Universidad de Miami
Seminario sobre la transición en Cuba
Dirksen Senate Office Building (SD 628)
Washington, D.C.
Jueves, 17 de octubre de 2002
Palabras de Apertura
Honorable Ileana Ros-Lehtinen, Profesor Jaime Suchlicki, ponentes y
participantes en este seminario de planificación para transición de Cuba:
Es un gran honor para mi, un exiliado cubano e hijo de exiliados cubanos,
hablarles a ustedes como Sub-Administrador de la Agencia de los Estados
Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID).
En este significativo seminario de tanta importancia para el Proyecto de
Transición de Cuba de la Universidad de Miami, deseo proponer maneras en las
que todos podamos trabajar juntos como estadounidenses para apoyar al
Presidente George Bush, al Secretario de Estado Colin Powell, al Sub-Secretario
Otto Reich, al Administrador de USAID Andrew Natsios y al resto del equipo
estadounidense encargados de ayudar a planificar una transición pacífica
hacia la democracia en Cuba.
No existe sustituto alguno para el liderazgo norteamericano en la
promoción de derechos humanos y prosperidad económica por todo el hemisferio
occidental. No existe sustituto alguno para el liderazgo norteamericano en
la denuncia de los continuos abusos de derechos humanos en la represión del
régimen de Castro en Cuba.
A pesar de una campaña de propaganda por parte del gobierno de Cuba,
Fidel Castro ni su régimen se ha suavizado ni mucho menos es amigo de los
Estados Unidos. Como declaró el Presidente Bush en su discurso al pueblo
norteamericano el día 20 de mayo de este año, "La plena normalización de
relaciones con Cuba-reconocimiento diplomático, comercio abierto y un
robusto programa de ayuda-sólo será posible cuando Cuba tenga un nuevo
gobierno que sea plenamente democrático, cuando se respete el estado de
derecho y cuando se protejan íntegramente los derechos humanos de todos los
cubanos". No se equivoquen; el compromiso del Presidente para con una Cuba
libre es inequívoco.
Nos toca a nosotros, como norteamericanos a favor de una Cuba libre,
dirigir y continuar enfocando la atención del mundo sobre la fracasada y
represiva dictadura de cuarenta y tres años de Fidel Castro. El pueblo
cubano ha sufrido bastante. Basta con cuarenta y tres años de tiranía
totalitaria y planificación central. Ahora es el momento para que todos
nosotros y todos los hombres y mujeres libres en todas partes redoblemos
nuestros esfuerzos solidarios con las fuerzas democráticas pacíficas en esa
isla presa.
Ahora es el momento de aumentar la presión internacional sobre el régimen
de Castro, no para disminuirla. Si Castro es sincero en su anhelo de respeto
internacional, él tiene que ganarse ese respeto. Tiene que dejar de
encarcelar a periodistas y a activistas cubanos pacíficos; dejar de tolerar
el turismo sexual; dejar de promover el apartheid turístico; dejar de
discriminar contra el ejercicio de la religión; renunciar a la censura;
acabar con su embargo de información interna; dejar de mendigar por créditos
internacionales y otras limosnas; y permitir que otros lleven adelante una
verdadera transición hacia la democracia en Cuba.
A aquéllos que abogan por suavizar o eliminar las sanciones de Estados
Unidos contra el régimen de Castro, el Presidente Bush y nosotros, que
servimos en su administración, les decimos: primero, que el régimen de
Castro ponga en libertad a todos los presos políticos cubanos. Que el
régimen de Castro cese de negar la libertad de religión. Que el régimen de
Castro levante las restricciones sobre una prensa libre. Que el régimen de
Castro permita una reforma constitucional, y una transición hacia la
democracia, con pleno respeto para los derechos humanos.
Sin embargo, si el régimen de Castro continúa con la represión; continúa
con su rechazo a la reforma; continúa con su rechazo a respetar los derechos
humanos fundamentales; continúa prohibiéndole al Comité Internacional de la
Cruz Roja que inspeccione las cárceles; y continúa con sus experimentos
económicos fracasados, entonces debemos acelerar e intensificar nuestros
esfuerzos para comunicarnos directamente con el pueblo cubano y con la
naciente sociedad civil independiente que se convertirá en el núcleo vital
alrededor del cual se efectuará la transición democrática de Cuba.
La Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID)
se enorgullece del programa de USAID para Cuba y de auspiciar el histórico
Proyecto de Transición de Cuba de la Universidad de Miami. Este proyecto
constituye una parte vital de nuestros esfuerzos para promover una
transición rápida y pacífica hacia la democracia en Cuba y en preparación
para la ayuda a un futuro gobierno de transición en la Isla.
En enero de este año, a nombre de USAID, le otorgué un cheque por
US$1.045.000 a la Universidad de Miami para iniciar este programa. Quiero
felicitar al Profesor Jaime Suchlicki y a sus colegas por la enorme labor
que han realizado durante los últimos nueve meses en el desarrollo de las
bases de datos, en el encargo y ejecución de las ponencias y en la
organización de los seminarios que hacen que este proyecto sea tan valioso.
También debo agradecerles a la Congresista Ileana Ros-Lehtinen y al
Congresista Lincoln Díaz-Balart por sus esfuerzos incansables en la
promoción de este novedoso proyecto.
Todos anticipamos el día, en un futuro no muy lejano, que un gobierno de
transición cubano ayude a Cuba a recuperar su legítimo lugar entre las
naciones libres y prósperas.
Como ustedes saben, Estados Unidos sólo reconocerá a un gobierno de
transición en Cuba que satisfaga la definición contenida en la legislación
estadounidense al respecto, específicamente la Sección 205 de la ley Cuban
Liberty and Democratic Solidarity (Libertad) Act of 1996
Bajo esa definición, un gobierno de transición cubano es un gobierno que,
entre otras cosas:
- haya legalizado toda actividad política;
- haya puesto en libertad a todo preso político y permita la inspección
de cárceles cubanas por las organizaciones apropiadas de derechos humanos
internacionales;
- se haya comprometido públicamente a organizar elecciones libres y
equitativas para la formación de un nuevo gobierno;
- se haya comprometido a respetar los derechos humanos y las libertades
básicas internacionalmente reconocidas y expuestas en la Declaración
Universal de Derechos Humanos, de la cual Cuba es nación signataria;
- y que no incluya ni a Fidel ni a Raúl Castro.
Una vez que se cumplan estas condiciones, Estados Unidos estará dispuesto
a comprometerse con Cuba y a alistar los esfuerzos de otros amigos de la
libertad para ofrecerle al gobierno de transición una amplia y coordinada
ayuda técnica y programas de entrenamiento para facilitar la transición a la
democracia.
Estados Unidos está dispuesto a ofrecer al gobierno de transición su
ayuda durante las primeras etapas en las cuestiones básicas de las mayores
preocupaciones del pueblo tales como la estabilidad y la seguridad
alimenticia.
Entre otras cosas, si se solicitan, Estados Unidos enviará inmediatamente
a Cuba grupos humanitarios para ayudar al gobierno de transición a evaluar
la necesidad de alimentos de urgencia y otra asistencia humanitaria. Estos
grupos recomendarán medidas específicas de acuerdo a su evaluación sobre la
situación en la Isla.
Estados Unidos alentará a un gobierno de transición cubano a cooperar con
organizaciones no gubernamentales estadounidenses e internacionales, con la
Cruz Roja y con agencias de la ONU. Estos grupos deben formar su propia
entidad de coordinación para alentar a los ministerios de varios gobiernos a
fin de que trabajen al unísono en su labor humanitaria.
Si se nos lo solicita, proveeremos ayuda para la planificación de
elecciones multipartidistas libres y equitativas y para emprender el proceso
de restauración de un gobierno democrático en Cuba.
Como ha indicado el Profesor Jorge Domínguez, el cambio constitucional es
necesario en Cuba. El mero cambio constitucional, sin embargo, no es
suficiente para restaurar un gobierno democrático. El pueblo de Cuba también
exigirá un gobierno responsable, un gobierno que funcione dentro de un
estado de derecho, con un poder judicial que proteja los derechos de cada
individuo, salvaguarde la propiedad privada y haga cumplir los contratos
legales. Estados Unidos apoyará a un gobierno de transición que busque
realizar esa visión.
Una vez que la democracia se haya restaurado en Cuba, Estados Unidos
responderá inmediatamente a solicitudes de ayuda para asegurar la red de la
seguridad social. Un gobierno de transición y un gobierno elegido
democráticamente en Cuba enfrentarán graves desafíos para mantener los
servicios sociales. Estados Unidos puede ayudar al gobierno a ampliar y a
mejorar los servicios de una manera continuada para que sean financieramente
solventes.
Para asegurar la red de seguridad social, Cuba requerirá de reformas
fundamentales en materia de salud pública, educación y pensiones del seguro
social. El país necesitará préstamos para la construcción de viviendas, y el
sector privado puede y tiene que desempeñar un papel central en todas estas
actividades.
Como ha escrito el Profesor Carmelo Mesa-Lago, las instituciones básicas
del mercado libre-posesión de propiedad privada, gobernación corporativa,
mercados de capital, moneda convertible y comercio internacional-son
transferibles a Cuba. Éstos son instrumentos enormemente poderosos para el
desarrollo económico.
Estados Unidos está dispuesto a cooperar con las instituciones
financieras internacionales y con otras democracias para ayudar a un
gobierno de transición cubano a empezar a establecer esas instituciones
básicas; a permitir que los mercados privados funcionen competitivamente y
sin distorsiones; y a garantizar el derecho a la posesión y transferencia de
bienes sin discriminación.
La experiencia proveniente de otras partes de América Latina, de Asia y
de la antigua Unión Soviética demuestra que el desarrollo de pequeñas y
microempresas es esencial para la creación de una economía de crecimiento
continuado que comparta extensamente los beneficios del crecimiento.
Si se le solicita, USAID proveerá asistencia técnica pata ayudar al
gobierno de transición cubano a crear un ambiente propicio para el
desarrollo de pequeñas microempresas cubanas.
Programas de préstamos para microempresas, tan exitosos por toda América
Latina y el resto del mundo, se deben introducir en Cuba. Organizaciones no
gubernamentales y empresas privadas estadounidenses pueden desempeñar un
papel primordial en el desarrollo de instituciones micro-prestamistas en la
isla.
El derrumbe de la economía planificada de Cuba-su sector azucarero, su
producción de alimentos y sus sistemas de distribución-exige la
privatización de empresas estatales, la promoción de inversión extranjera y
la estimulación del talento empresarial cubano.
Bajo el régimen de Castro, el desmantelamiento de empresas estatales ya
ha comenzado con el cierre de más de 70 centrales de propiedad y manejo
estatal. El desplazamiento de miles de trabajadores azucareros y de sus
familias aumentará aún más el desempleo y reducirá el valor real de los
sueldos.
Para éstos y otros trabajadores cubanos, el desarrollo de micro, pequeñas
y medianas empresas puede proporcionar una opción de empleo crucial. Un
sector de micro y pequeños negocios tiene el potencial de redistribuir
ingresos y el poder político de distribución de la riqueza material sobre un
amplio conglomerado de la sociedad. La iniciativa de micro y pequeñas
empresas y el espíritu empresarial también son fuentes importantes de
innovación y cambio tecnológico y constituyen un motor de desarrollo
económico.
Si se le solicita, USAID ayudará al gobierno de transición cubano y al
gobierno sucesor elegido democráticamente en el diseño y en la
implementación de una reforma agraria fundamental para efectuar la
devolución de las tierras agrícolas de Cuba a la propiedad privada y a un
manejo seguro y productivo.
Estados Unidos estimulará al gobierno de transición cubano a empezar
cuanto antes a instalar una estructura jurídica, que garantice a los
mercados privados a funcionar competitivamente. Hay mucho más que podemos
hacer juntos. Los desafíos son grandes. Ya era hora de esforzarnos en
abordarlos. Comencemos ahora a planificar para el día en que un nuevo
gobierno en Cuba se muestre comprometido a emancipar al pueblo cubano para
que éste pueda buscar su propio destino.
Los estudios que se discuten aquí representan un punto de partida vital,
y el Proyecto de Transición de Cuba de la Universidad de Miami puede servir
de base para la Cuba libre del porvenir. Hoy han disertado sobre los papeles
claves que la educación y los valores cívicos deben desempeñar en la
formación de una Cuba democrática. También acerca de la necesidad de
combatir la corrupción y la importancia de establecer el estado de derecho
bajo una constitución democrática.
Esta tarde examinarán la experiencia de transición en Europa del Este con
el fin de hallar lecciones que puedan ayudar a guiar la transición cubana.
Todos éstos son temas de importancia crítica, y es importante que los
analicen en una tribuna abierta. Es aún más esencial que ustedes y nosotros
lleguemos al pueblo cubano y a sus verdaderos representantes-los activistas
de derechos humanos de Cuba-para que ellos tomen parte en estas discusiones.
La transición a la democracia en Cuba comenzará de verdad sólo cuando el
pueblo cubano pueda participar en un diálogo consigo mismo y con el mundo
exterior sobre éstos y otros temas críticos.
Yo quiero felicitarlos a todos por la pasión, la inteligencia y la
creatividad con que han abordado sus objetivos, y por su perspicacia y sus
recomendaciones; y quiero agradecerles a la Universidad de Miami y al equipo
del Dr. Suchlicki por su liderazgo y su dedicación al construir un programa
que siga generando conocimientos y debates acerca de uno de los temas más
trascendentes de nuestra época.
Gracias.
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