari trabajó durante un tiempo para la empresa
aeronáutica Lockheed-Martin como probador de equipos19. La
acusación principal contra ellos fue la de espiar en el Comando Sur por
medio de un agente plantado, llamado “Gabriel”20.
LAS TÉCNICAS DE ESPIONAJE
El FBI detectó la Red Avispa en el año 1996 y monitoreó sus
actividades hasta su arresto el 12 de septiembre de 1998, cuando se procedió
a la detención de 10 sus miembros y la expulsión de dos diplomáticos de la
Sección de Intereses de Cuba en los Estados Unidos. Uno de ellos el primer
secretario Eduardo Martínez Borbonet, por haber realizado actividades de
espionaje conjuntamente con la Red Avispa. En el curso de la investigación
se conoció que estos oficiales de inteligencia de la red estaban entrenados
en medidas de contra-vigilancia para evadir la detección en sus reuniones.
El gobierno cubano utilizaría sus oficinas en la ONU en Nueva York, y en la
Sección de Intereses en Washington para fiscalizar y dirigir estas y otras
operaciones de espionaje en el territorio de los Estados Unidos.
Los agentes se valían de identidades falsas, asumiendo
el nombre, fecha de nacimiento y número de seguridad social de individuos
fallecidos; lo que implicaba la existencia de colaboradores dentro de la
estructura burocrática norteamericana. Se obtuvo evidencia de que Gerardo
Hernández y sus colegas, aparte de las falsas identidades que utilizaban,
disponían de planes para escapar de los Estados Unidos en caso de ser
descubiertos.
El semanario New Times,
de Miami, dijo que el FBI decodificó mensajes cubanos de transmisiones de
números entre 1995 y 1998, luego de que penetró subrepticiamente en las
casas de los agentes de la Red Avispa, y se copiaron libros de códigos.
Entre los mensajes figuraban algunos como: “prioricen y continúen amistad
con Joe y Dennis (personal de una base aérea)” u otros como “inicien
infiltración de personal”, supuestamente en los equipos de los legisladores
Lincoln Díaz Balart e Ileana Ros-Lehtinen21.
Según un testimonio de la corte, Cuba robó las credenciales
de dos individuos del sur de la Florida, para proporcionar identidades
dobles a dos de sus espías. La falsificación ocurrió luego de que ambos
individuos sometieron sus documentos al gobierno cubano con el fin de
obtener visas para entrar en Cuba. Así se duplicaron los pasaportes y las
licencias de conducción de Osvaldo Reina, un chofer de camión del condado de
Broward, y Daniel Cabrera un empleado de mantenimiento en West Palm Beach.
Tales réplicas fueron asignadas a Gerardo Hernández, el jefe de la red, y
Fernando González Llort, uno de sus subalternos22.
Las comunicaciones entre Cuba
y sus agentes fueron dilucidadas sólo después de que el FBI interpretó la
escritura secreta de La Habana. Algunos testigos del juicio detallaron
grabaciones telefónicas con conversaciones ultra-rápidas en código de Morse,
y micro-puntos insertos en cartas o mensajes. Dos de los espías detenidos
asumieron nombres de certificados de defunción de niños muertos en
California en la década de 1960. Con esas identidades robadas obtenían todo
lo necesario para moverse de forma legal: licencia de conducción, ficha de
Seguridad Social, tarjetas de crédito.
Según declaraciones de José Cohen, un ex oficial de
inteligencia cubana que desertó a los Estados Unidos en 1994, el más
substancial logro de los Estados Unidos en este caso fue el descifrar los
códigos secretos de Cuba, que posibilitó todas las pruebas del caso. Cohen
piensa que las pruebas estaban en los viejos códigos que los rusos habían
enseñado a los espías cubanos. “Cuba debe estar muy preocupada” aseveró
Cohen “por todo lo que sabemos el FBI puede descifrar las comunicaciones
cubanas con los narcotraficantes. Esto es sólo el comienzo”23.
Los miembros de la red utilizaban lenguaje en clave y
acentos de otros países hispanos cuando conversaban por teléfono entre sí.
La Red sometía un estado financiero rutinario a sus superiores cubanos
puntualizando los gastos incurrido por la “base de operaciones”, y el pago a
los sub-agentes24. Se estima que tales de actividades de
espionaje son subvencionadas por lo que a Cuba proporcionan las operaciones
de drogas supervisadas del Departamento de América. En una ocasión para
facilitar cobertura a sus fuentes financieras en caso de que se expusieran
las mismas, la DGI notificó a Gerardo Hernández que debido al estado
económico del país, la dirección de operaciones se había visto obligada a
reducir el presupuesto de sus agentes en Estados Unidos.
En junio del 2001, el entonces subdirector del Servicio de Inmigración y
Naturalización en Florida, Mariano Faget de 56 años, quien vino a Estados
Unidos como un jovencito, y trabajó por 34 años en el Servicio de
Inmigración, fue encontrado culpable del delito de entregar información
clasificada a los servicios de inteligencia cubanos, y condenado por ello a
cinco años de prisión. Faget tenía acceso a los expedientes secretos de los
desertores cubanos y los que buscaban asilo, incluyendo a ex funcionarios
cubanos que vivían en lugares no revelados públicamente. Como parte de las
responsabilidades de su alto cargo, Faget recibió en el año 2000 información
clasificada sobre un espía cubano que iba a desertar a los Estados Unidos.
Minutos después, Faget telefoneó a un amigo que era un contacto directo con
la inteligencia cubana, al cual le pasó la confidencia. Su proceso obligó al
gobierno de Estados Unidos a expulsar del país a un diplomático cubano que
fungía de contacto con Faget, acusado también de realizar labores de
espionaje en territorio norteamericano.
Otros dos cubanos, Ricardo Villareal (alias Horacio) y
Remigio Luna (alias Remi o Marcelino) también ejercían actividades de
dirección y funciones de inspección sobre grupos de agentes que formaban
parte de esta red de inteligencia cubana. Pero estos dos últimos, también
abandonaron el territorio de los Estados Unidos25. El agente del
FBI Herald Hector Pesquera no quiso revelar cuántas personas habían sido
vinculadas a la denominada Red Avispa. Según Pesquera, Cuba retiró de
Estados Unidos por lo menos cuatro agentes cuando se desmantelaba la red
porque pensaron que el FBI iba a actuar de inmediato contra ellos. Asimismo,
agregó Pesquera que aun existen otros agentes operando en el país pero que
el FBI está al tanto de ellos, vigilando sus actividades ilegales26.
Otros teatros de actividad para los operativos de la DGI en Estados Unidos
incluían la América Central y los países del norte sudamericano, como
Panamá, Colombia, Chile y Venezuela. Pese a lo vasto de tales operaciones de
espionaje, los medios de prensa y comunicación electrónica de Estados Unidos
no se hicieron mucho eco de las mismas.
LOS PILOTOS DE LA MUERTE
René González Sehwerert nació en Chicago en 1956; desde
el siglo pasado su familia había emigrado a Estados Unidos, retornado a Cuba
y emigrado de nuevo en repetidas ocasiones. A la edad de cinco años,
González retornó a Cuba con sus padres entrando en el ejército cuando tuvo
edad militar. En la década 1970 estuvo destacado en Angola sirviendo en la
fuerza aérea. En 1991, González, que era piloto instructor de la fuerza
aérea cubana, fue enviado a formar parte de la Red Avispa con el alias de
Castor. González fingió una huida al robarse un avión y aterrizar en los
Estados Unidos. Luego residiría con su esposa en Miami desde 1996.
René González desarrolló amistad con algunos líderes
del exilio. Se hizo miembro activo del Movimiento Democracia y se unió a la
organización Hermanos al Rescate como piloto voluntario, que era su objetivo
a infiltrar. Allí se transformó en uno de sus pilotos regulares, junto a
otros de los espías Juan Pablo Roque (alias Germán) que también se infiltró
en Hermanos al Rescate.
Por su parte, Roque recibió entrenamiento de piloto en la
Unión Soviética durante la década 1980, y allí se casó con la hija de un
general soviético que luego abandonó cuando se cansó de la vida en Rusia.
En 1992 Roque de 35 años, Mayor de la Fuerza
Aérea de Cuba que había sido entrenado por la inteligencia militar,
supuestamente decidió abandonar el país, y aparentemente nadó a través de la
bahía de Guantánamo hasta alcanzar la base naval norteamericana. Luego de su
traslado a Miami, Roque se infiltró en la organización Hermanos al Rescate.
En Miami Roque contrajo matrimonio el 1 de abril de 1995 con Ana
Margarita Martínez, una secretaria ejecutiva madre de dos hijos, como parte
de su “leyenda” para legitimarse en Estados Unidos. Roque había conocido a
Ana Margarita en un grupo de estudios bíblicos en una iglesia bautista e
inició una intensa conquista, y según los documentos de la corte en una
comunicación secreta a La Habana se refirió a Martínez como la “viuda
casadera”. Una de las razones por la cual Roque, presionado por Cuba,
decidió establecer relaciones con Ana Margarita Martínez se debía a que
“quería independizarse de sus tíos y salir de su casa. El elemento de
discordia en esa casa era su primo Denayf, quien también vivía en la casa.
Denayf era agente del FBI. Una vez que se separó de ellos, cortó el contacto
por completo27. Conforme a criterios de Margarita Martínez “yo
era perfecta para él debido a mi ingenuidad”28. En sus
comunicados a Cuba, Roque se mostraba impaciente con su misión en Miami,
debido a que deseaba reunirse con una amante que había dejado en Cuba29.
Para fortalecer su
“leyenda” Roque escribió un texto autobiográfico en el exilio y se mezcló
con la élite principal de la oposición y sus líderes. Un párrafo del libro
de Martínez-Montané ilustra el método de Roque “Juan Pablo, como quien dice,
se dedicó de pleno a la tarea de meterse a todos en un bolsillo, de ganar su
confianza, adoptar el lenguaje, y caminó airoso sobre la cuerda floja de la
línea dura de la “vieja guardia”, congraciándose hasta con los más
recalcitrantes. Hasta documentó su vida en la Cuba de Castro en un libro,
titulado “Desertor”, y publicado por la poderosa organización de cubanos
exiliados que cabildean en Washington, la Fundación Nacional Cubano
Americana”30.
La versión generalizada por Roque es que supuestamente cayó en
desgracia con el propio Fidel Castro al demostrar solidaridad con la
perestroika. Asimismo, sus hermanos, Alejandro que era el más joven y
Raúl, ambos pilotos de combate habían tratado de escaparse de la isla unos
años atrás, hecho que fue frustrado y que les costó sentencias de cárcel por
“traición”, y esto conllevó a que en lo adelante lo mantuviesen bajo
vigilancia, prohibiéndole volar31.
Asimismo cuanta Margarita que Roque tenía paranoia de
que nadie supiera su dirección y no trataba de conseguir trabajo.
Roque desempeñó varios trabajos normales sólo para encubrir
sus actividades “y aunque no pudo conseguir otro trabajo por varios meses, a
veces llegaba a la casa con dinero en efectivo. En otras ocasiones recibía
otros pagos por dibujar mapas detallados y proveer información militar. Lo
veía dibujando por horas en la elaboración de estos mapas”32.
“Alguien le presentó a
Juan Pablo a José Basulto, el presidente y cofundador, junto con Billy Shuss,
de Hermanos al Rescate. Según Basulto Roque fue el que demostró interés en
un principio a venir a participar en Hermanos al Rescate. Era extraño que
Roque, recién llegado, tratase de ponerse en contacto conmigo. Pero yo lo
acepté. Con la ayuda de Basulto, Roque comenzó a trabajar por su cuenta como
entrenador personal para personas adineradas”33.
En cierta ocasión Roque le confesó a su mujer que era
colaborador del FBI. Roque y René González mantenían un ojo vigilante,
reportando las actividades de esa organización a Cuba y al FBI, el cual
ignoraba que estaba ante dobles agentes34. Las informaciones que
ambos pasaban al FBI tenían como objetivo perjudicar y desacreditar a
Hermanos al Rescate ante las autoridades norteamericanas. Según Margarita,
René González y Juan Pablo Roque muchas veces se hablaban en ruso y ella no
entendía lo que estaban diciendo. Cuanta ella cómo un día, de forma
inesperada, Roque se ausentó durante una semana en la cual no la telefoneó,
sino a través de René González. El obstáculo era que existía un aparato de
identificación de llamadas en el teléfono, el cual hubiese reportado su
localización que, a todas luces tenía que ser la Sección de Intereses de
Cuba en Washington35.
Entre los documentos sometidos por la fiscalía como
evidencia figuraban mensajes secretos por computadora y radio entre los
espías y sus jefes en La Habana, donde se relacionaban los esfuerzos de los
agentes de Castro para sabotear a Hermanos al Rescate y aprovechar la
oportunidad para derribar en pleno vuelo a los pilotos de esa agrupación.
En diciembre de 1995 y enero de 1996, Cuba utilizando
la inteligencia brindada por Roque y González, comenzó a planificar una
operación para derribar los aviones de la organización Hermanos al Rescate.
El jefe de la red Gerardo Hernández le proveyó a La Habana del plan de vuelo
de los aviones de Hermanos al Rescate antes de que fuesen abatidos, y ordenó
a René González y a Juan Pablo Roque de que no volaran misiones en esos días36.
En un mensaje La Habana indicaba que “bajo ninguna circunstancia (agentes)
Germán y Castor deben volar con Hermanos al Rescate u otra organización
entre los días 24, 25, 26 y 27 de febrero de 1996”37. Roque
desapareció el viernes 23 de febrero de 1996. Esa misma tarde, el gobierno
cubano arrestó a 150 disidentes dentro de la isla.
Ese día José Basulto
decidió volar sobre el Estrecho de la Florida en busca de balseros por si
acaso la reciente represión hubiese forzado a escapar. Salieron tres
avionetas del aeropuerto de Opa Locka, luego de registrarse el plan de vuelo
con la Federación de Aviación de Miami, la cual a su vez remitió la
información a Miami. El primer aparato, el Cessna N2506 fue abordado por
Basulto, y los esposos Iriondo; Carlos Costa y Pablo Morales se montaron en
el segundo, mientras Mario De la Peña y Armando Alejandro lo hacían en el
Habana DC38.
Lo que
continuó se halla ampliamente documentado. A las 2:57, en pleno vuelo,
Basulto comunicó a La Habana su posición en aguas internacionales; La
Habana respondió que ese espacio aéreo estaba activado militarmente. De
inmediato despegaron dos MiGs cubanos que se abalanzaron sobre las
avionetas. El gobierno norteamericano había puesto en alerta sus
dispositivos electrónicos sobre el estrecho de la Florida, en especial el
Comando de Defensa Norteamericano (NORAD). En la base aérea de Homestead dos
cazarreactores F-15 se pusieron en alerta ante el despegue de los aviones
cubanos. A las 3:21 los MiGs cubanos derribaron el primer aparato, a las
3:28 el segundo corrió la misma suerte, mientras Basulto, con una maniobra
logró evadir la muerte retornando a Miami, donde expresó que “Estados Unidos
sabía lo que estaba pasando”39.
El criterio de Basulto es
que el plan de Cuba falla al no poder derribar la tercera avioneta y existir
entonces testigos, pues el propósito era utilizar a Roque (ya en Cuba) como
si hubiese desembarcado de una de ellas, para que declarase “arrepentido” en
la televisión que las intenciones de las mismas eran bombardear a La Habana,
versión que sería corroborada en Miami entonces por René González40.
El juicio contra la Red demostró que el derribo de los
aviones no resultó un incidente fortuito, sino una trampa cuidadosamente
planificada para desacreditar y desmantelar una organización de pilotos
cubanos exiliados, Hermanos al Rescate, que se dedicaba a salvar los
náufragos cubanos que intentaban cruzar el Estrecho de la Florida. Tanto los
sistemas de radares norteamericanos como las autoridades de la Organización
de Aviación Civil Internacional (OACI) dictaminaron que ese incidente había
ocurrido en aguas internacionales41. Atendiendo al testimonio de
Jeffrey Richardson, jefe del escuadrón de radares de la base aérea MacDill,
el cual testificó en el juicio de la Red Avispa, los datos de los sistemas
de radares de la fuerza aérea cubana que han sido mostrados
internacionalmente difieren tan dramáticamente de los norteamericanos, que
los datos cubanos tienen que ser fraudulentos42.
Roque apareció tres
días después en la televisión cubana comentando que había retornado a su
patria. Una sorprendida Ana Margarita Martínez contempló en la televisión
cómo Roque le relataba a un periodista que lo único que echaba de menos en
Miami era su Jeep Cherokee”43. Roque fue
ascendido a teniente-coronel del Ministerio del Interior, el 2 de diciembre
de 1996, con un alto cargo en el Aeropuerto Internacional José Martí, en La
Habana. El 7 de mayo de 1999, la Fiscalía General de Estados Unidos presentó
cargos de conspiración para cometer asesinato contra varios de los espías
cubanos, entre ellos in absentia Juan Pablo Roque, alias “Germán”44.
Ana Margarita Martínez estableció demanda contra Juan Pablo
Roque por haber sido inducida fraudulentamente a contraer matrimonio para
establecer una cubierta para su misión clandestina a favor del gobierno
cubano; y contra el gobierno cubano por agravio intencional por el cual Cuba
es responsable de agresión y violación sexual premeditada cometida por Roque
contra su persona, cada vez que ella y Roque sostenían relaciones sexuales.
Una corte de Miami le otorgó a Martínez $27.2 millones de dólares de
compensación a adjudicarse de los fondos financieros cubanos congelados en
bancos norteamericanos, como resultado del embargo comercial. Ella publicó
un libro Estrecho de traición y legalmente anuló su matrimonio con
Roque. Por su parte, los familiares de las víctimas de los aviones
derribados fueron compensados igualmente con $100 millones de tales fondos
congelados45.
EL DESENLACE
La anterior administración norteamericana de Bill Clinton trató de restar
importancia al ángulo del espionaje militar de la Red Avispa, centrando el
caso en el derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate. Pese a los
criterios “no desfavorables” a las intenciones de estos agentes, expresados
por los generales Charles Wilhelm y Edward Atkeson, testigos de la defensa,
el jurado no tomó en serio sus opiniones y votó por condenar a los miembros
de la Red Avispa.
El gobierno de Castro lanzó una enorme campaña nacional e internacional, muy
parecida a la de Elián González, con vistas a presionar a Estados Unidos
sobre el caso de los espías cubanos arrestados. La Habana reclama que sus
agentes nunca tuvieron entre sus objetivos espiar instalaciones militares
estadounidenses y sólo se dedicaban a informar de las actividades de los
grupos exiliados. El arresto de los últimos espías, los esposos Gari, y de
Ana Belén Montes no sólo determinó que La Habana pusiera fin a su campaña de
recabar apoyo internacional, sino que ridiculizó los criterios de ambos
generales, sobre la incapacidad de la inteligencia cubana por penetrar las
bases militares norteamericanas.
Los matrimonios Nicolo Hernández con Linda Hernández, y Joseph
Santos con Amarilis Silverio llegaron a un acuerdo con la Fiscalía y fueron
excluidos del proceso y sancionados en juicios apartes a las penas mínimas
de tres años y medio, elegibles para una rápida liberación, y con el derecho
a formar parte del programa de protección de testigos. Joseph Santos y
Amarilis Silverio fueron utilizados como testigos de la Fiscalía, y sus
testimonios ayudaron a la presentación de cargos contra los otros espías,
por conspirar para asesinar a los pilotos del grupo de exiliados Hermanos al
Rescate. Joseph Santos detalló al jurado el entrenamiento de espía que
recibió en Cuba y su labor de espionaje clandestino sobre el Comando Sur.
Asimismo el matrimonio de Gerardo Gari y Marisol Gari también decidió
cooperar con la Fiscalía y sus deposiciones sirvieron para el encauzamiento
de los principales cabecillas. Junto a Gerardo Hernández, Ramón Labañino y
Antonio Guerrero Rodríguez fueron convictos de conspiración para espiar,
mientras Fernando González y René González enfrentaron cargos menores.
Carlos Cajaraville, un ex agente de la contra-inteligencia
cubana que ahora vive en Miami expresó que “la campaña de Cuba para liberar
a los cinco espías es la manera que tiene el gobierno cubano para enviar un
mensaje a sus espías en el exterior, incluyendo sus 50 operativos que el FBI
sospecha se hallan actuando en los Estados Unidos. El gobierno cubano está
preocupado de sus otros espías y esta es una campaña para expresarles que no
están solos”46.
El jefe de la red, Gerardo Hernández le expresó al
oficial investigador de que el hecho que viviese de forma encubierta no
representaba un peligro a los ciudadanos de este país, sino un esfuerzo para
proteger a su país de los actos terroristas de individuos que operaban
contra Cuba. En su alegato final Gerardo Hernández se incriminó al reconocer
lo siguiente: “es cierto que durante años algunos de los acusados tuvimos en
nuestro poder documentos de identidad falsos, pero su único objetivo era
garantizar nuestra seguridad” -y seguidamente- “los mensajes de alta
frecuencia que escogieron revelar como evidencia son sólo una ínfima parte
de todos los que interceptaron”47. El
principal acusador, Caroline Miller calificó la explicación de Gerardo
Hernández como demasiado conveniente, argumentando que una misión anti
terrorista no era base para una sentencia menor48.
Gerardo Hernández
Nordelo fue sentenciado a dos cadenas perpetuas por conspiración por espiar
y por el cargo de asesinato premeditado en la muerte de 4 pilotos cuyos
aviones civiles fueron derribados por MiG cubanos en el espacio
internacional, en 1996. Ramón Labañino Salazar fue sentenciado a una cadena
perpetua sin derecho a salida por espiar dos bases militares en el estado de
la Florida. René González Sehwerert fue condenado a 15 años de prisión, y
Fernando González Llort a 19 años de prisión49.
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